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Para recordar

Con las sílabas “Ha”,“Bra” y “So” se puede detectar un ataque de ACV

Existen hábitos y formas de vida que son fundamentales para prevenir y disminuir el riesgo de un ataque cerebro vascular. Recomendaciones en el Día Mundial de la Lucha contra el ACV, instituido por la OMS.

Generar conciencia sobre el ataque cerebro vascular (ACV) “se vuelve fundamental para que todos los ciudadanos puedan saber cuándo una persona lo puede estar sufriendo”, por lo que para este fin se recomienda recordar las sílabas “Ha”, “Bra” y “So”, informaron especialistas del grupo Ineco.

“Ha” es el habla y se recomienda ante una sospecha de ACV pedirle a la persona que repita una frase y asegurarse que pueda hacerlo de la forma correcta, “Bra” es “brazos” que aconseja solicitarle a la persona que levante los brazos como si estuviera sosteniendo una bandeja y comprobar que pueda mantenerlos arriba sin tener una caída brusca de los dos.

Y “So” es “Sonrisa”, que recuerda pedirle a la persona que sonría y corroborar que la misma sea simétrica.

“Las visitas médicas regulares, el estricto control de la presión arterial y la glucemia (diabetes), una buena alimentación, la práctica de ejercicio físico de manera regular y el control y tratamiento de las enfermedades de corazón, son fundamentales para prevenir y disminuir el riesgo de un ataque cerebro vascular”, afirmó Máximo Zimerman especialista en rehabilitación neurológica y director médico del centro Cites Ineco.

Y agregó: “es importante saber que la presencia de cualquiera de estos signos, nos indican la necesidad inmediata de trasladar a esta persona al centro de emergencia más cercano y así poder brindar asistencia a tiempo. Poder detectar un ACV a tiempo salva vidas”.

Entre 3 y 6 de cada 100.000 niños sufren un ACV

Entre tres y seis de cada 100.000 niños y niñas sufren un accidente cerebro vascular, una enfermedad que en la infancia tiene mayor prevalencia que los tumores del sistema nervioso central, informó hoy el Hospital Garrahan, en el Día Mundial de la lucha contra el ACV.

“Un ACV sucede cuando se detiene el flujo de sangre hacia una parte del cerebro y no recibe nutrientes ni oxígeno. Dependiendo del tiempo que pase, las células cerebrales pueden morir y causar daño permanente. Por eso la atención inmediata es tan importante a cualquier edad.

En la infancia afecta entre 3 y 6 de cada 100.000 niños y niñas”, indicó el centro de salud pediátrico en un comunicado.

En ese sentido, advirtió que es clave detectar los síntomas de la enfermedad en la niñez para dar una respuesta rápida en busca de mejorar el pronóstico.

“El ACV en la infancia tiene una prevalencia mayor a los tumores del sistema nervioso central. En el periodo neonatal, la incidencia es más alta: en uno de cada 6.000 recién nacidos ocurre por trombosis de senos venosos cerebrales, y tanto el ACV isquémico como el ACV hemorrágico tienen una prevalencia de uno cada 4.000 recién nacidos”, añadió el Garrahan.

Además, sostuvo que en pediatría “casi no existen medidas de prevención primaria porque no tienen los mismos factores de riesgo que los adultos como la hipertensión, el tabaquismo o las dislipemias”, por lo que apuntó a la prevención secundaria.

“Lo más importante es el reconocimiento precoz del ACV, tanto de sus cuidadores como de sus pediatras, y evitar que se produzca un nuevo infarto”, advirtió María Celeste Buompadre, médica del servicio de Neurología del Garrahan.

En niñas y niños sanos, una de las causas más frecuentes son las arteriopatías o enfermedades en la pared del vaso, y las cardiopatías congénitas en quienes tienen una enfermedad de base.

“No es real que los ACV en la infancia sean menos graves que en los adultos”, aseguró Buompadre, y explicó que existe una alta prevalencia de secuelas como el déficit motor, la función de la mano, el compromiso intelectual y la epilepsia.

Uno de los mayores problemas es la falta de información sobre los síntomas de presentación del ACV, que muchas veces son transitorios y más difíciles de reconocer.

Los principales síntomas de alerta para detectar un ACV en la infancia son la debilidad o adormecimiento de la mitad del cuerpo; la dificultad para hablar o para entender; la debilidad en la mitad de la cara; el dolor de cabeza intenso, especialmente asociado a vómitos y somnolencia; la visión doble o su pérdida; el mareo, la dificultad para caminar o en la coordinación y las convulsiones.

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