La semana en Río Grande había trnscurrido con muchas complicaciones en el tránsito.
Exceso de velocidad, imprudencia, impericia y prepotencia se conjugaron con otras causas no menores para arrojar una suma de siniestros como pocas veces se ha visto.
Aunque ninguno dejó un saldo grave o luctuoso en materia de víctimas personales, pareciera que es lo que muchos están buscando con su actitud al manejar.
En línea con los días anteriores, el fin de semana puede considerarse caótico. Dos vuelcos poco explicables en zona urbana, dos tremendos choques, uno en Pellegrini y San Martín y otro en el cruce semaforizado de Ruta 3 y Obligado. Y un sinnúmero de accidentes menores que no figuran en la crónica policial pero que se suman al gasto en materia de arreglo de chapas y de mobiliario urbano dañado.
Justamente esta semana la dirección de Tránsito ha advertido acerca del crecimiento de la cifra de conductores que no superan el control del alcoholímetro. Otro informe exhibía la manera irresponsable como muchos (demasiados) pasan el semáforo sin importarles la luz roja que les está ordenando detenerse.
Un dato que, tal vez, sea materia de análisis más detenido: La gran mayoría de los siniestros están siendo protagonizados por conductores de menos de 30 o 35 años de edad.
Como sea, estudiando las causas, previniendo y preocupándose por las consecuencias, está claro que algo hay que hacer. La ciudad parece tierra de nadie en materia de tránsito
Todo indica que ha llegado la hora de poner el freno, la cosa está yendo de mal en peor.
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