En la secundaria no era lo suyo. O al menos eso creía Camila Juárez mientras cursaba sus últimos años en el colegio Soberanía Nacional. Iba, aprobaba todo y se volvía a su casa. Sin más. “En ese momento creo que se divide entre quienes les gusta y quienes no les gusta la secundaria, y yo era de este último grupo”, recuerda hoy, ya del otro lado del mostrador.
Hace muy poco que es profesora de historia. Se recibió en diciembre del 2025 en el IPES «Paulo Freire», una institución que define con entusiasmo “donde, no solamente son profesores de historia sino que son también licenciados en politología, sociología y otras carreras. Y con respecto a la historia, los docentes son excelentes”.
Pero el camino hacia la historia fue todo menos recto. Camila comenzó estudiando otra carrera en el CENT 35, una de pura matemática, ya que para ella “era fácil. No tenía que hablar, no tenía que interactuar con otros. Era resolver y listo. En cambio la historia te lleva a tener que hablar con otra persona, te lleva a debatir, a reflexionar sobre las ideas, y eso creo que quizás me costaba”.
Hasta que apareció un profesor que cambió todo. “Franco Riquelme me hizo conectar tanto con lo que él decía, que me di cuenta que esa carrera era para mí. Recuerdo que él mismo me dijo que tenía que estudiar historia, le hice caso y me fui a hacerlo, y fue la mejor decisión que tomé”.
Fue también la materia menos esperada la que encendió la chispa: Sociedad y Estado. “La única materia que me gustaba era sociedad y estado, y era un docente que me encantaba escuchar. Era la única materia que me gustaba en esa carrera”.
Ya en el IPES, la conexión fue inmediata. “Cuando ingresé, fue como entrar en casa. En los últimos años de la carrera ya pasaba más tiempo en la facultad que en mi casa, y capaz en el día yo estaba 8 o 10 horas en el IPES”.
“No siempre quise ser profe”, confiesa. “Es más, cuando yo estaba en la secundaria pensaba que nunca más iba a volver a la secundaria. Pero ahora volví en forma de docente”.
Hoy, con el título en la mano, mira hacia atrás con una certeza que antes no tenía. “Sé que es una oportunidad que no todo el mundo tiene actualmente. Ser profesor y que te guste ser profesor es una gran ventaja. No todo el mundo tiene la dicha de poder estudiar lo que le gusta y después dedicarse a lo que le gusta”.
Y cierra con una reflexión que resume el recorrido completo. “Ahora que lo pienso, siempre me gustó la historia. Y luego que la pude estudiar, poder dedicarme a explicarle eso a alguien más y transmitirle la pasión y la dedicación que yo siento a otra persona es muy lindo. Realmente es un privilegio”.
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