En Río Grande, la realidad de muchas familias se ha reducido a lo esencial. La referente del Comedor «Las Familias», Alejandra Soto, advirtió en ((La 97)) Radio Fueguina un aumento constante de vecinos que solicitan mercadería o consultan cómo incorporarse a la lista de asistencia. El denominador común, afirma, es la delicada situación socioeconómica que atraviesa la comunidad.
El día a día refleja una ciudad cuya red solidaria enfrenta una demanda creciente. La gestión de los cupos es un punto crítico. “Tengo 47 familias y no quiero sumar más. Atiendo a las que ya están, y si puedo, cuando me queda comida, llamo a alguien que está esperando para ingresar”, explicó Soto, evidenciando la dificultad de equilibrar necesidades y recursos. Aun así, admitió que muchas veces se quedaron sin comida «y tratamos de darle a todos, pero no siempre es posible”.
Las causas de esta vulnerabilidad son diversas. “Hay gente que perdió el trabajo; otros tenían microemprendimientos y con el aumento del alquiler ya no pueden sostenerlos”, detalló. También menciona situaciones personales que agravan la precariedad, como familias donde “se enfermó un hijo”, lo que incrementa los gastos y obliga a pedir ayuda.
Las restricciones en la entrega de mercadería han sumado complejidad. Según relató, tanto el Municipio como el Gobierno limitaron los productos destinados al comedor porque “la gente empezó a venderlos”, por lo que ahora “la mercadería se nos da únicamente para cocinar”.
Aun así, la red de apoyo vecinal continúa vigente. “Muchas veces puedo entregar algo más porque, además de la comida, doy la merienda, y si tengo fideos, puré de tomate u otras cosas, es porque me lo dona otra persona”, contó. Asimismo, subrayó la importancia de los colaboradores que complementan los aportes estatales. Relató que hay vecinos que agradecen incluso recibir “un paquete de fideos, arroz o puré de tomate”, aunque reconoce que otros “piden que se les llene la heladera o el menú del día”.
La dimensión humana de esta tarea también se refleja en la gratitud y la cooperación. Soto destacó que muchas personas “son muy agradecidas” y que recibe apoyo constante de la comunidad. En este sentido, recordó incluso un episodio en redes sociales, cuando fue cuestionada por pedir colaboración en la preparación de alimentos. “Me escracharon, pero gracias a Dios, todos los que me conocen me apoyaron. Ese respaldo fue un aliento y me dio más fuerza para seguir”.
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