No sólo porque entrecruza los nombres de los dos próceres máximos en la historia de la República Argentina. La esquina de San Martin y Belgrano es, por muchos motivos, el sitio emblemático por excelencia en el mapa de la ciudad de Río Grande.
Punto de encuentro de personas, historias y sentimientos, esa intersección ha visto pasar el trajinar de pioneros, magnos actos de comunidades latinoamericanas, celebraciones deportivas, luchas sociales y hasta se convirtió en sitio convocante del dolor por Sofía Herrera, el duelo máximo que todos los riograndenses han pasado y arrastran todavía.
Bien hecho está, entonces, que haya sido ese cruce el elegido para emplazar ese entramado de hierros y bulones que imitan en escala una torre de explotación petrolera, señera de los fueguinos y auténtica fuente de vida en el nacimiento, crecimiento y avatares de Río Grande y toda su zona.
Un monumento que no nació de la inspiración de ningún artista, que no vale por lo estético sino por todo lo que tiene de simbólico y que no fue creado por mandato de ningún funcionario. Está allí por la perseverancia de un pionero petrolero como Juan Degratti, que la construyó, la emplazó hace casi medio siglo en Piedrabuena y San Martín, la rescató de la basura a donde un infame ex jefe comunal la mandó a tirar, la posicionó finalmente en su lugar actual y la mantiene y la repinta cada tanto, para paliar la indiferencia y el abandono a la que la somete la burocracia estatal.
Sitio histórico
A pesar de que no ha sido reconocida oficialmente, aunque los funcionarios la ignoren por completo, la pequeña escultura de hierros (y -sostenida en ella- el clamor por Sofía) es verdaderamente una referencia histórica que merece como mínimo el respeto de la sociedad. Con mucha más razón si se trata de políticos, funcionarios o individuos que pretenden llegar a serlo.
Dicho esto, sólo cabe esperar que con la urgencia del caso recapaciten los responsables y vayan a quitar de encima del monumento el cartel que un precandidato político decidió imponer, aprovechando la ubicación privilegiada de la maqueta petrolera, bastardeando al afiche de Sofía que quedó debajo de él.
Es dable pensar que al precandidato en cuestión no se le ocurriría faltarle el respeto de tal modo a sitios emblemáticos de su ciudad, Ushuaia.
No se atrevería –creemos- a colgar un letrero con su nombre en el frente de la Casa Beban o estropear con pegatinas el cartel que les da la bienvenida a los turistas frente al puerto; tampoco pintar grafittis que promocionen su apellido en los muros de la vieja Legislatura.
¿Por qué entonces venir a agredir un sitio de tamaño significado para los riograndenses?
No están en tela de juicio aquí su valía como candidatos ni sus valores personales o políticos. Pero está claro que se han equivocado en esto.
Están totalmente equivocados sus seguidores, si de este modo creen que van a ganar el voto de los riograndenses.
O lo quitan ellos o que alguna autoridad les ordene hacerlo. Pero de ningún modo la campaña proselitista puede ser excusa para agredir el patrimonio público impunemente.
Comentarios