Fiel a su estilo el papa Francisco asombró a los fieles que lo esperaban en la plaza San Pedro: le arrojaron una pelota, él la atrapó y la devolvió autografiado, cual estrella del deporte.
En una de sus frecuentes recorridas por la plaza, el Sumo Pontífice, acompañado por sus custodios, saludó pacientemente a las decenas de personas que aguardaban su salida.
En una inesperada muestra de afecto, una persona le arrojó una pelota de béisbol, Francisco saltó, la atrapó, la firmó y su custodio la devolvió a la multitud. Un inusual recuerdo se llevó este fiel a su hogar.

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