Camioneta cargada con cajas en una ruta hacia la ciudad con retrato de Federico Sturzenegger superpuesto
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Debate federal

La migración por trabajo y Tierra del Fuego: por qué la idea de Sturzenegger genera dudas

La discusión no pasa solo por una frase del ministro. También vuelve a poner sobre la mesa un problema histórico argentino: la concentración de oportunidades en el área metropolitana y los límites reales de mudarse para conseguir trabajo.

En un país tan concentrado en Buenos Aires, hablar de mudanzas por trabajo puede sonar razonable en abstracto. El problema aparece cuando esa idea se baja a la vida real: conseguir vivienda, sostener un alquiler, cambiar de escuela, rearmar vínculos, acceder a servicios y encontrar un salario que realmente alcance en otro lugar no es algo que se resuelva de un día para el otro.

Por eso, cuando Federico Sturzenegger defendió la idea de que una parte del mercado laboral argentino se está reacomodando y sostuvo que “es natural la migración”, la discusión fue mucho más allá de una frase. El ministro aseguró que durante la gestión de Javier Milei se generaron unos 400.000 puestos de trabajo, con caída del empleo formal y crecimiento del trabajo independiente e informal, y además planteó que la reforma laboral puede leerse como una “ley de federalización”.

En Tierra del Fuego, ese debate tiene una resonancia especial. No porque la provincia sea ajena a la migración por trabajo, sino precisamente por lo contrario: distintos estudios muestran que su crecimiento demográfico estuvo fuertemente ligado a flujos migratorios internos, y que en 2010 cerca de dos tercios de la población no había nacido en la provincia. Es decir, para una parte importante de la sociedad fueguina, mudarse en busca de oportunidades no es una teoría: forma parte de su propia historia o de la de su familia.

Pero una cosa es reconocer que la migración laboral existe y otra muy distinta presentarla como una salida simple frente a un problema de empleo. Ahí es donde aparece el ruido que dejó el planteo oficial.

Qué significa la migración interna por trabajo

La migración interna por trabajo existe desde hace décadas en la Argentina y describe el movimiento de personas entre provincias o ciudades en busca de mejores oportunidades. El punto discutido no es su existencia, sino si puede pensarse como una respuesta rápida y natural cuando una región pierde empleo o cuando la actividad económica se concentra en otros lugares.

En el planteo de Sturzenegger, la idea aparece asociada a un cambio de composición del empleo. Según la explicación que dio, hoy puede caer el trabajo asalariado formal y al mismo tiempo crecer otras formas de ocupación, como el trabajo independiente. Ahí también conviene hacer una aclaración básica: no es lo mismo hablar de personas ocupadas que de puestos de trabajo, porque una misma persona puede tener más de un puesto. El propio Instituto Nacional de Estadística y Censos hace esa distinción en sus informes.

Esa diferencia importa porque ayuda a ordenar la discusión. Una mejora estadística en la cantidad de puestos no necesariamente resuelve por sí sola la pregunta de fondo: qué tipo de trabajo crece, con qué estabilidad, con qué ingresos y en qué territorio aparece.

Camioneta cargada con cajas en una ruta de Tierra del Fuego junto a un cartel provincial y montañas nevadas

Federalizar el país no es lo mismo que pedirle a la gente que se mude

La crítica más fuerte al planteo no tiene que ver con negar el problema histórico de la concentración en Buenos Aires. De hecho, esa concentración existe y atraviesa desde hace mucho tiempo la organización política y económica del país. En Buenos Aires y el país, Félix Luna definió esa relación como uno de los problemas más dramáticos de la historia argentina. Otros trabajos que lo citan recuerdan además una idea muy gráfica: antes de la federalización de 1880, el Estado nacional era casi un huésped de la propia ciudad de Buenos Aires.

Ese marco histórico ayuda a entender por qué la federalización puede ser una discusión válida. Lo que no necesariamente vuelve razonable es trasladar esa deuda al plano individual, como si el problema pudiera corregirse simplemente porque los trabajadores se van moviendo allí donde aparece una oportunidad.

Mudarse por trabajo no depende solo de que exista un puesto vacante. También depende de si hay viviendas disponibles, de cuánto cuesta vivir en el nuevo destino, de si el salario alcanza, de la infraestructura urbana, del acceso a salud y educación y de algo menos cuantificable pero igual de real: el arraigo. Para muchas familias, cambiar de ciudad o de provincia no es una decisión económica pura, sino una apuesta de alto riesgo.

Por qué Tierra del Fuego conoce de cerca esa discusión

Tierra del Fuego es un buen punto de apoyo para mirar este debate porque conoce de cerca lo que significa atraer población por razones laborales. La provincia creció durante décadas con fuerte impulso migratorio, sobre todo desde la promoción industrial, y esa experiencia muestra dos cosas al mismo tiempo: que la migración por trabajo existe y que nunca fue un proceso automático ni gratuito.

Esa memoria también influye en cómo puede leer este tema un lector fueguino. En la provincia, la migración no suele verse como algo extraño ni necesariamente negativo. Lo que sí puede generar resistencia es una mirada que parezca simplificar demasiado esos procesos, como si bastara con que cambie el mapa del empleo para que miles de personas reorganizaran su vida sin costos, tensiones ni límites materiales.

Además, la discusión no llega en un momento cualquiera. En los últimos días, el intendente de Río Grande, Martín Perez, presentó ante el Fondo para la Ampliación de la Matriz Productiva Fueguina una propuesta para sostener ingresos de trabajadores desvinculados de la industria. El tema se suma a una sensibilidad ya instalada en la provincia, donde las declaraciones previas de Federico Sturzenegger sobre el futuro del esquema productivo fueguino ya habían generado fuertes reacciones.

Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos también muestran que el aglomerado Ushuaia-Río Grande cerró 2025 con una tasa de desocupación de 6,6%. El número quedó por debajo del promedio nacional, pero por encima del promedio patagónico, una combinación suficiente para que cualquier discusión sobre empleo, reconversión y movilidad laboral se lea en clave concreta y no solo teórica.

Una discusión que excede a la provincia

La cuestión de fondo, entonces, no es si la Argentina necesita o no una estructura menos concentrada en el área metropolitana. Esa discusión existe y probablemente siga abierta. El punto es otro: una federalización seria exige inversión, infraestructura, servicios, vivienda, conectividad y desarrollo productivo sostenido en distintas regiones.

Sin esas condiciones, la idea de migración interna corre el riesgo de sonar más como una consigna que como una política posible. Y ahí aparece la diferencia central que deja este debate: descentralizar el país puede ser un objetivo saludable, pero no parece lo mismo que suponer que la gente puede mudarse fácilmente cada vez que el mapa del trabajo cambia.

En ese punto, Tierra del Fuego aporta una perspectiva útil. La provincia sabe, por experiencia propia, que las migraciones laborales existen. Justamente por eso también sabe que detrás de cada traslado hay mucho más que una planilla de empleo: hay costos, tiempos, decisiones familiares y territorios que tienen que estar preparados para recibir y sostener esa llegada.

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