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"Chicos que crecen"

Victoria Segovia: una bailarina que honra el arte y el legado comercial de su familia

Bailarina y comerciante, Victoria Segovia construyó un camino donde conviven el arte y la historia familiar. En diálogo con ((La 97)) repasó sus inicios, su formación y el desafío de impulsar la danza fueguina.

Victoria Segovia empezó a bailar antes incluso de poder recordarlo. La música fue siempre una parte natural de su vida, una forma de expresión que la acompañó desde la infancia y que con el tiempo se transformó en una elección de vida.

“Desde siempre bailo, desde que soy muy chica, no tengo un año definido. Básicamente siempre bailé, la música siempre me movió”, contó en el segmento «Chicos que Crecen» del programa «Un Gran Día», que se emite por ((La 97)) Radio Fueguina.

A los 16 años decidió profundizar su formación e ingresó al mundo de la danza clásica, una elección que hizo con una mirada puesta en el futuro. “Yo siento que es una de las danzas madre que me va a formar para todas las danzas”, explicó.

Dos años después, con 18, emprendió un nuevo camino y viajó a La Plata para estudiar una tecnicatura de tango. Si bien no logró finalizar la carrera, esa experiencia terminó marcando su identidad artística. “Elegí el tango un poco estratégicamente porque sabía que por ahí en la danza clásica, que amo y siempre me gustó mucho. No sabía si iba a poder desarrollarme demasiado ya que no había empezado de chica”, recordó.

El tango apareció entonces como una puerta posible, pero también como una danza que la conectaba desde otro lugar. “Es una danza que me genera mucho placer a la vista”, expresó.

Durante gran parte de su recorrido, Victoria también construyó su formación de manera independiente. Con curiosidad y dedicación, buscó herramientas para seguir creciendo. “Fui muy autodidacta siempre. En internet, en su momento cuando éramos chicos, yo buscaba información, entonces me iba formando un poco”, contó.

Ese camino la llevó a formar parte de la Compañía Fueguina de Danza, un proyecto que nació recientemente pero que reúne años de esfuerzo, aprendizaje y pasión compartida.

La agrupación surgió luego de la obra Habitantes de un andamio, estrenada en noviembre pasado. “Hubo una convocatoria de bailarines, se presentaron 30 y quedamos para esa obra 12, y trabajamos tres meses”, relató Victoria.

El proyecto tomó mayor impulso con la llegada de un coreógrafo santafesino que visitó la Casa de la Cultura para realizar Café Tango. A partir de esa experiencia, decidieron dar un paso más. “Con esta propuesta formalizamos la Compañía Fueguina de Danzas”, explicó.

Hoy el grupo atraviesa una etapa de crecimiento. Aunque algunos integrantes más jóvenes se encuentran terminando sus estudios secundarios, quienes continúan tienen claro el objetivo: generar espacios para la danza en la ciudad. “Los más grandes estamos en el mambo de las danzas y queriendo hacer cosas para la danza y para que la comunidad vea”, sostuvo. La meta, agregó, es “crear obras de calidad”.

Pero la vida de Victoria transcurre entre dos mundos que, lejos de enfrentarse, forman parte de su historia. Además de bailarina, es comerciante y trabaja en Dietética «El Almacén», el comercio familiar que el pasado 1 de julio cumplió 25 años.

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Victoria, atendiendo en la Dietética «El Almacén».

Ese emprendimiento tiene un nombre propio detrás de su historia: su padre. “Esto se lo debemos a mi padre”, afirmó. De él aprendió no solo un oficio, sino también una manera de trabajar. “Me gusta el mundo de los negocios, pero porque lo aprendí de mi papá, viéndolo cómo hacía las cosas”, contó.

El rubro también la llevó a seguir aprendiendo todos los días. “Es un rubro que tenés que estudiar bastante y aprender. Gracias a Dios también uno aprende mucho de los clientes que van, de esta cosa de charlar con ellos”, señaló.

Al hablar de sus dos grandes pasiones, Victoria no duda en reconocer dónde está su mayor impulso. “Yo creo que el arte pesa un poco más. El arte es algo que me sale del corazón, es algo que lo tengo y me gusta más hacer, y si me preguntás, trabajaría más del arte”, confesó.

Sin embargo, la dietética ocupa un lugar fundamental en su vida. Es parte de su historia familiar y también fue el sostén que le permitió perseguir sus sueños. “Yo me pude ir a estudiar por la dietética, es así. Por eso también un poco honrarla en ese aspecto, porque la siento muy importante y la siento en mi guía también”, explicó.

Por eso, aunque imagina un futuro ligado a la danza, sabe que hay raíces que no se olvidan. “Hay que cuidarla”, resumió.

Victoria reconoce que, si hubiera tenido la posibilidad de cursar la tecnicatura de manera virtual, probablemente habría terminado sus estudios. Sin embargo, volver a Río Grande también fue una decisión profunda: estar cerca de su familia y acompañar el proyecto que los hizo crecer. “Me volví acá a Río Grande para estar en el local y seguir, porque la realidad es que eso es lo que a nosotros nos hizo progresar como familia”, relató.

Entre los escenarios y el mostrador de un negocio familiar que lleva 25 años de historia, Victoria construye su propio camino: uno donde la danza, el esfuerzo y los vínculos se mezclan para contar quién es y hacia dónde quiere ir.

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