Los saltos en política no tienen límites y desde que alguien proclamara que «las ideologías han muerto», la pertenencia y las convicciones partidarias han pasado a ser tan efímeras y dinámicas que ya ni tiempo dan para el asombro.
Así, se pueden ver en los últimos tiempos que cualquier candidato puede aparecer en la lista de cualquier partido o «frente», tan sólo por su interés personal y sin importar cuál ha sido hasta entonces su convicción, su afiliación o su promesa de lealtad fingida.
Sin embargo, que el candidato de una facción vote en la interna de otro partido, ajeno completamente a su postulación, resulta llamativo y talvez hasta inaudito, tanto como digno de asombro.
Asombro como el que provocó en todos los presentes en la escuela 2, al momento en que una candidata a legisladora del PRO se hiciera presente para emitir su voto como un afiliado radical más.
Se trata de Silvia Rosso, quien gozara (tanto ella como su esposo) de los privilegios de ser nombrada funcionaria en el gobierno radical del Municipio y que como tal ejerció hasta llegado el momento de su jubilación.
No hace una semana fue anunciada su candidatura a legisladora del PRO y competirá en junio contra los candidatos de la UCR, por lo que, en medio de comentarios de todo tipo, algunos se preguntaron a quién elegiría Rosso para pujar contra ella misma. O habrá votado en blanco para que «pierdan todos»?
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