Con vistas a una nueva edición binacional, el foco está puesto en cómo preservar la esencia de la carrera mientras se planifica con anticipación, incorporando seguridad, coordinación y una mirada de futuro después de lo ocurrido en la temporada 2025, cuando se vivieron situaciones particularmente complejas y que comenzaron a abordarse desde las primeras reuniones de preparación en este 2026.
En ese marco, el Automóvil Club Río Grande y el entorno de pilotos fueron dando forma a los cambios que se analizan para la nueva edición.
Se incluyen decisiones sobre el modo de desarrollo de la prueba y el modo de encarar los tramos, siempre con el objetivo de que el evento se concrete sin perder su identidad.
“Estamos bastante contentos con esta noticia de que se está moviendo la comisión del Automóvil Club para que se desarrolle la carrera” indicó el piloto fueguino Matías Villarroel en diálogo con ((La 97)) Radio Fueguina.
En la conversación también se destacó que los encuentros iniciales incluyeron conversaciones específicas con quienes trabajan en la organización, y que en los próximos días la discusión incorporará las opiniones desde el lado chileno.

El antecedente de 2025 dejó enseñanzas en materia de seguridad y logística. Villarroel señaló que hubo accidentes que impactaron directamente en la continuidad del evento y subrayó que, para que la prueba pueda realizarse con garantías, deben revisarse condiciones operativas y de cobertura en los recorridos.
“Hubieron muchos accidentes y por ejemplo Gendarmería nacional Argentina no autoriza el tránsito por la ruta, el seguro tampoco cubre” afirmó el piloto en el programa “Radio Noticias”, al mismo tiempo que sostuvo que el resultado buscado es que la carrera se haga efectivamente entre Argentina y Chile, en el mismo sentido que la promovida por su propia historia: una competencia que también es hermandad y encuentro.
En la discusión binacional aparece además la cuestión de la letra chica vinculada a seguros y tramos, y el modo en que se define la vuelta completa. “En ese sentido se trabaja para que se pueda realizar la carrera, porque al final lo que importa es eso, que se haga la carrera, Argentina- Chile y Chile-Argentina”, remarcó Villarroel.
Desde esa perspectiva, el planteo que se impulsa apunta a conservar lo que caracteriza al Gran Premio de la Hermandad sin transformarlo en una experiencia distinta, manteniendo una distancia y un desarrollo que no rompan la lógica histórica del evento.
“Yo sé de muchos pilotos de allá que piensan lo mismo, que hay que tirar para el mismo lado y espero que reflexionen y cambien su postura”, añadió, marcando la importancia de una decisión alineada entre ambas delegaciones.
Parte de la planificación también se traduce en modificaciones sobre el recorrido, especialmente en sectores donde se evaluaron cambios previos. Villarroel sostuvo que en el tramo argentino se respetaría “casi todo” y que “en el sector argentino se va a cambiar de vuelta como en el 2024 y 2018, y va a ir por el lado de San Julio”, cerrando el circuito en Río Grande.
A la vez, se refirió al debate sobre el lado chileno y la posibilidad de que se opte por alternativas que prioricen el espíritu de la carrera por sobre la conveniencia de un recorrido con asfalto. “Desde el lado chileno ya hay 50 km más de asfalto. Entonces ya correr por asfalto, yo no tengo problema personalmente, pero me parece que va en contra de la carrera digamos”, dijo el piloto.
En cuanto a las formas de desarrollo, uno de los puntos sensibles es la eventual decisión de parcializar la prueba para reducir riesgos operativos y evitar que incidentes interrumpan el evento de forma definitiva.
Villarroel sostuvo que esa alternativa tiene como objetivo preservar la esencia, aunque implique un cronograma por bloques en distintos momentos del fin de semana. “Que se haga parcializado quiere decir que sería el mismo fin de semana en distintos momentos, se clasificaría el viernes como siempre”, explicó, y agregó que el domingo se replicaría el esquema, manteniendo la continuidad de la competencia.
Además, remarcó el componente ético de la planificación, recordando el perjuicio que le tocó vivir durante el último 2025, cuando el resultado se vio afectado por un accidente ocurrido en un tramo de la carrera. “Sería poco ético porque ya tengo experiencia de lo que pasó el año pasado, yo fui perjudicado” indicó.
Más allá de las condiciones del recorrido y las medidas de seguridad, Villarroel insistió en que la carrera se sostiene por el intercambio humano: la frontera como símbolo, la amistad con los pilotos del país vecino.
“A mí me parece que la esencia de la carrera es la hermandad en sí, cruzar la frontera, venir corriendo, la amistad que tenés con los pilotos chilenos, ir a comer a una Estancia. Me parece que eso es la esencia de la carrera y es lo que hay que mantener”, remarcó.
El piloto fueguino corrió en karting desde los 7 años hasta los 18, y el gran premio de la hermandad lo corre desde el 2013, cuando debutó ganando con su padre. Ganó cuatro veces y consiguió buenos desempeños en el resto de las ocasiones.
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