Un día después de que se cumplieran cuatro meses de la desaparición de los estudiantes mexicanos y miles de ciudadanos marcharan exigiendo justicia y verdad, la Procuraduría General de México puso fin a su silencio.
El Procurador General Mauricio Murillo Karam reveló en una extensa rueda de prensa que las pruebas científicas y periciales del caso Ayotzinapa confirmaron “a plenitud” que los normalistas fueron asesinados e incinerados en un basurero del municipio de Cocula a manos de miembros del crimen organizado “por tener infiltrados de una banda rival”.
“Los estudiantes fueron señalados por delincuentes del grupo Guerreros Unidos como integrantes del grupo antagónico de Los Rojos”, explicó el director de la agencia de investigación criminal de la Fiscalía, Tomás Zerón.
El Procurador presentó el testimonio de Felipe Rodríguez Salgado, alias “El Cepillo”, miembro de Guerreros Unidos y quien habría sido jefe de los sicarios que los ejecutaron. Rodríguez fue detenido el 15 de enero tras ser deportado desde E.U.
Murillo también dijo contar con confesiones de decenas de policías municipales de las localidades de Iguala y Cocula que entregaron a los estudiantes a un grupo de sicarios y con el testimonio de al menos una decena de sicarios que interrogaron, ejecutaron, incineraron y lanzaron a un río los cuerpos de los jóvenes.
En total, hay 99 detenidos por este caso, entre ellos el exalcalde de Iguala José Luis Abarca y esposa María de los Ángeles Moreno, considerados autores intelectuales y operadores de Guerreros Unidos.
A partir de 487 dictámenes periciales, 386 declaraciones y dos reconstrucciones de hechos, el ente investigador determinó que los jóvenes fueron privados de la libertad por policías de Iguala y que posteriormente fueron asesinados, incinerados y arrojados al río San Juan por los criminales.
Las pruebas también confirmaron que los cuerpos fueron quemados en una hoguera que alcanzó los 1.600 grados centígrados, por medio de la combustión de llantas, leña y a la orografía del terreno, de unos 40 metros de profundidad.
El fuego de más de 12 horas hizo que la mayoría de los restos que fueron hallados en bolsas de basura junto al río y en el lugar de la hoguera quedaran tan dañados que no se les pudiera extraer los datos genéticos para su identificación.
De estos restos, 17 fueron enviados a un laboratorio de Austria “porque eran los que mayor posibilidad tenían de ser identificados”.
Los forenses lograron la identificación de uno de los estudiantes, Alexander Mora, bajo métodos rutinarios, por lo que los otros 16 restos van a ser sometidos a una técnica más prometedora, pero cuyos resultados tardarán “un buen tiempo”.
Los funcionarios de investigación dijeron que los cuerpos fueron quemados la noche del 27 de septiembre, un día después de la desaparición y que los restos incinerados fueron empacados en varias bolsas y arrojados a un río cercano.

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