Alejandro Pinto reparte correspondencia en Río Grande desde hace unos 15 años, diez de ellos en la empresa en la que trabaja actualmente. En el Día Nacional del Cartero, que se conmemora hoy, el trabajador repasó las particularidades de un oficio que se ejerce a la intemperie y que, en una ciudad como esta, convive con el frío, la nieve y el humor de los vecinos. Lo hizo en el programa “Un gran día”.
Pinto describió que el estado de ánimo condiciona la jornada desde el arranque, sobre todo en días como estos, donde impera la nieve y la escarcha. “Hace falta mucha concentración”, afirmó, y explicó que salir nervioso o malhumorado aumenta las chances de resbalar, aunque la experiencia enseña dónde pisar y cómo zafar de las caídas en los días de hielo.
Sobre los perros, reconoció que la leyenda tiene algo de cierto y que con los carteros existe cierta rivalidad, aunque el vínculo suele resolverse bien.
“Nosotros tratamos de ignorarlos, de llamarlos o de hacer las paces”, contó en ((La 97)) Radio Fueguina, y sumó con ironía que no solo los animales reciben al cartero con desconfianza.
“También hay algunos dueños que salen a ladrarnos”, dijo entre risas, y atribuyó la humorada en función de la clase de correspondencia que hoy predomina lamentablemente.
El trabajo, sostuvo, se ha vuelto más ingrato por el tipo de notificaciones que debe entregar, en un contexto de crisis de las fábricas.
“Hoy estamos repartiendo más malas noticias que buenas”, señaló, aunque aclaró que la mayoría de los destinatarios entiende que el mensajero no tiene responsabilidad en el contenido y que quienes se sorprenden suelen reaccionar con preguntas y no con enojo.
En cuanto al esfuerzo físico, precisó que los recorridos a pie se extienden entre tres y seis horas diarias, según la carga.
Uno de sus compañeros, que mide los pasos con el celular, registró una caminata de 3 o 4 kilómetros en un día tranquilo.
Pinto mencionó además que los trabajadores reciben una capacitación sobre cómo llevar el bolso cruzado para no lastimarse, debido a la carga que tienen que llevar en algunas jornadas.
Pese a las incomodidades, no duda en su elección. “Es un trabajo muy lindo, es a la intemperie, tenés contacto con la gente”, aseguró, y comparó la tarea con el trabajo en fábrica.
“Prefiero mil veces este trabajo que estar 8 horas en una oficina”, afirmó, y consideró que la rutina mecánica del taller resulta más sacrificada que caminar y dispersarse por la ciudad.
Los recorridos se organizan por temporadas para conocer bien cada zona antes de rotar, con la idea de que todos los carteros dominen los distintos sectores y puedan cubrirse ante licencias o enfermedades.
Sobre los nombres de las calles, señaló que los conoce en general, con excepción de los trazados nuevos de Altos de la Estancia, donde las calles se identifican con números y complican la orientación.
Recordó que en la Margen Sur y los asentamientos la tarea era más difícil, porque incluso el propio cartero de la zona solía perderse, aunque hoy la nomenclatura está más ordenada.
Comentarios