A los tres y cuatro años, el niño está en plena construcción emocional y cognitiva. Cuando ese proceso ocurre en un contexto de maltrato —violencia física, psicológica o negligencia—, las consecuencias no quedan “guardadas” como un episodio aislado, sino que suelen expresarse en la conducta, el cuerpo y la forma de vincularse.
Así lo explicó la psicóloga Lorena Boschetti, quien fue entrevistada en el programa “Un gran día” de ((La 97)) Radio Fueguina.
Según Boschetti, en los niños que atraviesan situaciones de violencia pueden aparecer cambios que, observados con atención, se vuelven llamativos por su brusquedad o por su carácter regresivo.
“Debería llamar la atención que haya un cambio brusco de conducta” y que “de repente empiece a tener como conductas regresivas”. En esa misma línea, la profesional destacó que pueden aparecer conductas que habían sido superadas, como “volver a hacerse pis por ejemplo, o dejar de comer”.
Además de las variaciones en la conducta, la especialista señaló que el maltrato también suele reflejarse en el rendimiento escolar y en el estado de alerta permanente. “El rendimiento escolar también suele bajar”, y describió que en algunos casos se trata de chicos que viven en hipervigilancia: “son chicos que están híper alertas” y “todo el tiempo viendo o tratando de estar pendiente de las caras de los adultos, si están enojados o no”.
Otros indicadores se vinculan con la manera en que el niño narra lo que ocurre o con la naturalización de la violencia. Boschetti indicó que es frecuente que relaten escenas con un tono aprendido como parte del día a día y que, en ciertos casos, puedan repetir conductas agresivas en la escuela.
“Relatan situaciones de violencia muy de una manera muy naturalizada” e “incluso ellos pueden tener conductas violentas con los compañeros y problemas para aceptar los límites”.
También mencionó señales a nivel del lenguaje, el cuerpo y el bienestar general. En algunos casos, anticipó, aparece un lenguaje “demasiado adulto para la edad”, mientras que otros presentan somatizaciones recurrentes.
“Le duele la panza le duele la cabeza”, ejemplificó, y aclaró que no se trata, necesariamente, de una causa médica puntual como una gastroenteritis.
La psicóloga subrayó que el impacto del maltrato no se limita al momento en que ocurre, sino que tiende a proyectarse hacia el futuro. “La afectación en los niños es a largo plazo”, y sostuvo que el hecho de estar sometido a maltrato de forma sistemática “interfiere en la forma en la que se construye ese cerebro” en desarrollo.
En ese marco, explicó que puede influir en la manera en que el niño luego construirá vínculos.
En salud mental, Boschetti señaló mayores riesgos de padecer trastornos como ansiedad, depresión y estrés postraumático. Además de dificultades para confiar y para sostener formas de apego que no sean “patológicas”, lo cual complica la construcción de relaciones “sanas”.
En lo cognitivo, detalló que pueden observarse problemas de atención, memoria y aprendizaje: “Se suele ver en la escuela que tiene problemas de atención de memoria de aprendizaje”. En lo emocional y conductual, también pueden aparecer “ansiedad irritabilidad tristeza” y dificultades para reconocer o expresar lo que se siente.
Boschetti sostuvo, además, que en Río Grande no cuenta con estadísticas específicas, pero remarcó la conexión entre crisis social y aumento de situaciones violentas intrafamiliares.
“Yo no tengo estadísticas en relación a esta situación en la ciudad de Río Grande”, dijo, aunque indicó que en escenarios de mayor malestar se incrementan episodios de violencia.
En ese contexto, explicó que el estrés y la falta de trabajo pueden aumentar la irritabilidad y reducir la capacidad de regulación emocional de los adultos, y que eso se termina “descargando con los chicos” de manera sistemática: “Los padres están sin trabajo o más irritables” y “se terminan descargando con los chicos y es una violencia de manera sistemática”.
Por último, remarcó que la violencia no siempre es visible como golpe y puede presentarse en diferentes formas. “A veces es violencia psicológica, a veces es violencia física y a veces también hay negligencia”, y precisó que también se ven casos de descuido cotidiano en la escuela, como la falta de higiene o de alimentación.
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