La Universidad Tecnológica Nacional conmemoró un nuevo aniversario de sus orígenes, una historia que para el ingeniero Mario Félix Ferreyra continúa explicando buena parte de la identidad que conserva la institución.
El ex Decano de la Facultad Regional Tierra del Fuego de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) repasó en ((La 97)) Radio Fueguina el nacimiento de la Universidad Obrera Nacional, su posterior transformación y el crecimiento alcanzado en el país, además de reflexionar sobre el papel que mantiene la educación técnica frente a los cambios productivos y sociales.
Ya jubilado desde abril, Ferreyra explicó que continúa relacionado con la institución desde otro lugar: “No pasé a ser un elemento decorativo, gracias a Dios, porque me convocan aunque sea para conversar acerca de las experiencias que hemos hecho y también visitar algunas UTN de otras partes del país para intercambiarnos ciertas opiniones, experiencias y ver de qué manera contribuir al crecimiento de la universidad”. Ese recorrido, aseguró, le permite encontrar “un gran espíritu de unidad a través del símbolo de la universidad, a través de la historia que tiene la UTN”.
Historia en dos siglos
Esa historia comenzó formalmente el 19 de agosto de 1948, cuando el Congreso sancionó la Ley 13.229. Ferreyra, diputado nacional mandato cumplido, recordó que la norma creó escuelas de orientación y aprendizaje profesional para trabajadores que habían concluido la primaria: “Eran escuelas fábricas, porque estaban dentro de fábricas o de empresas del Estado, ferrocarriles, siderurgias, de transporte”, donde los jóvenes ingresaban como aprendices y estudiaban una tecnicatura que posteriormente les permitía incorporarse a la Universidad Obrera Nacional.
La iniciativa tuvo como destinatarios centrales a los trabajadores y desembocó en una institución con características diferentes de las universidades tradicionales. “El capítulo 2 de la ley creaba esta universidad con ese nombre y la administraba o la gestionaba la CGT, ya que el rector era designado por la CGT”, relató.
Tras la aprobación del proyecto, la nueva casa de estudios comenzó sus clases el 17 de marzo de 1953, “mediante una clase magistral del mismo general Perón”, precisó Ferreyra, en la sede que actualmente ocupa la Facultad Regional Buenos Aires, sobre avenida Medrano.

Aquella primera etapa estuvo definida por una orientación estrechamente vinculada con la producción. Era, describió, “una universidad técnica, puramente técnica, que formaba técnicos de fábrica e ingenieros de fábrica”.
Después del cierre dispuesto en 1955 por la sangrienta Revolución Libertadora, la institución fue reabierta durante la presidencia de Arturo Frondizi bajo el nombre de Universidad Tecnológica Nacional y comenzó una nueva etapa de transformación.
Aun con esos cambios, durante años conservó condiciones directamente relacionadas con su origen. “Para poder estudiar, había que trabajar en la especialidad que se elegía estudiar”, recordó Ferreyra. Esa característica determinaba también la organización académica: “Mantuvo el espíritu de la Universidad Obrera Nacional, en el sentido de tener un régimen de horarios muy estrictos, de seis y media la tarde hasta once y media de la noche”, porque quienes trabajaban tenían dificultades para concurrir durante el día. “Era una universidad de turnos nocturnos”, sintetizó.
La expansión posterior modificó progresivamente ese modelo. La creciente demanda llevó a incorporar turnos vespertinos y matutinos y a eliminar la exigencia de ser trabajador para ingresar. Sin embargo, para el ex rector, la transformación institucional no eliminó su identidad fundacional: “Ahí comenzó a formar una estructura universitaria un poquito distinta de la idea original, pero mantuvo siempre el espíritu de la universidad de los trabajadores”.
Ese crecimiento convirtió a la UTN en una estructura de alcance nacional. Ferreyra señaló que actualmente “cuenta con alrededor de 100.000 estudiantes, unos 20.000 docentes y unos 3.000 no docentes”, con presencia mediante facultades, extensiones áulicas y unidades académicas en buena parte del territorio argentino. Tierra del Fuego forma parte de esa red con su Facultad Regional en Río Grande y la extensión áulica de Ushuaia.
La extensión local
La oferta fueguina refleja también la relación histórica de la institución con las necesidades productivas. “En Tierra del Fuego tenemos la facultad en Río Grande y la extensión áulica en Ushuaia, donde se dicta la carrera de Ingeniería Pesquera, y acá las carreras de Ingeniería Industrial, de Ingeniería Química, Ingeniería Electromecánica y una Tecnicatura en Programación”, enumeró.
Frente a los cambios tecnológicos, consideró imprescindible sostener esa capacidad de adaptación: “Hay que estar continuamente analizando sus planes de estudios, sus diseños curriculares, para adecuarlos a la evolución de los nuevos conocimientos y las nuevas tecnologías”.
Al mirar el presente, Ferreyra vinculó las dificultades de la educación técnica con el escenario industrial y educativo. “Ha mermado el estado de ánimo, pero eso es general para toda la educación”, sostuvo, y planteó que los jóvenes buscarán oportunidades incluso fuera del país cuando no encuentren posibilidades para desarrollarse profesionalmente. En ese marco, defendió el conocimiento asociado a la industria fueguina y cuestionó que se reduzca su complejidad al concepto de simples plantas de armado.
Su reflexión final volvió sobre el sentido que atribuye a la educación y al legado histórico de la universidad. Para Mario Ferreyra, “el conocimiento es lo que realmente construye el poder”, aunque esa herramienta adquiere sentido cuando permite ejercer la libertad. Por eso reivindicó la continuidad del sistema educativo y su capacidad de formar más allá de una profesión: “El objetivo de la educación es preparar profesionales, algunos ganan mucho dinero, pero es preparar gente para que goce de la libertad, pero que también se prepare para defenderla”.
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