El pontífice iba camino de visitar una parroquia ubicada en el barrio periférico de Roma de Pietralata, junto al párroco monseñor Aristide Sana, cuando pidió a sus ayudantes que hicieran un desvío para detenerse en el campo de inmigrantes de varias nacionalidades, rom y también latinoamericanos, del cual había oído hablar.
«Salió del vehículo y la gente se sorprendió cuando lo vieron frente a sus viviendas», dijo el párroco Aristide Sana, que se trasladó a toda prisa al lugar cuando se enteró a último minuto de la parada imprevista del papa.
Las imágenes televisivas mostraron a Francisco rodeado de personas, en su mayoría de Perú y Ecuador, según dijo Sana. Salieron de sus hogares, hechos de cemento, madera y metal corrugado.
«¿Cuántos de ustedes aquí hablan español?», preguntó Jorge Bergolgio, en tono de broma y con su típico acento porteño.
«¡Todos! ¡Todos!», le contestaron, divertidos y sorprendidos los vecinos del lugar.
Sana, cuyos feligreses llevan comida y ropa al poblado, dijo que en la comunidad, compuesta por unas 150 personas, también vive gente procedente de Rusia, Eritrea, Ucrania y Polonia.
Durante la visita fuera de programa, Francisco rezó un padrenuestro en español junto con los latinoamericanos y los bendijo, informó el vocero del Vaticano, Federico Lombardi.

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