Juez de Instrucción Nro 1, Daniel Cesari Hernandez
Publicado en
Femicidio en Tolhuin

Revelan que Accetti vivía en situación de extrema violencia de género

En diálogo exclusivo con ((La 97)) Radio Fueguina, Daniel Cesari Hernández brindó detalles desoladores de la causa judicial por el asesinato de Alejandra Accetti, que tiene a Cortes Toranzo como único imputado.

La causa judicial por la muerte de la médica María Alejandra Accetti (52) tuvo un punto de inflexión este sábado, a partir de que el Juez de Instrucción N°1 del DJN, Daniel Cesari Hernandez, dictó el procesamiento con prisión preventiva de quien fuera pareja de la occisa, José Sebastián Cortes Toranzo (38), único imputado por el crimen.

La mujer, médica desde el 2012 del Centro de Salud de Tolhuin, falleció tras sufrir una salvaje golpiza, dentro de su vivienda ubicada en el barrio Cabañas de la Montaña, en la localidad de Tolhuin.

En diálogo exclusivo con ((La 97)) Radio Fueguina, el juez instructor brindó un panorama desgarrador del estado en que fue encontrado el cuerpo de la víctima, que recibió al menos 40 golpes “con algún elemento romo y duro”, y que reveló atroces daños, tanto externos como internos, “al punto de que tenía no más de dos costillas sanas”, sorprendió Daniel Cesari.

Confirmando -tal como se sospechaba- que hubo un “montaje” para simular un accidente, el juez instructor dio a entender que el lugar exacto del crimen “no es aquel donde fue encontrado el cuerpo” y que existió “una actividad dinámica, hubo desplazamiento”, dentro de la precaria y nauseabunda vivienda, en la instancia de golpear hasta matar a la víctima.

“Tenemos determinado que la posición en que fue encontrado el cuerpo no es la misma en que se encontraba al momento de la muerte, hubo una alteración en la posición definitiva del cuerpo”, reveló el magistrado. En conclusión, “ha sido una actividad de ocultamiento, supresión y modificación de la escena”.

Violencia y sometimiento

Consultado acerca de las sospechas de una situación de violencia previa, desde meses antes del trágico final, Cesari Hernandez lo confirmó rotundamente, al efectuar una larga y reveladora descripción al respecto y del estado de sometimiento en que transcurría la vida cotidiana de la víctima, rodeada de basura putrefacta y heces de animales.

“No había denuncias por parte de la doctora -confirmó- lo cual no significa que no haya habido violencia” (del victimario hacia la víctima). Por el contrario, valoró que “la violencia de género, el sufrimiento de una mujer, el padecimiento, la reducción a algo cercano a la condición de objeto, muchas veces no va de la mano con la publicidad de ese sufrimiento”.

“La mujer sometida -en general- no tiene la capacidad de pedir auxilio. Es un grito sordo que no sale de la garganta”, se preocupó el Juez. 

En ese marco, destacó las condiciones infrahumanas del lugar que, además de ser un criadero de cerdos, oficiaba de hogar conyugal de Accetti y Cortes Toranzo: “Era indigno el lugar donde vivía, está acreditado que Accetti estaba recluida en ese lugar”.

Abordó luego el sometimiento que había alejado a la médica de sus relaciones cotidianas. “Había sido retirada de su ambiente laboral y social, no se comunicaba”, se alarmó, al subrayar el rotundo cambio en la conducta social de la mujer, percibida por sus compañeros de trabajo en los últimos meses.

“No podemos decir que no hubo violencia de género, basados en que no hubo una denuncia (policial o judicial). Justamente esos son elementos que certifican el estado de violencia y de sometimiento”. “La violencia -lejos de limitarse al golpe- incluye la violencia sexual, laboral, económica, social y la violencia cotidiana: los gestos, los destratos y el aislamiento”.

“La doctora estaba aislada -reafirmó Cesari-, los compañeros vieron ese aislamiento, así como el cambio de conducta”. La Dra. Accetti “demostró con su conducta el padecimiento y algunos de sus compañeros lo percibieron”, por lo cual intentaron interceder “convocando a (la oficina de) Políticas de Género, pero la doctora no se dejó ayudar y eso también es un reflejo de la violencia de género”.

El amor como cárcel

El funcionario judicial salió, además, al cruce de opiniones improvisadas que niegan el sometimiento a partir de que la víctima tenía una actividad laboral, con lo que -suponen- tenía algún grado de libertad: “La situación de encierro muchas veces no necesita que alguien cierre la puerta con llave, muchas veces el sometimiento y hasta diría el amor, son la propia cárcel”, definió.

Refirió que “ella, muy enamorada, no reconocía el sufrimiento que él le estaba causando, los testigos lo describen como que él era como un dios para ella”, deploró el juez.

Respecto del victimario, “era un lobo con piel de cordero”, graficó Cesari Hernandez, amparándose en los estudios psiquiátricos con los que cuenta, que definen la personalidad del imputado y que “lo describen como una persona perfectamente capaz de comprender lo que hizo, el significado y las consecuencias de lo que hizo”.

Conmovido por el grado de crueldad percibido en todo el proceso que llevó a la muerte de una profesional, vecina de Tolhuin, pero extendiéndolo a los incontables casos de mujeres que sufren a diario violencia de género, el magistrado llamó a que “ninguna mujer que se considere víctima de violencia de género, se calle. No hay que callar, hay que denunciar, hay que solicitar ayuda”, alentó.

“Nadie tiene derecho de maltratar a nadie -concluyó el juez-. nunca la víctima es responsable de la violencia. El único responsable es el agresor”.

(Línea 144: atención, contención y asesoramiento en situaciones de violencia de género. Por WhatsApp: +5491127716463).

www.radiofueguina.com

Comentarios