Las Termas del Río Valdez son, quizás, uno de los ejemplos más acabados de una enfermedad crónica que atraviesa la historia misma de Argentina: la extraordinaria facilidad para imaginar proyectos y la llamativa dificultad para concretarlos.
En Tolhuin, esa combinación se expresa desde hace más de cuarenta años en una secuencia repetida de anuncios, concesiones, incumplimientos, litigios, expectativas renovadas y nuevas frustraciones.
Las Termas del Río Valdez reúnen prácticamente todas las condiciones necesarias para convertirse en un atractivo turístico de relevancia regional. Ubicadas en un entorno natural privilegiado y con características únicas dentro de la provincia, podrían haberse consolidado hace décadas como un motor económico para Tolhuin.
Sin embargo, la historia tomó otro rumbo. Durante años, el predio quedó atrapado en una compleja trama de concesiones fallidas, inversiones que nunca llegaron en la magnitud prometida, conflictos administrativos y una disputa judicial que se extendió durante más de dos décadas.
La responsabilidad no recae exclusivamente en un actor. El sector privado, que suele presentarse como sinónimo de eficiencia frente a las limitaciones estatales, tampoco ofrece aquí un antecedente ejemplar. Durante años defendió posiciones jurídicas y económicas sobre un recurso que permaneció lejos de alcanzar el desarrollo prometido. Cuando se observan los resultados concretos, cuesta encontrar beneficios proporcionales al tiempo transcurrido.
Del otro lado, el Estado tampoco logró demostrar capacidad para corregir el rumbo. Distintas administraciones provinciales y municipales atravesaron la historia de las termas sin encontrar una solución definitiva. Los cambios de gestión alteraron prioridades, las estrategias variaron constantemente y los anuncios fueron reemplazando a los resultados.
Y en el medio apareció una Justicia que, con sus exasperantes tiempos y procedimientos, terminó acompañando con su característica lentitud un conflicto que parecía no encontrar nunca un punto final. Cuando el avance de los expedientes se mide en décadas, el daño no es solamente jurídico: también es económico, institucional y social.
La recuperación y las viejas dudas
La recuperación del predio por parte del Municipio de Tolhuin generó expectativas razonables. Después de tantos años, parecía abrirse finalmente la posibilidad de administrar el recurso con criterios públicos y ponerlo al servicio de la comunidad.
Sin embargo, la polémica actual vuelve a encender interrogantes que deberían preocupar. Desde la gestión del intendente Daniel Harrington afirman que la eliminación del cuadro tarifario aprobada por el Concejo Deliberante impide sostener el funcionamiento del complejo porque no existirían recursos para afrontar personal, seguridad y mantenimiento. Como consecuencia, las termas no podrían abrirse al público hasta que la situación encuentre una solución.
La explicación deja una sensación incómoda. Si la viabilidad operativa de un proyecto tan esperado dependía exclusivamente de una estructura tarifaria cuya legitimidad política todavía estaba en discusión, entonces el problema parece ser más profundo que una simple diferencia entre poderes del Estado.
Porque administrar un recurso estratégico exige prever escenarios adversos, construir consensos y diseñar alternativas. La gestión pública no consiste únicamente en funcionar cuando todo sale según lo planeado; precisamente demuestra su fortaleza cuando aparecen los obstáculos.
Lo ocurrido sugiere una preocupante falta de planificación. También revela una lógica demasiado frecuente en la administración argentina: proyectos que parecen sostenibles mientras las condiciones son ideales, pero que muestran fragilidades apenas surge la primera dificultad institucional o política.
Mientras tanto, los fueguinos vuelven a ocupar el lugar que han ocupado durante décadas. Espectadores externos de un recurso natural extraordinario en el patio de su casa, convertido en arena de disputas, demoras y controversias. Escuchan hablar de inversiones, de recuperaciones históricas y de planes de desarrollo, pero siguen esperando resultados concretos.
Quizás allí resida la verdadera dimensión del problema. Después de cuarenta años, la discusión ya no pasa solamente por quién tiene razón en esta nueva pelea política. La pregunta de fondo es por qué una provincia que posee uno de los recursos turísticos más singulares de la Patagonia todavía no ha logrado convertirlo en una experiencia accesible, sustentable y estable para sus propios habitantes.
Las termas de Tolhuin son mucho más que un conflicto local. Son el reflejo de una cultura institucional que suele fracasar allí donde más se necesita perseverancia, coordinación y capacidad de ejecución. Y mientras esa lógica no cambie, el riesgo es que la historia siga repitiéndose: nuevos anuncios, nuevas disputas y otra década perdida alrededor de un potencial que todos reconocen, pero que nadie termina de concretar.
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