La coalición La Libertad Avanza en Tierra del Fuego enfrenta una conmoción interna de proporciones, a escasos días de un nuevo desafío electoral, tras la renuncia indeclinable y la inmediata desafiliación del vicepresidente de uno de sus partidos integrantes clave, Republicanos Unidos TDF.
Mientras en las encuestas, LLA pierde votos en forma notoria, la decisión de Luis Mercado, formalizada en una contundente carta dirigida al presidente del partido, Gastón Porfirio, no es solo un golpe administrativo, sino una explosiva denuncia que cuestiona la conducción y los manejos al interior de la fuerza libertaria fueguina.
En su escrito, Mercado no deja lugar a ambigüedades. Su alejamiento responde a «diferencias insalvables» con la cúpula, acusando al espacio de haber sucumbido a las «prácticas opacas y personalistas» que originalmente se propuso combatir.
Según su relato, el partido ha traicionado las expectativas de ser un ámbito plural y orgánico, priorizando «intereses individuales y sectoriales por encima del bien común». El renunciante subraya la incongruencia entre el discurso anti-casta y la práctica, señalando la necesidad de evitar cualquier apariencia de nepotismo para ser percibido como una alternativa genuina.
Sin embargo, el punto más álgido y determinante de su decisión, que califica de «delicado e importante», es la «inaceptable influencia predominante de la iglesia evangélica en el funcionamiento del partido».
Mercado argumenta que esta injerencia genera una «percepción social negativa en Río Grande», asociando al partido exclusivamente con dicho sector y, por lo tanto, limitando severamente su crecimiento y atractivo electoral. «Estoy convencido que no se debe manejar un partido político con un formato eclesiástico», sentencia, revelando que sus advertencias al respecto fueron ignoradas y se actuó en sentido contrario.
Esta ruptura publicitada expone una profunda grieta en la versión fueguina del partido del presidente Javier Milei, proyectando una imagen de desgobierno, nepotismo y desviación ideológica en un momento crítico.
La pérdida de un vicepresidente que clama por la restauración de la ética y la integridad intelectual no es un mero trámite. Es más bien un síntoma de una crisis de identidad que podría resquebrajar la unidad de la coalición oficialista en la provincia.
La denuncia de Mercado no solo resuena como un acto de conciencia, sino como una alerta sobre los riesgos de replicar los vicios de la política tradicional que se prometió erradicar.
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