Nació y creció en Tierra del Fuego, emigró para formarse como comunicadora social y, con el tiempo, encontró en las aulas y en el mindfulness nuevos caminos para acompañar a otros. Hoy, ya más que instalada nuevamente en la provincia, combina comunicación, educación y una mirada atenta sobre la vida. En noviembre presentará su primer libro en Buenos Aires.
Hay historias que parecen tener distintos caminos, pero que con el tiempo terminan encontrando un mismo sentido. La de Mariela Águila es una de ellas. Fueguina, hija de una familia con profundas raíces en la provincia, se fue de Tierra del Fuego para estudiar Comunicación Social y regresó años después con una formación que le permitió transitar por los medios, las aulas y, más tarde, por un universo que transformaría su manera de mirar la vida: el mindfulness.
Mariela nació en Tierra del Fuego y pertenece a una familia atravesada por la historia de la isla. Sus abuelos paternos y maternos fueron fueguinos, mientras que su madre nació en Porvenir, Chile. Su infancia y adolescencia transcurrieron en la provincia, donde cursó la primaria y la secundaria en el Colegio María Auxiliadora, una institución que no solo marcó su formación, sino que continuó formando parte de su vida adulta.
Años después, volvería a cruzar las puertas de aquel colegio, pero esta vez desde otro lugar: como docente.
En su paso por la columna «Chicos que Crecen», que se transmite por ((La 97)) Radio Fueguina relató que “fue maravilloso poder pisar el patio salesiano como docente, luego de haber sido alumna”, recordó. Ese regreso tuvo además un nombre propio: Daniela Trimaca, su maestra de séptimo grado, fue quien confió en ella y le abrió las puertas de su primer trabajo apenas se recibió.
De Tierra del Fuego a La Plata
Elegir una carrera tampoco fue una decisión inmediata. A comienzos de los 2000, Mariela emprendió el camino que la llevaría a la Universidad Nacional de La Plata, donde estudió la Licenciatura en Comunicación Social con orientación en Periodismo.
La formación estuvo lejos de ser sencilla. Recuerda aquellos años como una etapa de mucha exigencia, lectura y compromiso con su proyecto profesional. De las 32 materias de la carrera, logró promocionar 31, una muestra de la dedicación que puso en aquellos años.
Su experiencia universitaria, además, transcurrió en un mundo de comunicación muy diferente al actual: sin WhatsApp, con cassettes, videocaseteras y una inmediatez que todavía estaba lejos de formar parte de la vida cotidiana.
“Fue mucha exigencia, mucho estudio”, recordó sobre aquel período, en el que debió aprender también a encontrar un equilibrio entre la vida personal y las responsabilidades académicas.
Al regresar a Tierra del Fuego completó la certificación docente en el I.P.E.S «Paulo Freire» y comenzó a transitar nuevamente las aulas. Lo que inicialmente había imaginado como una carrera vinculada exclusivamente a los medios empezó, de a poco, a abrirle una puerta inesperada.

Cuando la comunicación encontró a la educación
Mariela comenzó su formación pensando en trabajar en los medios de comunicación. Y, de hecho, lo hizo.
Durante sus primeros pasos profesionales trabajó junto al periodista Javier Garlatti, a quien recuerda con especial cariño y reconocimiento. Fue él quien confió en ella y la llevó a trabajar en «Tiempo Fueguino», donde realizó tareas de redacción y participó del cierre del diario durante varios meses.
La experiencia fue intensa y enriquecedora. Eran tiempos de mucho movimiento en el diario y de largas jornadas nocturnas, pero también de aprendizaje.
Garlatti falleció posteriormente en un accidente, y Mariela conserva aquella etapa como una parte importante de su recorrido profesional: “Con Javi yo aprendí mucho. Para mí fue una persona que me enseñó muchísimo, que me acompañó mucho, confió en mí”.
También realizó una pasantía en el área de prensa del Municipio mientras estudiaba. Sin embargo, con el paso de los años, la educación comenzó a ganar terreno.
