A los 17 años dejó Río Grande con una certeza: quería dedicarse al arte. Había egresado del Centro Polivalente de Arte y partió hacia Mendoza para estudiar una licenciatura en Artes Visuales. Sin embargo, la vida tenía otros planes. Un regreso inesperado, una carrera inconclusa y la necesidad de reinventarse lo llevaron por un camino que nunca había imaginado. Hoy, Kevin Romero es profesor de Historia y asegura haber encontrado en la docencia una vocación que jamás se le había cruzado por la cabeza.
Su historia fue compartida en el segmento «Chicos que crecen» del programa «Un gran día», que se emite por ((La 97)) Radio Fueguina, donde repasó un recorrido marcado por los desafíos, las decisiones inesperadas y la capacidad de transformar los obstáculos en oportunidades.
«Soy nacido acá, criado acá en Tierra del Fuego, en la ciudad de Río Grande», contó. Tras finalizar la secundaria en el Centro Polivalente de Arte, emprendió viaje a Mendoza para estudiar Artes Visuales. Permaneció allí cerca de cuatro años, una etapa que recuerda con afecto y gratitud.
«Me encontré con gente del Polivalente estudiando Artes incluso, porque los fueguinos la verdad que estamos en todos lados», recordó entre risas.
Aunque no pudo completar la carrera por cuestiones personales, Kevin destaca que aquella experiencia fue mucho más que una formación universitaria.
«Creo que el tiempo que yo estuve estudiando en Mendoza, y no solamente dentro de lo académico, sino lo que aprendí por fuera de la universidad, es lo que me abrió las puertas hoy en día para el trabajo que tengo acá. Todo el aprendizaje que me llevé lo pude aplicar y no me puedo quejar, porque trabajo de lo que me gusta, más allá de no tener el título», reflexionó.
El regreso a Río Grande no formaba parte de sus planes. Había vuelto de vacaciones, pero circunstancias personales lo obligaron a quedarse. De pronto, el futuro que había imaginado cambió por completo. «Fue algo bastante imprevisto», resumió.
La dificultad no era solamente adaptarse a una nueva realidad. También debía encontrar una carrera que pudiera estudiar en la provincia. Las opciones vinculadas al arte eran escasas, por lo que se vio obligado a ampliar horizontes.
«Estuve obligado a abrir un poquito el panorama hacia otros lugares y ahí es donde encontré la Historia», contó.
La elección no fue inmediata. También evaluó estudiar Psicología, pero esa posibilidad quedó descartada cuando el profesorado dejó de dictarse. Finalmente, Historia ganó terreno. Y con el tiempo descubrió que ambas pasiones tenían más puntos en común de los que imaginaba.
«Hay un punto de encuentro muy cercano entre la historia y lo artístico», explicó, una mirada que hoy intenta trasladar a sus clases mediante recursos visuales y propuestas creativas.
Su paso por el I.P.E.S «Paulo Freire» fue determinante. Allí encontró docentes que lo marcaron profundamente y una manera distinta de entender la enseñanza. «Particularmente en el profesorado tuvimos muy buenos docentes, que te forman con la mirada de la pedagogía de Paulo Freire», destacó.
Paradójicamente, años antes había rechazado la posibilidad de cursar un profesorado cuando estudiaba en Mendoza. En aquel momento no se imaginaba trabajando frente a un curso. «No quería el profesorado porque no se me cruzaba por la cabeza estar al frente de estudiantes en un aula todo el día», recordó.
Pero el tiempo, una vez más, le mostró otro camino. «Las cosas van cambiando y de repente uno cree que no quiere algo, pero después la vida misma te va llevando por otros lugares», afirmó.
El acercamiento a la docencia fue gradual. Primero llegaron los talleres de arte. Luego, las experiencias dentro del profesorado y las prácticas educativas. De a poco, el aula dejó de ser un espacio desconocido para convertirse en un lugar donde se siente cómodo y realizado.
El año pasado obtuvo su título de profesor de Historia y la inserción laboral fue inmediata. «Apenas me estaba recibiendo ya tenía ofertas de trabajo», comentó.
Sin embargo, más allá de los logros académicos o profesionales, Kevin sostiene que la clave de su tarea está en el vínculo humano que construye con sus estudiantes.
«Me parece que no hay que perder de vista que trabajamos con adolescentes y que los adolescentes están atravesados por un montón de problemáticas», señaló.
Para él, enseñar va mucho más allá de transmitir contenidos. «Lo que yo trato de tener como horizonte es que trabajo con seres humanos a los que les pasan un montón de cosas, y eso es lo que trato de no perder de vista nunca, porque es ahí donde se genera el vínculo», expresó.
Esa mirada, asegura, transforma completamente la dinámica dentro del aula. «Quizás estamos acostumbrados a una educación mucho más tradicional, pero cuando vos generás un vínculo con un estudiante es otra cosa. La dinámica cambia totalmente», concluyó.
La historia de Kevin Romero es la de alguien que tuvo que volver a empezar cuando el proyecto que había imaginado quedó truncado. Pero también es la historia de cómo los caminos inesperados pueden conducir a destinos igual de valiosos. Porque, a veces, aquello que parece un retroceso termina siendo el punto de partida de una vocación.
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