La ciudad de Río Grande atraviesa una de las intervenciones más significativas de los últimos años con la remodelación de su aeropuerto internacional, una obra que demanda no solo una inversión millonaria sino también una logística sin precedentes para las empresas locales.
En este contexto, El Dorado, una firma familiar con más de cuatro décadas de trayectoria en la provincia, es la encargada de proveer el hormigón para la reconstrucción de las cabeceras de la pista, la zona crítica donde los aviones realizan las maniobras.
Claudia Duarte, socia fundadora de la empresa, detalló el complejo operativo que implica cumplir con los tiempos de una obra que, según el cronograma oficial, debe finalizar a mediados de abril. “Es un desafío muy importante, básicamente por la velocidad de entrega, que es mucho, mucho hormigón en poco tiempo”, explicó Duarte en diálogo con ((La 97)) Radio Fueguina.
La particularidad del trabajo radica en la especificidad del material que deben producir. “Lo que tiene el hormigón es que es un diseño especial, es un diseño que se hace a flexión”, señaló la socia de El Dorado, diferenciándolo del cálculo a compresión que se utiliza habitualmente en la construcción civil. Esta exigencia técnica obligó a la empresa a realizar un trabajo de preparación con mucha antelación. “Uno elige creer que la vamos a hacer, porque tenés que buscar los materiales, hacer los ensayos, tenemos que perfeccionar las técnicas de estos ensayos que no se hacían en Río Grande”, relató Duarte, subrayando que el proceso de diseño de fórmulas requiere una espera de 28 días para obtener los primeros resultados.

Para poder abastecer la demanda, que Duarte cuantificó en 15.000 metros cúbicos de hormigón en solo dos meses, la empresa tuvo que poner en marcha toda su capacidad instalada. “Montamos otra planta nueva, dos plantas en paralelo para que puedan trabajar en coordinación”, afirmó, añadiendo que la logística se extiende más allá de los límites de la ciudad. “Tiene que venir desde Santa Cruz. Tenemos que tener mucha capacidad de acopio de materiales”.
La coordinación se volvió un factor crítico, con camiones circulando de manera constante, incluso durante fines de semana largos, y tolvas esperando para almacenar el cemento. Duarte comparó el ritmo actual con la actividad habitual del sector: “Por ahí nosotros en una temporada mala, esa cantidad la podemos hacer en ocho meses”.
La operación diaria es un engranaje de precisión que comienza antes del amanecer. “Nosotros arrancamos a las 6:30 para medir temperatura de los agregados, las humedades y demás”, detalló, describiendo un proceso que se extiende hasta las 18, con la posterior limpieza de los equipos.
El pico de actividad alcanza los 415 metros cúbicos en menos de doce horas, un volumen que exige que cada camión mixer, con capacidad para 7 metros cúbicos, esté en perfectas condiciones. “Tenemos un equipo de mantenimiento, de soporte, que cuando pasa algo están ahí en el detalle, porque no podés bajar la continuidad”, aseguró.
En este contexto, la empresa también afrontó el desafío de capacitar nuevo personal, desde laboratoristas hasta choferes especializados. “Entraron todos un tiempo antes, porque no es lo mismo ser una persona que maneja, un chofer, que ser un mixero”, explicó.
A pesar de la magnitud del proyecto, Duarte fue cauta respecto a los plazos finales de la obra en su conjunto, aunque confió en el cumplimiento de su parte. “Nosotros venimos según un cronograma, la verdad que venimos bien, no venimos atrasados para nada”. Según sus cálculos, la provisión de hormigón se extendería aproximadamente hasta el 15 de marzo, dejando paso luego a tareas de pintura, iluminación y otros detalles que se extenderían hasta la fecha prevista de apertura.
La obra, financiada con fondos especiales de Aeropuertos Argentina 2000, representa un respiro para una empresa que, como el resto del sector, enfrenta un mercado deprimido. “Sinceramente es una obra que te da un poco de oxígeno para después continuar, porque venimos de un año muy malo”, concluyó Claudia Duarte, en un contexto donde las grandes pavimentaciones públicas brillan por su ausencia y la construcción privada se limita a pequeñas intervenciones.
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