La Armada Argentina confirmó que durante este año retirará definitivamente de servicio a los Súper Étendard, los cazabombarderos franceses que quedaron ligados a algunos de los episodios más recordados de la Guerra de Malvinas y que tuvieron a Río Grande como una de sus principales bases de operaciones.
La desprogramación forma parte del Plan Dédalo, un programa de modernización de la Aviación Naval que contempla el reemplazo de sistemas que quedaron obsoletos y la incorporación de nuevas capacidades. El anuncio fue realizado durante una ceremonia en la Base Aeronaval Punta Indio por el comandante de la Aviación Naval, contraalmirante Román Enrique Olivero.
La decisión marca el cierre de una etapa para una aeronave que llegó a la Argentina en 1981 y que, apenas un año después, tuvo un papel central en el conflicto del Atlántico Sur. Los cinco Súper Étendard fueron asignados a la Segunda Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque y, durante la guerra, operaron desde la Base Aeronaval Río Grande “Almirante Hermes Quijada”, desde donde realizaron las misiones que los convertirían en uno de los sistemas de armas más reconocidos de la aviación militar argentina.
El primer gran episodio ocurrió el 4 de mayo de 1982, cuando dos aeronaves despegaron desde Río Grande con destino al área donde había sido localizado un buque británico. Los aviones, piloteados por el capitán de corbeta Augusto Bedacarratz y el teniente de fragata Armando Mayora, realizaron previamente un reabastecimiento en vuelo y se aproximaron a baja altura para evitar ser detectados. Finalmente lanzaron sus misiles AM39 Exocet contra el destructor HMS Sheffield, que resultó hundido.
La operación había requerido un importante trabajo previo para poner en condiciones tanto a los aviones como al sistema de armas. Los pilotos habían recibido entrenamiento en Francia y, tras el inicio del conflicto, técnicos argentinos trabajaron para completar la puesta a punto de los misiles y permitir que el conjunto pudiera ser empleado en combate.
Río Grande volvió a ser el punto de partida de otra de las operaciones más importantes protagonizadas por los Súper Étendard. El 25 de mayo, dos aeronaves atacaron al portacontenedores Atlantic Conveyor con misiles Exocet. El buque terminó incendiado y posteriormente se hundió, provocando además la pérdida de helicópteros y material destinado a las fuerzas británicas.

El tercer empleo de combate se produjo el 30 de mayo, cuando los Súper Étendard participaron, junto con aviones A-4 de la Fuerza Aérea Argentina, de una misión destinada a atacar al portaaviones HMS Invincible. El resultado de aquella operación continúa siendo objeto de debate histórico, pero el ataque quedó registrado como la última misión de combate de los Súper Étendard durante la guerra.
La ubicación de la base fue determinante para estas operaciones. Desde Río Grande, los aviones podían proyectarse sobre el Atlántico Sur y completar el recorrido mediante reabastecimiento en vuelo, una capacidad que permitió extender considerablemente su radio de acción. La importancia estratégica que adquirió el apostadero fue tal que, después del ataque al Sheffield, la base pasó a ser considerada un objetivo militar británico.
Con el paso de las décadas, sin embargo, mantener operativa esta familia de aeronaves se volvió cada vez más complejo. La falta de repuestos, la discontinuación de componentes y el hecho de que Argentina quedara como último usuario del modelo terminaron afectando seriamente su disponibilidad.
En 2018, durante el gobierno de Mauricio Macri, Argentina adquirió a Francia cinco Super Étendard Modernisé (SEM) con la intención de recuperar la capacidad de ataque aeronaval. Sin embargo, esas aeronaves nunca llegaron a operar en el país debido, entre otros factores, a la falta de componentes críticos y a las dificultades para conseguir repuestos.
Ahora, la Armada decidió cerrar definitivamente esa historia. El retiro de los Súper Étendard y de los SEM se inscribe en el Plan Dédalo, que proyecta para los próximos cinco años una reorganización de la Aviación Naval, con renovación de infraestructura, cambios en la distribución de unidades e incorporación de nuevos medios.
Entre las capacidades previstas se encuentran los últimos aviones P-3C Orion destinados a exploración aeromarítima, el reemplazo progresivo de los Beechcraft B-200 por B-360, helicópteros Leonardo AW-109 y vehículos aéreos no tripulados Shield V-BAT para tareas de exploración desde unidades de superficie.
Así, los aviones que hace más de cuatro décadas despegaron desde Río Grande rumbo al Atlántico Sur y protagonizaron ataques que quedaron inscriptos en la historia de Malvinas dejarán oficialmente el servicio activo. Su desprogramación no solo representa el final de una aeronave que llevaba años sin volar: también cierra un capítulo particularmente significativo de la historia de la Aviación Naval y de la propia Base Aeronaval Río Grande.
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