Un nuevo reto viral entre adolescentes volvió a encender las alarmas de familias y especialistas: consiste en desaparecer durante 48 horas sin tener contacto con familiares ni personas conocidas. La Lic. en Psicología, Lorena Boschetti, explicó en ((La 97)) Radio Fueguina que «es un desafío que circula desde hace bastante tiempo en redes sociales, aunque cada tanto vuelve a aparecer con fuerza».
La especialista remarcó que, aunque a los adultos este tipo de conductas «nos pueden parecer absurdas», en los adolescentes todo lo que tiene que ver con ser vistos y reconocidos por sus pares «adquiere otra dimensión». Detalló que el desafío obliga a las familias a radicar una denuncia, ya que «de ninguna manera, aún sabiendo que puede tratarse de un desafío viral, podemos demorar la búsqueda». Boschetti advirtió, además, que al participar de este tipo de prácticas «los chicos se exponen» a ciertos peligros, ya que «hay abusadores o personas que pueden aprovechar esa vulnerabilidad, y convencerlos de sumarse al desafío, generando una situación de verdadero peligro».
Consultada sobre si este fenómeno responde a la misma lógica de otros retos virales, la psicóloga afirmó que los adolescentes «se desafían entre ellos a realizar determinadas prácticas que resultan llamativas» y así «van subiendo la vara para ver quién llega más lejos, quién consigue mayor repercusión o quién logra destacarse» dentro del grupo de pares, tanto en la escuela como en los espacios virtuales.
Sobre la magnitud de movilizar a las fuerzas de seguridad y a las familias, Boschetti explicó que no se trata de que los chicos no entiendan la gravedad de la situación, sino que «el cerebro funciona de una manera diferente al momento de tomar decisiones» durante la adolescencia, un período en el que «muchas veces pesa más la presión social de los pares». Amplió que no se puede pensar a un adolescente «como si tuviera un cerebro adulto, porque todavía está atravesando un proceso de maduración», lo que explica conductas que desde la mirada adulta «pueden resultar difíciles de comprender».
Asimismo, la profesional vinculó este fenómeno con otros desafíos virales que se potencian con el tiempo y recordó, a modo de comparación, los casos de adolescentes que se organizaban para planear tiroteos en escuelas: «Lo que está detrás de estas conductas es una lógica que siempre existió: acciones que son reforzadas por los pares y que permiten a quien las realiza sentirse visto o reconocido».
Boschetti cerró su análisis señalando que la vara de estos desafíos «va subiendo» y aparecen conductas cada vez más violentas, en un contexto donde los chicos consumen contenidos de riesgo desde edades tempranas a través de videojuegos, televisión y redes sociales, «en particular», muchos de ellos, a través de TikTok.
En esta misma línea, agregó que «si un chico no tiene acceso a las redes sociales, es mucho menos probable que llegue a determinados desafíos», motivo por el cual, señaló, en otros países se establecieron limitaciones al uso de redes sociales por parte de menores con el objetivo de protegerlos. Asimismo, explicó que los cerebros funcionan a partir de sistemas de recompensa y que las redes sociales «también generan una búsqueda de reconocimiento y status», donde la necesidad de obtener determinada respuesta de los demás «puede convertirse en un incentivo muy fuerte».
Frente a las limitaciones que puedan existir para restringir el acceso de los adolescentes a las redes, la psicóloga sostuvo que hay que apelar a la difusión y a la generación de conciencia a través de los medios de comunicación, informando qué ocurre con los chicos cuando participan de estos desafíos, pero también comprendiendo otros efectos del consumo permanente de redes sociales. En ese sentido, mencionó que existe «una menor tolerancia a la frustración y una búsqueda constante de estímulos rápidos» asociada al consumo de videos cortos, lo que puede dificultar sostener actividades que requieren mayor concentración, como la lectura, además de generar irritabilidad y problemas para mantener la atención.
La especialista remarcó que «tenemos que seguir hablando de estas cuestiones a través de las organizaciones y de todos los espacios posibles», ya que como adultos «tenemos la responsabilidad de cuidar a esta generación». Citó, además, que existen numerosas investigaciones publicadas en revistas científicas sobre el impacto de las redes sociales en los adolescentes, así como estudios sobre el funcionamiento del cerebro, la personalidad y la toma de decisiones en relación con los pares y la percepción social.
Sobre los retos virales, Boschetti resaltó que «son modas», las cuales «van cambiando con el tiempo, pero los mecanismos que los sostienen son los mismos». Por eso, planteó la necesidad de correrse «un poco del lugar de sermonear y empezar a escuchar», ya que a partir de los 14 años aproximadamente, los adolescentes comienzan a dejar de escuchar a sus padres de la misma manera y la opinión de sus compañeros adquiere mayor peso. Finalizó remarcando que es necesario correrse de una posición exclusivamente directiva «y escuchar a los chicos», porque «solo de esa manera podremos conocer qué les está pasando y detectar cuándo pueden encontrarse frente a una situación de peligro».
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