La confirmación de al menos un caso de hantavirus y tres muertes a bordo del crucero MV Hondius durante una travesía por el Atlántico Sur generó una rápida reacción mediática que puso el foco en Ushuaia como punto de partida del brote. Sin embargo, el recorrido del buque y las características epidemiológicas de la enfermedad plantean un escenario más complejo que el sugerido en las primeras coberturas.
El episodio, que es seguido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), ocurrió mientras la embarcación navegaba con unos 170 pasajeros y 70 tripulantes. Según la información difundida, además del caso confirmado existen al menos otros cinco sospechosos, de los cuales tres personas fallecieron y una permanece internada en terapia intensiva en Sudáfrica. El primer cuadro grave correspondió a un hombre de 70 años que murió durante el viaje, mientras que otros pacientes fueron evacuados en distintos puntos del itinerario.
Gran parte de la cobertura inicial, tanto en medios nacionales como en algunos locales, enfatizó que el crucero “había partido de Ushuaia”, lo que contribuyó a instalar la idea de un posible origen fueguino del brote.
No obstante, el propio recorrido del MV Hondius relativiza esa asociación directa: desde el inicio de la temporada en noviembre, la embarcación realizó múltiples recaladas en distintos puntos del Atlántico Sur y regiones subantárticas, incluyendo Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur, la península antártica, la isla Tristan da Cunha y Ciudad del Cabo, entre otros destinos.
A esto se suma un dato clave desde el punto de vista sanitario: el hantavirus presenta un período de incubación que generalmente oscila entre una y ocho semanas, con un rango más habitual de dos a cuatro semanas, aunque en algunos casos puede extenderse hasta 45 días o incluso dos meses. Durante ese lapso, las personas infectadas pueden no presentar síntomas evidentes, lo que dificulta establecer con precisión el lugar de contagio.
En este contexto, la simple mención del último puerto de salida resulta insuficiente (y hasta alarmista) para determinar el origen del brote, especialmente en una embarcación que permaneció en circulación constante por diversas regiones durante meses.
Frente a la repercusión del caso, el Ministerio de Salud de Tierra del Fuego emitió un comunicado en el que señaló que no recibió información oficial por parte de las autoridades sanitarias nacionales sobre el episodio. Además, remarcó que la provincia no registra casos confirmados de hantavirosis desde que existen registros epidemiológicos.
El organismo también precisó que las zonas endémicas en el sur del país se concentran principalmente en áreas cordilleranas de Neuquén, Río Negro y Chubut, donde las condiciones ambientales favorecen la presencia del principal reservorio del virus, el ratón colilargo. En Tierra del Fuego, en tanto, no existe evidencia concluyente que confirme la presencia de una subespecie capaz de actuar como vector.
Pese a ello, la información oficial no logra despejar completamente las dudas sobre el episodio, en parte debido a la falta de datos concretos sobre la identidad de las personas afectadas y sus recorridos previos, lo que impide realizar una trazabilidad epidemiológica precisa.
Mientras tanto, el caso continúa bajo seguimiento internacional y las autoridades sanitarias de distintos países coordinan acciones para evaluar la evolución del brote. En paralelo, el episodio deja en evidencia cómo, ante situaciones de alto impacto, la velocidad informativa puede imponerse, una vez más, sobre la rigurosidad en la interpretación de los datos disponibles.
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