Necochea y Quequén se enfrentan, divididas pero unidas por el río que las separa, se trata de dos ciudades que comparten paisaje pero a veces no carácter. Necochea parece ser un lugar más urbano: con barrios, plazas y demás, mientras que Quequén tiene un aire más portuario con rutas de trabajo y carga que tiñen el aire que se respira. Visitar estas ciudades juntas es bastante intrigante, ya que te hace cambiar de paisaje sin moverte mucho.
No es ningún misterio que el mar es un punto de encuentro, pero no para un día de sol y playa. En esta zona, se camina por la costa. Las playas son amplias, pero el viento es un factor constante, por lo que probablemente sea mejor mantener la sencillez: dar largos paseos, buscar un lugar donde refugiarse y regresar por una ruta diferente. Algunos días, el Atlántico se ve serio, gris, pero no triste; otros días, es tan ligero que ni siquiera se nota el paso del tiempo.
Como en cualquier escapada corta, la clave para disfrutar de esta zona es llegar sin cansancio acumulado. Si el recorrido es largo, el micro puede jugar a favor: viajás de noche, descansás en el trayecto y te bajás con la cabeza más liviana para empezar a recorrer. Para planificarlo mejor, comparar pasajes a Necochea con distintos horarios y empresas ayuda a elegir la opción más conveniente. También es una manera de esquivar los gastos que suelen pasar desapercibidos cuando vas en auto y terminan encareciendo el plan.
Por otro lado, el puerto es también un capítulo en este par de ciudades que, aunque no es tan atractivo visualmente como el puerto de Mar del Plata, es también imponente. Ver cómo se mueven las cosas (camiones, barcos, etc.) te cambia la perspectiva: no siempre se trata de turismo; a veces es también interesante ver algo nuevo y distinto. Si buscas la foto perfecta, te decepcionarás, pero si ves la realidad tal y como es te fascinará.
El parque Miguel Lillo en Necochea ofrece un bonito contraste: bosque y mar juntos. Si te cansás de la costa, siempre podés adentrarte en el bosque y cambiar de ritmo, clima y sonidos. A veces, cuando el viento te supera o te cansás de lo mismo de siempre, el bosque ofrece un respiro muy bienvenido. El paisaje de Quequén puede no ser tan espectacular, pero el contraste con el mar hace que la experiencia valga la pena.
En última instancia, el recuerdo de la experiencia será una de sensaciones físicas: el viento en la cara, los sonidos del mar, las piernas cansadas. Dos ciudades con un solo océano Atlántico frente a ellas. Y esa costa menos pulida, que a algunos les encanta y a otros les cuesta aceptar, es precisamente su encanto.
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