En la jornada de ayer, ocurrió en Río Grande un hecho que desnuda nuevamente una triste realidad: la ciudad no está preparada para el tránsito de discapacitados, minusválidos, ancianos, embarazadas o madres solteras..
Es que en el ejido urbano faltan estacionamientos aptos para estas personas, las rampas para sillas de ruedas en las esquinas brillan por su ausencia (salvo en la zona céntrica) y las unidades del transporte público de pasajeros no están preparadas para satisfacer las necesidades de todos aquellos que tienen problemas para trasladarse.
Discusión de un colectivero con una madre
Ayer por la tarde, un chofer de la Línea C de Montecristo discutió con una madre a la que no quería dejar subir a la unidad con su carrito de bebé armado, y a la que finalmente accedió a dejar ingresar, no sin antes advertir que era la última vez que ocurría esto.
La madre, sin posibilidad de cargar a su bebé mientras desarmaba el carro, explicó la situación al colectivero, aunque este no mermó en su enojo.
La poca humanidad del chofer coincidió con su escasa fortuna: en ese mismo momento, el concejal radical Paulino Rossi viajaba en la unidad, por lo que, según publica él mismo en las redes sociales, ayudó a la madre a desarmar el carro y a subirse al colectivo.
Según denuncia a través del mismo medio, ya está realizada la presentación al organismo pertinente, solicitando que además los choferes de colectivos estén obligados a colaborar con las personas que intentan subir a la unidad y tienen problemas de movilidad.
El escrito del Concejal
En la mañana de hoy tomé el colectivo de la Línea C para llegar a mi trabajo. Cuando descendí, en la intersección de Espora y San Martín, pasó algo que realmente me indignó.
En esa misma parada una mamá intentó ascender al transporte con un carrito de bebé donde dormía su hijo. El colectivo en cuestión es de aquellos más antiguos, por lo que el piso es bastante alto, entonces, ayudé a la mujer a subir.
Una vez arriba, el chofer le dijo a la mamá que era la última vez que la dejaba ingresar con el carro armado, pero ¿cómo una mujer sola con el bebé dormido puede llegar a desarmar el coche e ingresarlo al transporte con el niño a cuestas? Ante el comentario del colectivero, intercedí diciéndole que era imposible que esto sucediera y que, además, en ningún lado está prohibido, de hecho se está obligando el uso de colectivos con piso bajo para facilitar el transporte de personas con discapacidad y coches de bebé.
Esta situación me generó bastante enojo. Siento que faltan personas predipuestas y solidarias, falta mucha empatía en nuestra sociedad.
Obviamente, no me quedé con los brazos cruzados y elevé una denuncia al organismo competente contando lo acontecido y, además, sugerí como exigencia que los choferes de colectivos se encuentren obligados a ayudar a las personas que tengan alguna dificultad a ingresar al colectivo en cada parada.
Es muy importante para el crecimiento de una ciudad, para el desarrollo de una comunidad, el amor, el respeto y la empatía con el otro. Un grano de solidaridad no nos quita más tiempo. Detenerse a pensar que ayudando al otro estamos aportando a nuestro propio crecimiento personal, es una acción que debemos poner en práctica cada día.
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