En un marco de creciente preocupación ambiental, el ámbito rural de Río Grande enfrenta un problema complejo y de larga data: la presencia de perros asilvestrados que atacan fauna silvestre y ponen en riesgo la producción ovina y bovina en Tierra del Fuego.
Hace décadas que los perros asilvestrados están en el paisaje, y la fauna silvestre ha recibido el impacto con mayor frecuencia en los últimos años. Se registran ataques más reiterados al ganado ovino y a los novillos y vacas.
El análisis llega de la mano de Adrián Schiavinni, investigador del CADIC y profesor de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego.
Sobre las causas subyacentes, Schiavinni señala que la expansión de la población canina en zonas rurales obedece a múltiples factores. “La mayor parte de los perros asilvestrados eran perros urbanos que terminaban yéndose de la ciudad e integrándose al ambiente rural”, afirma el investigador. Añade que esa dinámica se debe a la mala tenencia de los vecinos durante décadas.
Ya entrando en la última década, se observa un incremento notable de cachorros y madrigueras en el ámbito rural. Esto quiere decir que los perros asilvestrados no dependen únicamente del flujo urbano sino que ahora están naciendo en silvestría.
“Entonces ahora se están manteniendo, no digo por sí mismos, pero el reclutamiento propio es un factor más importante”, indica Schiavinni. A partir de esa realidad, los establecimientos rurales reportan cada vez más capturas de cachorros.
Lo grave de la situación es que esos cachorros que nacen en libertad ya no cuentan con el periodo de socialización que reciben los perros criados en hogares humanos. “El periodo de socialización de al menos dos meses, donde el perro aprende límites y convivencia con las personas, no se cumple en el ámbito silvestre”, explica el investigador. Esa ausencia de socialización facilita comportamientos agresivos cuando el perro se encuentra con humanos o con ganado.
El problema tiene dos focos centrales; uno en las ciudades y otro en el campo. Las autoridades y la población deben actuar para evitar que los perros sean abandonados o sueltos en zonas urbanas, pues esa práctica favorece la infiltración de estos animales en zonas rurales.
“La ciudad debe dejar de emitir perros que, por mala tenencia, terminan en el campo”, subraya. En paralelo, el manejo del área rural exige respuestas coordinadas para disminuir el impacto en la producción ovina y bovina.
Entre las estrategias discutidas figura la reducción de la cantidad de perros en el campo y la implementación de programas de protección de ganado. En la producción ovina, se utilizan perros protectores para mantener a los perros asilvestrados fuera de las majadas. Pero la solución no termina en el corral; si los perros asilvestrados son expulsados, migran a otros lugares y se alimentan de fauna silvestre o atacando ganado bovino.
El enfoque debe ser integral y abarcar todos los paisajes, desde tierras fiscales y áreas protegidas hasta explotaciones ganaderas.
La problemática no admite soluciones aisladas. “El problema se soluciona sin tener alambrados de por medio, entonces no importa la tierra ni quién es el propietario; esto tiene que hacerse en conjunto entre todos los que tienen tierras en el ámbito rural, sea el Estado o privado”, concluye Schiavinni.
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