La comunidad educativa de Río Grande impulsa la creación de la cooperadora del Colegio Dr. Ernesto Guevara, una iniciativa sin fines de lucro que busca responder a las falencias estructurales de la institución técnica y bachiller, y garantizar transparencia en el manejo de donaciones para beneficio de sus estudiantes.
Sebastián Cárcamo, presidente de la nueva cooperadora del Colegio Dr. Ernesto Guevara, explica que la iniciativa nace de la necesidad compartida por padres, docentes y la propia comunidad educativa de dotar al establecimiento de recursos para cubrir carencias que aún persisten.
La historia detrás de la cooperadora comenzó el año pasado, cuando el gobierno de la provincia invitó a las instituciones a conformar cooperadoras escolares. En ese marco, un padre de familia decidió inscribir a su hijo en primer año, en la modalidad técnica, y terminó impulsando, junto a otros padres, la formación de un equipo que hoy se mantiene activo y organizado.
“Fui seleccionado como presidente y la idea es estar al frente durante siete años, ya que la modalidad técnica del Dr. Ernesto Guevara tiene una trayectoria de siete años de estudios”, refiere Cárcamo en el programa “Un gran día”.
En esa primera reunión, que comenzó como un encuentro de padres, nació la cooperadora que hoy regula su actuación ante la Inspección General de Justicia (IGJ) con matrícula formal y números vigentes.
La construcción de la cooperadora no fue sencilla. “Los tiempos de hoy están complicados; formar un equipo de ocho personas exige compromiso y organización, pero la buena noticia es que la escuela ya tiene su cooperadora y la idea es trabajar para la educación de nuestros hijos”, comenta Cárcamo.
En su rol, añade que la cooperadora es una entidad sin fines de lucro y que todas las aportaciones —donaciones, materiales o cualquier apoyo brindado por la comunidad— deben canalizarse para la institución.
Este año, la cooperadora implementará una cuota mensual que se destinará a una caja de ahorro gestionada exclusivamente por la tesorera, o por él mismo en su calidad de presidente. “Todo estará clarificado para que se sepa exactamente en qué se usa cada recurso”, subraya.
Entre las líneas de acción de la cooperadora figura la posibilidad de financiar iniciativas como cursos, la organización de fiestas de egresados, certificaciones de título y cenas de cierre de año, siempre con el objetivo de fortalecer la oferta educativa y las oportunidades para los estudiantes.
Con todo, Cárcamo no oculta la realidad de un sistema que, según él, enfrenta múltiples falencias. “Hoy hay muchas carencias en educación y, para afrontarlas, la cooperadora puede recibir ingresos, donaciones o regalos de la comunidad educativa y vecinal. El dinero se destinará a fortalecer la escuela”: explica.
Un tema recurrente en la conversación es el estado del gimnasio de la escuela. Cárcamo señala que la situación es emblemática de las dificultades que enfrenta el establecimiento.
“El gimnasio fue tema de licitación en varias ocasiones; ya se firmaron procesos y se enviaron fondos, pero aún no se ha resuelto. En estos momentos, la realidad es que nuestros alumnos no pueden recibir Educación Física de forma normal, y se ven obligados a cruzar la ruta dependiendo de espacios prestados por otras entidades”, describe.
La cooperadora subraya que, además de atender la necesidad física de la infraestructura, el proyecto busca incorporar la cultura de la transparencia y la rendición de cuentas. “La claridad en el uso de donaciones, la supervisión y la participación comunitaria son pilares. Queremos que padres, docentes, preceptores y la comunidad educativa en general se sientan partícipes y seguros de dónde va cada recurso”, añade Cárcamo.
La iniciativa también contempla mecanismos de difusión para promover la participación y la recaudación: donaciones online, códigos QR para facilitar aportes, material de divulgación en redes sociales y un plan de voluntariado local. “La idea es que todo el barrio y la comunidad educativa se sientan partícipes de este proyecto”, concluye.
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