Un análisis de mercado de la consultora Analytica, denominado «Changuito Federal», puso nuevamente de relieve las profundas disparidades regionales en el costo de vida en la Argentina.
El relevamiento, que calcula el valor mensual de una canasta de alimentos y bebidas para una familia tipo, sitúa a Tierra del Fuego entre las jurisdicciones con los precios más elevados del país, solo superada por sus vecinas patagónicas Santa Cruz y Chubut.
En diciembre, una familia fueguina requirió $860.986 para afrontar esta compra básica, cifra que consolida a la Patagonia como la región con el changuito más caro.
La metodología del estudio, que mantiene marcas y tamaños de envase constantes en todas las provincias a través de relevamientos en supermercados online, permite una comparación directa y evidencia factores estructurales.
Más allá de los costos logísticos y la lejanía de los centros de distribución, la estructura tributaria local se suma como un componente clave en la formación de precios en el extremo sur.
Si bien los salarios promedio del sector privado en la región suelen ser superiores, compensando parcialmente este fenómeno, los incrementos recientes en productos esenciales ejercen una presión adicional.
El rubro cárnico se destacó como el de mayores subas a nivel nacional, con incrementos entre el 10% y 15% en la mayoría de los cortes. No obstante, en Tierra del Fuego, al igual que en Río Negro y Santa Cruz, la carne picada exhibió aumentos cercanos al 16%, muy por encima del promedio del país, impactando de lleno en el costo final de la canasta.
Otros productos básicos, como las galletitas de agua, registraron alzas generalizadas en diciembre, mientras que los huevos mostraron un comportamiento dispar, con aumentos en algunas provincias.
El escenario descripto por el informe confirma una dinámica recurrente: las provincias patagónicas encabezan sistemáticamente el ranking del changuito más oneroso.
Para Tierra del Fuego, esto se traduce en que las familias deben destinar una suma considerable solo para cubrir la alimentación básica, en un contexto económico donde las subas mensuales continúan erosionando el poder adquisitivo, aun en regiones con ingresos nominales más altos.
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