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Susto en un vuelo de Aerolíneas Argentinas que llegaba a Ushuaia

El avión había partido de Córdoba. Una supuesta falla eléctrica provocó angustia entre los pasajeros y dificultades en el aterrizaje en el aeropuerto Malvinas Argentinas.

Momentos de tensión y también de angustia vivieron los pasajeros del vuelo de Aerolíneas Argentinas que arribaba a Ushuaia, procedente de la ciudad de Córdoba.

Se trata del servicio AR 2861 del sábado 28 de diciembre que partió del aeropuerto Ambrosio Taravella de la capital cordobesa a las 12,15 y debía arribar al Malvinas Argentinas a las 16 horas.

“Faltando alrededor de una hora aproximadamente algo pasó, ya que el avión comenzó a perder altura, se apagaron todas las luces y disminuyó la velocidad”, relató el periodista fueguino Raúl Vázquez en su página en Facebook.

El comentario en la red social continúa relatando que “Después de algunos minutos habló el comandante de la nave para decir que había un problema eléctrico y que era posible que se tendría que descender en el aeropuerto más cercano, que todos permanecieran sentados y con los cinturones ajustados”.

“Luego de unos 15 minutos más o menos, nuevamente habló para comunicar que se habían seguido todos los pasos del protocolo para este tipo de situaciones, pero que seguía la posibilidad de tener que bajar en el aeropuerto más cercano”, refiere el periodista.

Para entonces, era inevitable el nerviosismo entre el pasaje, mientras la tripulación se movía notoriamente alterada a lo largo de la cabina.

“Pronto se encendieron las luces –relata Vázquez- luego se apagaron nuevamente y después se volvieron a encender”. “Entonces habló el comandante para decir que se iba a seguir con el vuelo para descender en Ushuaia, pero al acercarnos a la ciudad había mucho viento norte y comenzó el baile, como se acostumbra a decir, lo que sumado al nerviosismo que ya traíamos muchos pasajeros empezaron a angustiarse aún más”.

Producido el dificultoso aterrizaje, la nave no se acercó a la manga, como es habitual y los angustiados pasajeros fueron descendidos por una escalerilla y debieron caminar los 20 metros que los separaban del edificio de la terminal.

“Lo peor del caso es que nunca se nos explicó lo que había ocurrido realmente. Así que bajamos pensando en que fuimos testigos de un milagro y que como decimos… No era nuestra hora”, concluye el relato.

Al llegar al edificio principal nadie de la empresa se acercó a los pasajeros para darles contención o explicaciones sobre lo sucedido. “Lo único que queríamos era irnos lo más rápido posible a casa”, expresó Raúl Vázquez, en diálogo con radiofueguina.com.





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