En Río Grande, la danza contemporánea tiene una referencia viva. Gianna Rosatelli aparece en el recuerdo de docentes del Centro Polivalente de Arte como “la chica que bailaba todo el día, todos los días” en el patio del colegio.
Hoy, esa misma energía se traduce en trabajo, formación y una manera de habitar el arte que comenzó muy temprano y nunca se detuvo.
“Bailo desde que tengo 6 años”, contó en la columna “Chicos que crecen” del programa “Un gran día”, que se emite por ((La 97)) Radio Fueguina. Según su relato, todo empezó cuando su mamá la llevó a una clase en un taller municipal de danza contemporánea. “Desde ahí no paré ningún año, ni por lesión ni por nada. Hasta el día de hoy sigo bailando”, recordó.
Ese primer encuentro no fue casual. “Cuando salí de la clase le dije a mi mamá: ‘yo quiero hacer esto para toda la vida’”, evocó. Aquel momento marcó el inicio de una decisión que, con el tiempo, se transformó en disciplina y camino.
Antes de enfocarse por completo en la danza contemporánea, probó otras experiencias. “Primero había tomado clases de folklore y no me había gustado”, reveló. Sin embargo, con los años su mirada cambió: “Hoy en día me encanta”. Para ella, el vínculo con la danza también tiene un fuerte componente afectivo.
Durante su etapa escolar, combinaba la rutina diaria con su formación artística. Asistía a la escuela por la tarde y, en paralelo, se formaba en el estudio de Natalia Lassalle. Lo recuerda como una infancia distinta, sin imposiciones: “Si había un cumpleaños o alguna actividad, yo prefería ir a bailar”.
Esa elección temprana fue una señal de su determinación. “Era muy disciplinada desde que tengo 7 años”, afirmó. También destacó el acompañamiento familiar: su mamá se involucró de lleno en ese mundo y llegó a ser asistente en un estudio de danza.
Tras egresar del Centro Polivalente de Arte de Río Grande, el salto fue casi inmediato: a los pocos meses se mudó a Buenos Aires para formarse en la Universidad Nacional de las Artes, donde cursó la Licenciatura en Composición Coreográfica. Además, obtuvo una beca en formación de danza clásica y contemporánea, y complementó sus estudios con distintos maestros.
“El ritmo era intenso: a veces tomaba hasta seis clases por día, entre teóricas y prácticas”, contó. Para ella, no se trataba solo de bailar, sino de formarse de manera integral, combinando cuerpo y pensamiento.
En 2022 regresó a Río Grande y comenzó una nueva etapa. Primero se sumó al Centro Cultural Alem, donde empezó a dar clases de danza contemporánea para niños y adultos. Con el tiempo, su rol docente se fue consolidando.
Impulsada por su entorno cercano, dio un paso más: abrir su propio espacio. “A los seis meses decidí poner mi estudio de danza”, relató. La idea, contó, surgió también a partir del acompañamiento de su pareja.
Hoy, su historia deja una idea clara: cuando hay pasión, disciplina y acompañamiento, el arte puede convertirse en un modo de vida. En Río Grande, Gianna Rosatelli no solo sigue bailando, sino que también transmite esa vocación, construyendo comunidad a través del movimiento.
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