Un ex empleado, hoy conductor de Uber, narra en el programa “Un gran día” de ((La 97)) Radio Fueguina los años de decadencia, las promesas incumplidas y la precariedad que persiste tras el cierre formal de la planta.
Trabajadores de la planta textil Barpla de Río Grande denuncian el despido masivo y prácticas irregulares para evitar pagar indemnizaciones completas.
“Tenía 17 años cuando empecé a trabajar en la empresa; la empresa se llama Barpla, era menor y entré con el permiso de mi papá y de mi mamá”, relata el testimonio de Jonatan que abre la memoria de quienes vivieron la etapa de cierre.
“Tuve que salir a trabajar porque tuve un hijo a los 17”, afirma para situar el contexto social que rodeó su inserción laboral temprana. “Vine del norte hice toda mi infancia en Corrientes y me vine a los 17 años y trabajé hasta diciembre del año pasado, ahora tengo 30 años”, agrega.
En Barpla trabajó desde movimiento de tela hasta tejeduría; y lo último que hicieron fue mantenimiento. “Estábamos en la calle Ingeniero Varela y 25 de Mayo, al lado de donde era la agrotécnica”, señala para ubicar la sede histórica de la empresa.
“No fue de un día para otro, fueron años de decadencia de la empresa y del Estado, que nunca mejoraron nada, todos los años que yo estuve siempre fue lo mismo, siempre fue un lavado de cara”.
El testimonio describe un inicio con 15 compañeros: “se había prendido fuego la fábrica; después otros compañeros—como mi papá—levantaron de cero la empresa y a lo último ya éramos 35 familias”. Sin embargo, la estabilidad nunca llegó.
“El dueño nos dijo a nosotros que él estaba dispuesto a seguir trabajando, pero fue mentira; en la primera que sacaron, en vez de tener ganancia 100, no le convenía, tenía 20; y lo primero que hizo fue desvincular a toda la gente”, sintetiza la narración de los despidos.
“Lo que nos ofrecieron era lo que ellos pretendían, que éramos con tope indemnizatorio en larguísimas cuotas; y no era al 100, era eso o nada, o el 50% con una ley de la que se agarraron”, denuncia la vulnerabilidad del proceso. “Así nos despidieron a 17 compañeros que ahora estamos judicializados”.
Cabe destacar que “a un año de la judicialización no tenemos nada; es todo esperar con este problema a nivel país; estamos todos los compañeros rebuscándonos como podemos”.
La coyuntura derivó en 13 acuerdos individuales, cada uno fijando su propia necesidad; “ellos eligieron eso y sobre la necesidad de la gente nosotros no podemos opinar; pero con complicidad con el gobierno que les decía que era buen momento para agarrar y que arreglen; y eso estaba mal, porque nos tendrían que haber dado lo que nos correspondía a todos nosotros”.
La salida formal de Barpla fue en diciembre del año pasado; “un año ya y la causa está en los tiempos de la justicia; que lo manejan ellos; es como siempre”.
Entre las secuelas, el relato cita afecciones laborales: “muchos compañeros en el transcurso de los años quedaron con muchas secuelas de enfermedades; por ejemplo, tendinitis; y no le brindan el servicio que tendrían que brindar la aseguradora; quedamos con muchas secuelas psicológicas igual porque mucha gente dependía de eso, gente grande que ahora se la está rebuscando como puede”.
En el plano personal, el ex empleado describe su realidad actual: “mi papá hace changa y se la rebusca como puede; y yo hago Uber y tengo un mini emprendimiento y así la voy tirando”, comparte. “Pero seguimos con muchas ganas de seguir progresando”.
Sobre el futuro de la fábrica, el testimonio sostiene que “la fábrica va a estar abierta hasta que la habiliten venga otro gobierno y la habilite, como hacían siempre, porque en realidad aprovecharon la ocasión para sacarse a toda la gente de encima”. Respecto a la continuidad operativa, señala que “no están trabajando acá ahora, pero en la sucursal en Buenos Aires sí están trabajando, y acá las puertas están cerradas pero ahí hay gente trabajando adentro haciendo modificaciones para el día que lo habiliten, ellos ya tendrán todo listo”.
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