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Polémica sin resolver¿Una o dos farmacias de guardia en Río Grande?

El Concejo quiere que sean dos por día, en respuesta a fotos de gente haciendo cola en la única farmacia de guardia. El Colegio de Farmacéuticos cree que no se resuelve con dos abiertos, sino con concientización.

El Concejo Deliberante de Río Grande impulsa que en nuestra ciudad, sean dos las farmacias que en forma simultánea atiendan “de guardia”, como siempre en forma rotativa, en lugar de lo que actualmente rige, que es una sola cumpliendo el horario extendido para emergencias farmacéuticas.

El cuerpo deliberativo recoge así una inquietud de los vecinos, que cuando deben concurrir para adquirir algún medicamente a la única farmacia de guardia fuera del horario comercial, o bien se encuentra a gran distancia de su domicilio y quizás sin posibilidad de trasladarse, o bien debe aguardar demasiado tiempo en la atención debido a la gran afluencia de público.

En realidad, lo que el Concejo Deliberante quiere hacer, y lo hizo saber a través de su presidente el concejal Raúl Von der Thusen, es plantear una minuta de comunicación sobre el problema al Ministerio de Salud de la Provincia, que es la repartición pública que regula el funcionamiento de las farmacias.

Algunos ediles y varios medios de prensa (y hasta un expresidente del Concejo) aluden incorrectamente a una ordenanza de 2016, la Nº 3533, que estipula que deben ser dos las farmacias que permanezcan de guardia por día, a los efectos de resolver la aglomeración de gente o la excesiva distancia a recorrer. Sin embargo, el Colegio de Farmacéuticos local judicializó en aquel entonces la aplicación de esa norma, y la Justicia la dejó sin efecto.

Luciana  Gutiérrez, presidenta de la entidad que agrupa en Río Grande a los profesionales farmacéuticos, por los micrófonos de ((La 97)) respondió a la inquietud que insistentemente se plantea sobre la supuesta carencia respecto de la atención en farmacias de guardia.

La profesional recalcó algunas definiciones que, si bien son conocidas -incluso fueron muy difundidas en ocasión del debate de 2016-, no se estarían contemplando en la discusión actual.

En primer lugar, enfatizó que la farmacia es un servicio de salud con gestión privada y no un comercio clásico. Por ello, su regulación depende el Ministerio y no del municipio, por ejemplo. Y porque además, cada farmacia abierta es respaldada con la presencia, obligatoria y permanente, de un farmacéutico titulado y matriculado.

Además, despejó dudas sobre el concepto de farmacia de guardia, en principio no comprendido por todos los actores del debate. La farmacia de guardia cumple, o debería cumplir, el mismo rol que le cabe al servicio de guardia del hospital o del centro de salud.

En una guardia se atienden urgencias, se tratan emergencias, no consultas comunes o de menor importancia, que no requieren inmediatez. A las farmacias de guardia se debería acudir solamente después de haber sido atendido en una guardia médica, con la receta correspondiente.

La farmacia de guardia no está para vender medicamentos no recetados que no responden a un pedido urgente y reciente de un médico. Todo lo que en salud puede esperar y no requiere atención en guardia médica, también lo debe hacer respecto de remedios y fármacos.

Como siempre, la clave cultural

Gutiérrez concluye que, si todos comprendieran este esquema, si todos solidariamente respetaran la modalidad de funcionamiento, de ningún modo sería necesario en Río Grande que dos farmacias permanezcan de guardia por día.

Anhela que a estos establecimientos solo acudan quienes vienen, receta en mano, de la guardia del hospital, pero sabe que esto no estaría ocurriendo. Ejemplificó con casos de vecinos que hacen cola a la intemperie frente a la abarrotada farmacia de guardia para comprar anticonceptivos, chupetes para bebés o incluso artículos de perfumería.

Otro aspecto que Luciana Gutiérrez abordó, se relaciona con las distancias que los vecinos deben recorrer para acudir a la farmacia de guardia, si viven en un barrio muy alejado. El asunto es que en horario nocturno, sólo funciona una guardia médica en la ciudad, la del hospital regional, y en ocasiones también alguno de los centros de salud. Por lo tanto, para ir a la farmacia, previamente el vecino debió asistir al centro asistencial. No cabría la situación de un ciudadano que, viva donde viva, por una urgencia deba ir a la farmacia, sin antes haber acudido a la guardia médica. Eso no debería ocurrir, planteó.

La profesional pide conciencia y educación para remediar la supuesta carencia, y que no se confunda urgencia con imprevisión. Si cada vecino apela a su responsabilidad, la farmacia de guardia podrá ofrecer el servicio que debe prestar de forma adecuada.

En el último tramo de su conversación con Fernando Tropea, Gutiérrez mencionó que la entidad que preside no fue convocada ni consultada por el cuerpo deliberativo sobre esta polémica que atañe a la profesión que ejerce. Sólo ha respondido a varias requisitorias periodísticas.

Quizás en esta última apreciación esté la llave que resuelva la supuesta problemática. Si en lugar de directamente plantear nuevas normas, de dar todo por sobreentendido o de solo fijar posturas rígidas a través de los medios, se convocara a una amplia y abierta conversación con todos los sectores con injerencia, se podrían despejar todas las dudas, reconocer razones y falencias y quizás encontrar herramientas para resolver lo que hay que resolver. Herramientas que seguramente están disponibles y que ni siquiera hace falta crear.

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