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Escenario 2027

Provincia Grande irrumpe en el tablero provincial, mirando al futuro

La fuerza conducida por Martín Perez prepara su desembarco electoral en toda Tierra del Fuego, respaldada en su gestión en Río Grande y con una estrategia de acuerdos que busca ampliar su representación territorial y política.

La decisión de Provincia Grande de competir en todos los estamentos electorales de Tierra del Fuego en 2027 introduce un elemento nuevo en un escenario político que todavía no terminó de ordenar sus piezas.

El espacio liderado por el intendente Martín Perez dejará de presentarse exclusivamente como una expresión nacida y consolidada en Río Grande para intentar convertirse en una alternativa provincial, con candidatos en las tres ciudades, la Legislatura y los concejos deliberantes.

El anuncio tiene importancia, aunque llegue cuando buena parte de la sociedad está mucho más pendiente de la economía, el empleo y las dificultades cotidianas que de las próximas elecciones.

Precisamente por eso, desde Provincia Grande procuran establecer una diferencia entre anticipar una definición política y comenzar una campaña. La intención es poner al espacio sobre la mesa de las conversaciones que inevitablemente atravesarán los próximos meses, mientras la gestión municipal continúa ocupando el centro de la actividad de Perez y su equipo.

No es una distinción menor. Tierra del Fuego atraviesa un período especialmente sensible, con una industria sometida a decisiones nacionales que generan incertidumbre sobre su futuro y con un deterioro económico que condiciona cualquier discusión electoral.

En ese contexto, convertir 2026 en una campaña anticipada difícilmente conectaría con las prioridades sociales. Pero tampoco parece razonable exigirle a la política que llegue a 2027 sin discutir previamente qué proyectos pretenden gobernar la provincia.

De construcción municipal a fuerza provincial

Provincia Grande llega a esa discusión con una ventaja concreta: no necesita inventar desde cero una carta de presentación. Gobierna Río Grande, posee una estructura territorial consolidada en la ciudad más poblada (y más peronista) de Tierra del Fuego y puede exhibir una administración que, aun en un contexto de restricciones, ha procurado sostener servicios públicos, preservar capacidad financiera y mantener políticas municipales mientras disminuyen recursos y aumentan demandas.

También intenta incorporar planificación de largo plazo. El trabajo sobre el ordenamiento territorial de Río Grande, con participación de universidades, organismos científicos, instituciones profesionales y áreas estatales, expresa una concepción que busca anticipar cómo deberán convivir en las próximas décadas la expansión urbana, la industria, la producción, el ambiente y la infraestructura.

Trasladar esa lógica desde una ciudad hacia un programa provincial será, naturalmente, bastante más complejo. Pero constituye un antecedente político y de gestión sobre el cual construir un discurso electoral.

Hay otro activo menos visible: Provincia Grande no aparece atravesada hoy por las disputas internas que desgastan a otras estructuras políticas provinciales. Esa cohesión le permite plantear acuerdos hacia afuera sin tener que resolver simultáneamente fracturas propias. Y allí puede encontrarse una de las claves de su estrategia para 2027.

No sería éste el debut en las urnas del espacio liderado en exclusiva por Martín Perez. Su presentación, en mayo de 2023, le permitió conservar con holgura la Intendencia de Rio Grande y obtener dos bancas en el Concejo Deliberante, capital que a la fecha se amplía con dos bancas aliadas en la Legislatura Provincial.

El segundo reto fuerte vino con las elecciones nacionales de medio término, donde PG se presentó como el eje de una coalición de espacios que se animaron a pelear una banca, en una votación altamente polarizada. No alcanzó por poco para contar con un escaño propio en el Senado, pero el 22 por ciento obtenido en las urnas significó un piso interesante, que despierta buenas sensaciones, de cara al futuro.

El desafío será transformar su fortaleza riograndense en verdadera territorialidad provincial. El norte representa su base natural, mientras Tolhuin ofrece posibilidades concretas de articulación, a favor de una estrecha relacion de concordancia y trabajo conjunto con el intendente Daniel Harrington.

Ushuaia constituye la prueba decisiva. En la capital fueguina es donde se vislumbra la principal debilidad de Provincia Grande, donde no posee una estructura que se compare con la que esgrime en Río Grande. Ese será tal vez el mayor obstáculo -a la vez que el mayor desafío- para la novel fuerza política: lograr alianzas tales que le permitan hacer pie con solvencia en una ciudad donde el localismo se hace sentir con rigor.

Una fuerza con arraigo importante en Río Grande y acuerdos en el centro de la isla puede ser competitiva; una alternativa con capacidad adicional de construir representación consistente en la capital adquiere otra dimensión.

Unidad, alrededor de un programa

La vocación provincial anunciada por Perez tampoco supone necesariamente recorrer ese camino en soledad. Provincia Grande dejó abierta la posibilidad de confluir con sectores políticos, gremiales, sociales, vecinales e independientes alrededor de coincidencias programáticas.

Allí aparece una diferencia relevante entre buscar una alianza exclusivamente electoral y pretender construir un frente con alguna perspectiva posterior de gobierno.

El diagnóstico que circula entre sus principales armadores es que las internas prolongadas y los enfrentamientos permanentes terminan consumiendo a la política, mientras las necesidades sociales quedan relegadas.

La respuesta que propone el espacio pasa por reunir sectores alrededor de un plan definido y determinadas políticas de Estado, tomando como antecedente el método aplicado desde el Municipio de Río Grande.

Esa pretensión deberá superar, sin embargo, una dificultad conocida de la política fueguina: proclamar la unidad resulta bastante más sencillo que acordar candidaturas, prioridades y conducción. Provincia Grande tendrá que demostrar que su convocatoria no consiste solamente en sumar respaldos a una estructura ya cerrada, sino que existe margen efectivo para incorporar otras representaciones.

Su aparición provincial puede producir, aun antes de conocerse las alianzas y candidaturas, un efecto saludable: ampliar una competencia que corría el riesgo de quedar reducida a reacomodamientos entre actores conocidos. Una fuerza nueva en la disputa provincial, respaldada por una gestión concreta y sin conflictos internos evidentes, obliga a los demás espacios a discutir proyectos, resultados y capacidad de gobierno.

Perez también empieza a ocupar así un lugar diferente. Ya no solamente como intendente de Río Grande ni como dirigente con peso dentro del amplio universo peronista, sino como conductor de una construcción propia que pretende sentarse en las negociaciones futuras con identidad, territorio y votos propios.

Falta mucho para 2027 y sería prematuro traducir ese movimiento en candidaturas definitivas. Provincia Grande acaba de hacer algo anterior y políticamente indispensable: anunciar que estará en la disputa. Desde ahora deberá demostrar que aquello que consiguió construir en Río Grande puede convertirse en una propuesta capaz de interpretar también a Tolhuin y Ushuaia. Allí se jugará la verdadera dimensión de su apuesta.

gazeta

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