Germán Núñez ejerce la docencia en educación física desde hace 34 años y su historia está atravesada por las distancias, la formación y una decisión que marcó su vida. Repasa su recorrido en el segmento “Chicos que crecen” del programa “Un gran día”.
Cuando terminó sus estudios secundarios, la opción más cercana para formarse era Viedma. “Hace 34 años que soy profe”, afirma, y recuerda que se recibió como técnico electromecánico en la ENET en 1989, y al año siguiente ya estaba rumbo a la capital rionegrina.
Allí estudió con una sola meta clara, volver lo antes posible. Cada dos o tres meses debía regresar para no abandonar la carrera, con un esfuerzo enorme de sus padres.
“Lo único que quería era volver”, sostiene, y asegura que nunca fue tan feliz como cuando regresó ya recibido.
Núñez no perdió tiempo. Se recibió séptimo de su promoción y en 1994 ya estaba trabajando en Río Grande. Mientras estudiaba, aprovechaba los veranos para trabajar en las colonias y como profesor de básquet en categorías formativas.
Con los años, observó cómo cambió la profesión y la preparación física. “Está cambiando a pasos agigantados”, señala.
Su vínculo con el deporte viene de familia y tiene un origen duro. El padre de Núñez estaba vinculado a un club en Buenos Aires cuando, en plena dictadura, fue secuestrado.
“Lo llevan detenido por estar en un club en la época del proceso”, relata, y cuenta que un policía que jugaba al básquet en ese lugar lo rastreó y lo encontró cuando estaba por desaparecer. Ese hombre, según recuerda, le aconsejó que se fuera lo más lejos posible.
La familia se trasladó entonces a Tierra del Fuego. “Vinimos medio exiliados”, describe, y define ese desembarco como lo mejor que les pudo pasar, porque aquí encontraron libertad.
El padre trajo consigo a su madre, a su hermana y a otros familiares, y hoy sus abuelas están enterradas en la isla.
“No quedó nadie en Buenos Aires”, cierra, como parte de una historia que terminó de escribir el destino de una familia fueguina.
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