Río Grande vivió este sábado una jornada a puro sol y los vecinos, puestos en aviso por el pronóstico meteorológico, prepararon el termo y salieron a disfrutar de los atractivos naturales de Tierra del Fuego.
Unos cuantos utilizaron la Ruta Nacional Nº 3 para dirigirse hacia el sur; otros, tomaron el camino contrario y marcharon hacia la reserva natural urbana Cabo Domingo y sus alrededores para pasar un «día de campo».
Sin embargo, este escenario tan tradicional para las familias se transformó (es cierto, desde hace tiempo) en un circuito improvisado para los imprudentes de siempre que a bordo de motos y cuatriciclos circulan a toda velocidad entre los médanos.

A esto se suma la falta de controles y la ausencia de las autoridades, que jamás delimitaron un espacio en el que nadie sabe muy bien por dónde se circula en vehículo, por dónde a pie y dónde puede uno tirar la manta para compartir la merienda con los suyos.
Los entredichos entre conductores y vecinos son constantes y de milagro, solo quedan en eso. El peligro está latente y, consuelo de tontos, aún se está a tiempo de regular lo que allí sucede.
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