La inasistencia reiterada y la acumulación de faltas se convirtieron en una preocupación para las instituciones educativas de la provincia, especialmente cuando se observa la persistencia de estudiantes que, a esta altura del año, alcanzan el estado de AREI, es decir, alumnos regulares con exceso de inasistencias.
La problemática, según explicó en ((La 97)) Radio Fueguina la profesora Alejandra Franck, es un fenómeno que la escuela viene atravesando desde hace años y que se sostiene en el tiempo aun con la aplicación de mecanismos de seguimiento y advertencias.
Franck sostiene que las reglas de asistencia no son recientes. “Es una problemática que venimos atravesando hace muchos años no es actual”, y remarca que las resoluciones que ordenan el régimen de asistencia datan de 2011.
En ese marco, las instituciones trabaja con límites claramente establecidos. “En esta resolución se establecen 25 faltas si son injustificadas o 35 si son cuestiones de salud o cuestiones que ameritan la inasistencia de los estudiantes”.
A partir de ese umbral se activan instancias formales de alerta y acompañamiento, con participación del preceptor, el equipo de orientación y comunicación con las familias.
Sin embargo, la dinámica del problema se complejiza en el aula. “Porque ha faltado más de 30 veces a la escuela”, adviertió en el programa “Un gran día”, y señaló que en algunos casos el estudiante ya no llega a consolidarse como AREI, aunque se observan trayectorias que se acercan al límite o que se alteran por otras formas de incumplimiento.
Entre ellas, Franck remarca un patrón que aparece con frecuencia en los relevamientos: la acumulación de llegadas tarde. Aun cuando los estudiantes asisten y permanecen dentro del establecimiento, la acumulación de retrasos termina afectando el cumplimiento general requerido para sostener la regularidad.
Se realizaron acuerdos y se intentaron estrategias para reforzar la responsabilidad en la puntualidad, pero los resultados no alcanzan para revertir el problema. “Desde esa época ya se preveían estudiantes que habían agotado el límite de faltas que está previsto”, expresa la profesora, al tiempo que sostiene que, en la práctica, cuesta sostener el hábito desde el ámbito familiar.
“Costó y sigue costando mucho poder reforzar y consolidar desde la familia la responsabilidad en la puntualidad en el horario”. En este punto, la entrevistada describe que en ocasiones la respuesta no se logra como se espera, ya sea por condiciones laborales o por dificultades de comunicación que impiden el seguimiento.
Los mecanismos institucionales existen y se activan de forma progresiva. “A las 5 faltas el preceptor advierte, a las 8 faltas y a las 15”, detalla Franck sobre el esquema de alertas, que incluye llamados a la familia, información al equipo de orientación y convocatorias para revisar qué está ocurriendo.
No obstante, la profesora afirma que en algunas situaciones las familias no logran acercarse o no se establecen canales de contacto efectivos, y eso deja sin resolver el motivo de la inasistencia o de la acumulación de retrasos. “Llaman a la familia y esta tampoco viene”, señala, y agrega que en varios casos no se consigue dar con quienes deben intervenir para ordenar la asistencia.
La pérdida de minutos por llegadas tarde también se presenta como un factor que impacta en el aprendizaje y en la vida escolar. Franck explica que el retraso no es solo un dato administrativo.
“El estudiante pierde en esos 15 o 20 minutos que llegó tarde difícilmente se recupere”, sostiene, y agrega que el ingreso tardío interrumpe el inicio de la clase y el vínculo cotidiano.
“No es solamente la llegada tarde sino el recibimiento de los estudiantes, darle los buenos días”, resume. Para la escuela, cada ingreso desordenado afecta el modo en que se instalan rutinas que acompañan el día a día.
Con el avance del ciclo lectivo, los relevamientos que se inician en abril permiten detectar señales tempranas. “Es muy probable que tengamos ya estudiantes con exceso de inasistencia que no lleguen al tope pero que están en vías de llegar”, afirma la entrevistada.
Por eso, la institución despliega acciones para anticiparse al riesgo de mayores niveles de abandono. En ese proceso, Franck advierte sobre un escenario difícil de revertir. “Estamos en un riesgo de estudiantes desenlazados, desescolarizados, que es bastante difícil luego reincorporar al sistema”, y sostiene que el objetivo es la reinserción al ámbito educativo.
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