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Hantavirus a bordo

Ushuaia bajo precoz sospecha y el riesgo serio para el destino turístico

El brote en el crucero MV Hondius puso a la ciudad en la mira internacional. Aunque no hay casos en Tierra del Fuego, el destino enfrenta ahora un desafío sanitario y comunicacional.

El brote de hantavirus detectado a bordo del crucero MV Hondius abrió una preocupación sanitaria internacional, pero también instaló una discusión sensible para Tierra del Fuego: la rápida asociación del caso con Ushuaia, una ciudad cuya economía turística depende en gran medida de su imagen como puerta de entrada a la Antártida.

La embarcación zarpó desde el puerto fueguino el 1 de abril y, desde entonces, distintos medios internacionales comenzaron a presentar a Ushuaia como uno de los posibles puntos de exposición al virus. En algunos casos, la referencia fue más lejos y se puso el foco sobre una presunta visita de los primeros afectados a un sector cercano al relleno sanitario local, hipótesis que todavía no cuenta con una confirmación científica.

Según la Organización Mundial de la Salud, el brote fue notificado el 2 de mayo y las investigaciones sobre la posible exposición de los primeros casos y la fuente del brote continúan abiertas en coordinación con autoridades de Argentina y Chile. El organismo evaluó como bajo el riesgo para la población global, aunque moderado para pasajeros y tripulantes del buque.

Dudas sobre el tiempo

El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades informó que, hasta el 13 de mayo, se reportaron 11 casos vinculados al crucero: 8 confirmados, 2 probables, 1 inconcluso y 3 fallecidos. El organismo también sostuvo que el riesgo para la población general de la Unión Europea y el Espacio Económico Europeo es “muy bajo”.

En Tierra del Fuego, las autoridades sanitarias provinciales remarcaron que la provincia no posee casos de hantavirus en su historial epidemiológico y que tampoco se reportaron casos posteriores al 1 de abril en ninguna de sus localidades. Según la información oficial difundida por el Infuetur, los primeros afectados ingresaron a Ushuaia el 29 de marzo por la tarde y permanecieron apenas dos días en la ciudad antes de embarcar.

Ese dato resulta clave para el análisis epidemiológico. De acuerdo con el comunicado oficial, el período general de incubación de la hantavirosis suele ubicarse entre 15 y 21 días, por lo que una exposición ocurrida durante una estadía tan breve en Ushuaia no ajustaría, en principio, con el inicio de síntomas informado el 6 de abril a bordo del buque.

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Desde hace décadas no se registran casos de hantavirus en Tierra del Fuego.

Las autoridades locales también señalaron que esas personas habían realizado durante meses recorridos previos por distintas zonas de Argentina y Chile, incluyendo áreas endémicas de hantavirus donde circula la cepa Andes. A nivel local, además, se descartó que existan tours turísticos habilitados por el Instituto que ingresen al relleno sanitario de Ushuaia, como indicaron algunas versiones periodísticas.

El problema de fondo

El problema, sin embargo, no es solo sanitario. También es comunicacional. En la cobertura global, el dato de que el crucero partió desde Ushuaia terminó funcionando como una etiqueta de origen, aun cuando las investigaciones oficiales todavía no determinaron dónde se produjo la exposición inicial. Esa simplificación puede tener consecuencias directas sobre el destino turístico, especialmente en un mercado internacional sensible a las alertas sanitarias.

La Cámara de Turismo de Tierra del Fuego emitió un comunicado con el objetivo de “transmitir tranquilidad a la comunidad local, a nuestros visitantes y a las empresas nacionales e internacionales vinculadas a la actividad turística”. También afirmó que Ushuaia “continúa siendo uno de los destinos más seguros del mundo” y pidió difundir únicamente información verificada u oficial.

Pero la magnitud internacional que tomó el caso obliga a pensar si alcanza con una respuesta local o si hace falta una estrategia más amplia, coordinada y sostenida. El sector turístico, junto al Infuetur, el Municipio, el Puerto de Ushuaia y las autoridades sanitarias, enfrentan ahora el desafío de explicar hacia afuera que Tierra del Fuego no registra casos, que el origen del brote no está confirmado y que asociar automáticamente el episodio con Ushuaia puede afectar injustamente a uno de los destinos más importantes del país.

No se trata de negar la investigación ni de minimizar la gravedad sanitaria. Se trata de evitar que una hipótesis todavía no probada se transforme, por repetición mediática, en una marca negativa para la ciudad. En ese punto, el turismo fueguino necesita una vocería clara, técnica y permanente, capaz de responder en tiempo real a las versiones que circulan en medios internacionales, redes sociales y canales vinculados al turismo global.

Ushuaia no solo necesita estar epidemiológicamente segura; también que esa seguridad sea comunicada con profesionalismo en el mundo. En una ciudad cuya economía depende en gran medida del turismo internacional, la ausencia de casos confirmados no alcanza si la conversación global instala, por repetición, una sospecha que todavía no fue demostrada.

La diferencia entre “un crucero que zarpó desde Ushuaia” y “un brote originado en Ushuaia” es enorme. Y mientras esa diferencia no sea explicada con claridad, el destino queda expuesto a un daño reputacional injusto.

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