El cónsul de Chile en Río Grande, Julio Villarroel, analizó las particularidades del sistema educativo de su país, sus costos y la relación con Argentina en las zonas de frontera. Habló de estos temas durante una entrevista en el programa “Un gran día”.
Según planteó, el eje de la cuestión no pasa por el precio de la educación en sí, sino por las barreras de acceso y las condiciones del estudiante.
Villarroel atribuyó a la cercanía geográfica la costumbre de los patagónicos chilenos de estudiar en Argentina. “Tiene que ver con el centralismo de las grandes universidades”, afirmó.
Recordó que las principales casas de estudio están en Santiago, Concepción y Valparaíso. Mencionó además convenios específicos entre ambos países en zonas fronterizas, donde los chilenos se atienden en Argentina y los argentinos en Chile, con acuerdos que contemplan la atención recíproca.
Sobre el sistema universitario, distinguió entre las universidades públicas, las tradicionales nacidas de la filantropía y las privadas surgidas en los años 80.
Él mismo cónsul comentó que estudió en la Universidad de Valparaíso, la cual describió como privada pero tradicional.
Explicó que aquellas universidades creadas en esa década solían no tener derecho a becas estatales por falta de acreditación, lo que obligaba a los estudiantes a costear la carrera con recursos propios.
En cuanto a los aranceles, precisó que las pedagogías son las carreras más económicas. “Una pedagogía anualmente puede costar unos 3 millones de pesos chilenos”, sostuvo, mientras que medicina u odontología, las más caras por los insumos que requieren, entre otras cosas; siendo que rondan los 7.000 u 8.000 pesos al año en moneda chilena.
Aclaró que el costo depende del lugar donde se estudie y del resultado de la selección universitaria, ya que un puntaje bajo cierra las puertas a las mejores instituciones y empuja a los estudiantes hacia universidades privadas de menores requisitos.
“No es por el hecho de que la educación sea cara”, subrayó, y puso el foco en el acceso y en las barreras que enfrentan los postulantes.
La diferencia con Argentina se advierte también en el plano gremial. El cónsul aseguró que los docentes universitarios chilenos no realizan paros y que, en su época de estudiante, su carrera continuaba con clases dictadas en hoteles mientras se extendían las medidas de fuerza.
En el nivel secundario, la situación varía según el tipo de establecimiento, con un 60 por ciento de educación pública, un 30 por ciento de colegios subvencionados con tarifas reguladas y el resto privados.
Sobre los motivos de los conflictos, sostuvo que no responden a un tema de ajuste salarial. “No pasa por un tema de ajuste salarial cuando hay un paro”, señaló, y explicó que las medidas suelen originarse en incumplimientos previsionales del empleador y no en sueldos bajos.
Como referencia, indicó que un docente de educación básica que recién comienza gana cerca de un millón de pesos chilenos mensuales, alrededor de 1.000 dólares, cifra que puede duplicarse con los incentivos por años de carrera.
Comentarios