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El recuerdo de Gustavo Blanco

Del recinto a la historia: cómo se construyó la Constitución de Tierra del Fuego

El exdirector parlamentario de la Convención Constituyente de 1991 repasó los cinco meses de trabajo que dieron origen a la Carta Magna provincial, recordó anécdotas inéditas y destacó la vigencia de un texto que considera adelantado a su tiempo.

Cada 1° de junio, Tierra del Fuego recuerda uno de los hitos más trascendentes de su historia institucional: la jura de la Constitución Provincial, el paso definitivo que consolidó el proceso iniciado con la provincialización del entonces Territorio Nacional.

A 35 años de aquel acontecimiento, Gustavo Blanco, quien se desempeñó como director parlamentario de la Convención Constituyente de 1991, repasó en ((La 97)) Radio Fueguina los meses de intenso trabajo, los debates que dieron forma a la Carta Magna fueguina y algunas anécdotas poco conocidas de aquellos días que marcaron el nacimiento institucional de la provincia más joven del país.

Cinco meses de trabajo para construir la Provincia

Blanco recuerda que las celebraciones del aniversario comienzan varios días antes del 1° de junio. El 17 de mayo de 1991, la Convención Constituyente sancionó y promulgó el texto constitucional, dando por cumplido el mandato establecido por la Ley Nacional 23.775, que había convertido al Territorio Nacional de Tierra del Fuego en provincia y convocado a la elección de los 19 convencionales encargados de redactar la nueva Constitución.

Luego de la aprobación definitiva, gran parte de los constituyentes viajó a Buenos Aires para entregar personalmente un ejemplar al entonces presidente Carlos Menem. Mientras tanto, en Ushuaia continuaban las tareas administrativas para preparar la publicación oficial y organizar la ceremonia de jura prevista para el 1° de junio.

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El trabajo silencioso detrás de la Convención

Aunque suele ser identificado como una de las figuras visibles de aquel proceso, Blanco destacó que el trabajo fue el resultado del esfuerzo de un grupo reducido de empleados legislativos.

«Yo era la cara visible de un equipo de 13 personas que trabajábamos en la Legislatura Territorial. Tuvimos que organizar desde la taquigrafía hasta las comisiones, la mesa de entradas y toda la información parlamentaria necesaria para que la Convención pudiera funcionar», recordó.

Una de sus primeras propuestas fue evitar la división de los convencionales en múltiples comisiones y permitir que la Convención trabajara en comisión permanente dentro del propio recinto. La idea fue aceptada por la presidenta del cuerpo, doña Elena Rubio de Mingorance, y terminó convirtiéndose en una herramienta clave para agilizar los debates.

Durante cinco meses, las jornadas comenzaban a las nueve de la mañana y se extendían hasta altas horas de la noche. Mientras los convencionales debatían, el personal técnico tenía la tarea de transcribir y ordenar cada discusión para que al día siguiente el trabajo pudiera continuar sin demoras.

«Terminábamos cerca de las diez de la noche y a las ocho de la mañana siguiente todo debía estar pasado en limpio. Fue una tarea enorme, pero el compromiso de quienes trabajaron fue ejemplar», destacó.

Debates intensos, pero con respeto

La Convención reunió perfiles muy distintos. Algunos integrantes provenían de la política territorial, mientras que otros llegaban desde actividades empresariales, rurales, profesionales o administrativas.

Según Blanco, existía la expectativa de que el Movimiento Popular Fueguino, que tenía mayoría, impusiera un texto cerrado. Sin embargo, ocurrió lo contrario.

«Todos los partidos presentaron proyectos y cada artículo fue discutido. Hubo debates muy fuertes y posiciones muy firmes, pero siempre dentro del respeto. Nunca se llegó al agravio personal», afirmó.

Las discusiones alcanzaron momentos de gran intensidad, especialmente en temas vinculados al futuro político de la naciente provincia. Uno de los más recordados fue el debate sobre los requisitos que debía reunir quien aspirara a convertirse en gobernador.

«Se discutieron cuestiones muy sensibles y hubo posiciones encontradas, pero siempre con fundamentos y un enorme nivel de compromiso», señaló.

El día que el pueblo pidió jurar la Constitución

La ceremonia del 1° de junio de 1991 tuvo un clima muy distinto al de los actos protocolares tradicionales. Tierra del Fuego todavía conservaba una fuerte identidad de comunidad pequeña, donde las instituciones y los vecinos convivían con cercanía.

Blanco recordó que durante muchas de las sesiones realizadas en Río Grande los ciudadanos participaban activamente e incluso opinaban sobre los temas en discusión, y ese vínculo quedó reflejado también durante la jura de la flamante Constitución.

«Una vez realizada la ceremonia, alguien entre los presentes gritó que el pueblo también quería jurarla. Elena Rubio aceptó inmediatamente y se generó un momento muy emotivo», rememoró.

Para quienes participaron de aquella jornada, el episodio simbolizó el sentimiento colectivo que acompañó el nacimiento institucional de la provincia.

La imprenta y el miedo a una simple coma

Entre las anécdotas más curiosas que conserva el Director parlamentario, aparece una vinculada a la publicación oficial del texto constitucional. Mientras los convencionales viajaban a Buenos Aires para reunirse con el Presidente de la Nación, él permaneció en Ushuaia para coordinar la impresión del documento.

Al llegar a la imprenta se encontró con una sorpresa, donde le «dijeron que iban a empezar a tipear todo el texto. Les respondí que ni se les ocurriera hacerlo porque un error en una coma podía generar un problema enorme», contó entre risas.

La solución fue mucho más artesanal: fotocopiar cada página del original y realizar el montaje manual para evitar cualquier modificación involuntaria.

«No podíamos permitirnos errores. Cada palabra había sido revisada y debatida durante meses», recordó.

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Director parlamentario de la Convención Constituyente de 1991Gustavo Blanco.

Una Constitución adelantada a su tiempo

Tres décadas y media después, Blanco considera que el trabajo realizado por los convencionales constituyentes sigue teniendo plena vigencia, ya que a su entender, la participación de destacados especialistas en derecho constitucional y el nivel de discusión alcanzado durante aquellos meses permitieron elaborar una Carta Magna moderna y sólida.

«No creo que pudiera haberse hecho algo mucho mejor. Cada artículo se debatió durante horas con el asesoramiento de constitucionalistas de primer nivel. Los convencionales defendían sus ideas con convicción, pero también dialogaban y buscaban consensos», sostuvo.

Por eso considera que la Constitución fueguina continúa siendo un motivo de orgullo para la provincia. «Tenemos una Constitución moderna, que incluso es estudiada en algunas universidades del país y del exterior. Para el momento histórico que vivía Tierra del Fuego, fue un trabajo extraordinario», concluyó.

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