Fue entonces cuando descubrió que aquellas dos áreas que parecían diferentes podían convivir. Mariela encontró en el aula un espacio que terminó amando: enseñar a niños, jóvenes y adultos. Y comprendió que podía unir la comunicación y la educación de una manera que le resultaba especialmente valiosa.
Una nueva manera de mirar la vida
Como ocurre con tantas historias, el camino profesional también estuvo acompañado por momentos difíciles. Mariela atravesó adversidades vinculadas a la salud y, en medio de esas experiencias, conoció el mindfulness.
La práctica, que define como “atención plena”, comenzó a ofrecerle una nueva manera de transitar los días: con mayor serenidad, calma y presencia.
Lejos de guardarse ese aprendizaje para sí misma, comenzó a compartir en redes sociales aquello que le hacía bien. Casi sin proponérselo, fue construyendo una comunidad que con el tiempo creció y continúa creciendo.
Hoy, su propósito está puesto en acompañar especialmente a mujeres para que puedan cultivar “más serenidad, más sonrisas y más salud”.
Ese enfoque también atraviesa su trabajo cotidiano. Aunque continúa vinculada a la comunicación, procura llevar esa filosofía a cada espacio que habita: escuchar con atención, mirar con atención, estar presente y relacionarse desde el respeto.
Y hay una enseñanza que resume buena parte de esa mirada: la importancia de escuchar.
En una época atravesada por la velocidad y la necesidad permanente de responder, Mariela sostiene que muchas veces las personas hablan demasiado y escuchan demasiado poco. Para ella, aprender a escuchar es también una manera de construir vínculos.
“Tenemos dos oídos y una sola boca”, reflexionó durante la entrevista. Y detrás de esa frase sencilla aparece uno de los aprendizajes que hoy intenta transmitir: para construir con otros también es necesario hacer lugar al otro.
Comunicación, educación y un libro que está por llegar
Aunque disfruta de la radio y continúa participando de espacios vinculados a los medios, Mariela no siente que regresar de manera permanente a ese ámbito sea una asignatura pendiente. La comunicación sigue presente en su vida, pero hoy aparece combinada con otras facetas.
“Me gusta mucho la radio, me gusta el mundo de los medios”, reconoció. Actualmente participa de una columna radial y disfruta de esas oportunidades, aunque su camino profesional se encuentra atravesado por la educación y el mindfulness.
Y mientras continúa desarrollando esos proyectos, hay uno particularmente especial que está a punto de concretarse: la publicación de su primer libro.
El lanzamiento será en noviembre, en Buenos Aires, y posteriormente está prevista una presentación en Río Grande. Es, quizás, una nueva estación dentro de un recorrido que comenzó en las aulas salesianas de su infancia, pasó por la Universidad Nacional de La Plata, los medios de comunicación, la docencia y finalmente encontró en la atención plena una herramienta para acompañar a otras personas.
Pero Mariela no habla de su futuro como una lista de metas pendientes. Su mirada parece estar puesta más en el presente que en aquello que todavía falta alcanzar. “Cada día para mí es un aprendizaje, cada día es una oportunidad para seguir aprendiendo y creciendo”, sostiene.
Porque si algo atraviesa su historia es precisamente esa capacidad de volver a empezar, de encontrar nuevos sentidos y de transformar las experiencias difíciles en herramientas para seguir avanzando.
Y quizás por eso, al hablar de su recorrido, no busca presentar una historia perfecta ni un camino sin obstáculos. Al contrario: reconoce que hubo adversidades, desafíos y momentos en los que las cosas no fueron sencillas.
Pero también aprendió a mirar ese recorrido con gratitud.
“Seguramente quedan muchas cosas por hacer y por vivir”, dijo. Y en esa certeza parece estar también la esencia de su historia: seguir aprendiendo, seguir creciendo y, sobre todo, permitirse disfrutar el camino.
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