Aquél sábado oscuro y lluvioso estaba llamado a ser el más triste de la historia de Río Grande y el campo fueguino. En un trágico accidente, hace hoy 22 años, perdía la vida el querido cura párroco José Zink, pastor amado y respetado por todos, devenido la figura más importante de los tiempos modernos en la historia fueguina.
La política, que ensalza y olvida con la misma facilidad, ya no encuentra motivos para rendir homenaje periódico a uno de sus próceres, pero sin duda alguna, el Padre Zink permanece en el corazón de su gente que jamás lo olvidará ni dejará de rememorar sus incontables anécdotas de hombre de bien, útil a su sociedad.
José Zink, apodado el Cura Gaucho, nació en Alpachiri, La Pampa, en 1923; se ordenó sacerdote el 23 de noviembre de 1952 y cuatro años después se instaló en la misión de Río Grande, que entonces era un puñado de casas. En 1992, el Municipio (a través del Concejo Deliberante) lo declaró con toda justicia “Ciudadano Ilustre”.
La misión central del cura párroco José Zink fue recorrer las estancias fueguinas para contactarse con fieles “aislados en los obrajeros rurales y que no tienen auto como para ir a misa”, como solía decir.
Entre otras acciones, fue el cura que recibió en Ushuaia a los heridos del crucero General Belgrano. “Había seis que eran los más graves. Estaban entre la vida y la muerte, todos quemados. El capitán me pidió que les diera la bendición”, recordó en un escrito que recoge parte de sus memorias.

Entre viaje y viaje a las estancias para atender a su misión pastoral, el Padre Zink pasaba sus días recorriendo el Colegio Salesiano, oficiando misa o atendiendo en su oficina a quien lo requiriera o pasara meramente a saludarlo, rodeado de sus pasiones, la colección de mates y las insignias del club River Plate, del que era fanático.
Mientras tanto no había acto público donde no estuviera presente, dando la bendición a los presentes para luego emprender simpáticas charlas con los vecinos.
En la tarde-noche del 3 de julio de 2004 la inesperada noticia llenaba de congoja y angustia a los fueguinos: un accidente ocurrido cuando ingresaba a la ciudad a bordo de su camioneta se llevaba la vida del querido Padre. La participación del pueblo en sus exequias dio lugar al funeral más numeroso que recuerda la ciudad de Río Grande. Sus restos descansan en la Cruz Mayor de la Misión Salesiana.

El trágico accidente
Apenas pasadas las 19,00 del sábado, en momentos en que transitaba por la Ruta 3, con sentido norte – sur, al llegar a la rotonda ubicada en la intersección con Prefectura Naval, el Land Rover que conducía colisionó en forma violenta contra el furgón térmico del camión Ford Cargo1722, dominio ELG-126.
Las huellas del accidente quedaron esparcidas por varios metros. Trozos del Land Rover que utilizaba el Padre Zink para su trabajo misionero se encontraban desparramados por más de treinta metros.
Un boquete en la parte posterior, al igual que la destrucción del paragolpe y el panel de luces derecho del furgón térmico, denotaban la violencia del impacto. Estas marcas dieron a los investigadores los primeros indicios de la muerte instantánea del Presbítero.
Cientos de personas se hicieron presentes en el lugar para ver lo que había ocurrido, aunque ordenadamente permitieron las tareas de peritaje que realizaba la Policía Provincial.
Desde entonces, la nomenclatura urbana lo recuerda con carteles de chapa, retratos y algún que otro busto en su memoria, o la tanta veces vandalizada escultura en la costa frente al mar.. Pero en el corazón de la gente, el rostro bonachón, la sonrisa eterna, el mate infaltable y sus frases creativas permanecen indelebles para toda la eternidad.
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