De noche, frente al borde del Mar Argentino, se acumulan decenas de luces que parecen dibujar una ciudad sobre el agua. Esa imagen, que volvió a circular en los últimos días, reactivó una discusión que en la Argentina aparece cada temporada: qué pasa en la milla 201, por qué se concentran allí tantos buques extranjeros y hasta dónde llega el control del Estado.
El tema volvió a cobrar fuerza por dos hechos distintos, pero relacionados. Por un lado, la difusión de nuevas imágenes de la flota pesquera en esa franja del Atlántico Sur; por otro, la multa aplicada al Bao Feng, un buque de bandera de Vanuatu detectado dentro de la Zona Económica Exclusiva Argentina. Juntos, los dos episodios devolvieron al centro de la escena una zona que cada temporada concentra cientos de barcos.
Qué es la milla 201 y qué puede controlar la Argentina
La milla 201 es el nombre con el que se conoce, de manera habitual, al área que empieza inmediatamente después del límite exterior de la Zona Económica Exclusiva Argentina. La ley argentina establece que esa zona económica exclusiva se extiende hasta las 200 millas marinas desde las líneas de base. Hasta allí, el país ejerce derechos de soberanía sobre los recursos naturales; más allá comienza la alta mar, con un encuadre jurídico distinto.
Esa diferencia legal no vuelve simple el problema. El INIDEP define al área adyacente a la ZEE como una zona de alta mar donde operan flotas extranjeras de gran escala sobre recursos transzonales y altamente migratorios, como el calamar argentino y la merluza común. En otras palabras, la frontera jurídica está marcada, pero varias de las especies que sostienen la actividad pesquera no quedan encerradas dentro de esa línea.
Por qué se concentran allí los buques extranjeros
La concentración de barcos en esa franja no es casual. La Prefectura informó en diciembre de 2025 que monitoreaba la llegada de más de 500 buques pesqueros extranjeros a la milla 201 en la zafra del calamar Illex argentinus. También precisó que, entre noviembre y junio, grandes flotas se posicionan todos los años en el área adyacente a la ZEEA y que la mayoría proviene de Asia Oriental, principalmente de China, Corea del Sur y Taiwán.
El atractivo principal es económico. El calamar argentino es uno de los recursos más valiosos de esa región y la milla 201 funciona como un punto de concentración para flotas de aguas distantes que operan apenas por fuera del límite marítimo argentino. Por eso la discusión reaparece cada temporada: no se trata solo de una imagen impactante en el mar, sino de una presión sostenida sobre una zona clave del Atlántico Sur.
Qué muestra el caso Bao Feng
El caso del Bao Feng ayudó a volver más concreta esa discusión. Según informó el Gobierno nacional, el buque fue identificado el 10 de enero dentro de la ZEEA, navegando a velocidades inferiores a los 6 nudos y con maniobras compatibles con pesca de arrastre. A partir de esa evidencia se instruyó un sumario en ausencia y se le impuso una multa de más de 1.262 millones de pesos, además de los costos operativos del procedimiento.
La importancia del episodio no está solo en el monto de la sanción. También muestra la diferencia entre dos situaciones que muchas veces se mezclan en el debate público: una cosa es la actividad pesquera en alta mar, justo después de las 200 millas; otra, muy distinta, es el ingreso ilegal a aguas bajo jurisdicción argentina. El Bao Feng quedó del lado de esa segunda categoría.
Por qué el problema no se agota en una infracción
El desafío, de todos modos, no empieza ni termina con un solo buque. En un análisis oficial publicado en 2025, la Prefectura describió a la milla 201 como una frontera marítima compleja: el límite exterior de la ZEE frente al área conocida con ese nombre representa casi 700 kilómetros, y la sola presencia de medios de control no alcanza por sí misma para vigilar, operar y disuadir en toda esa extensión.
Ese mismo análisis agrega que, más allá de la línea, operan flotas de pesca en aguas distantes con apoyo de buques de servicios que les permiten permanecer largos períodos en la zona. Por eso el tema no se reduce a una foto nocturna ni a una multa puntual. La cuestión de fondo combina recursos pesqueros, vigilancia tecnológica, derecho del mar y capacidad estatal para sostener control sobre un borde marítimo donde la línea legal está clara, pero el conflicto por los recursos sigue abierto.
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