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PilcaniyeuEl «trabajo hormiga» para vacunar en la estepa patagónica

Un puñado de agentes sanitarios hace un trabajo hormiga para convencer a los pobladores reacios a vacunarse contra el coronavirus. Ya llevan aplicadas unas 700 dosis, en una población de 1.000 habitantes

En la localidad rionegrina de Pilcaniyeu, ubicada a unos 65 kilómetros al este de San Carlos de Bariloche, un puñado de agentes sanitarios hace un trabajo hormiga para convencer a los pobladores reacios a vacunarse contra el coronavirus y lo está logrando: ya lleva aplicadas unas 700 dosis, entre primera y segunda, en una población total de 1.000 habitantes.

El origen del nombre de esta localidad patagónica, localizada en la región sur rionegrina, proviene de las voces araucanas «pilkan», patos y «niyeu», lugar, o sea lugar de patos, o donde hay patos.

Un total de 14 pequeños parajes, con dos comisiones de fomento, integran el Municipio, cuyo origen se remonta a la llegada de la campaña de conquista del general Julio Roca a esa zona, justo en la unión de huellas creadas por los pueblos originarios, hoy convertidas en la Rutas Nacionales 40 y 23.

La campaña en la estepa patagónica: el «trabajo hormiga» para vacunar en Pilcaniyeu . (Télam)

Reacios a vacunarse

Graciela Ocarez, encargada del programa de vacunación en Pilcaniyeu, cuenta a Télam su experiencia en esta región sur rionegrina, cuya incursión es programada por el Hospital Zonal y la respuesta de la población no siempre, la esperada.

«En estas visitas nos relacionamos con los vecinos, muchas veces reacios a vacunarse», reconoce Graciela.

«Al principio -comenta- fue una lucha. Por ser criadas en el campo, algunas personas se mostraban dudosas de lo que iríamos a inyectarle cuando íbamos a ofrecerle la vacuna. Hay que escucharlos, entenderlos y, a la vez, hacerlos entrar en razón. Para ello, nos tomamos el tiempo de ir varias veces a visitarlos e informarlos hasta que aceptan ser vacunados».

Son los hijos y nietos quienes, señala la coordinadora, contribuyen a convencer a los adultos mayores de la localidad: «En esos casos era mucho más fácil que aceptaran».

Daniela Cornejo, una de las pobladoras de Pilcaniyeu, coincide ante Télam que «hay mucha gente en el pueblo que esta con esa duda o temor a vacunarse», pero en su caso, dice, «nunca tuve ese temor porque lamentablemente tuve el virus en diciembre del año pasado y la pasé muy mal».

«Todo ese proceso fue muy complicado. Así que no quería saber más nada de que me vuelva a agarrar (en referencia al contagio de coronavirus), entonces en mi caso, estaba muy decidida» a recibir el esquema inmunizador, advierte.

Guadalupe García es de Comallo y la única mujer chofer de ambulancia del ministerio de Salud de Río Negro. (Foto Eugenia Neme)

El rol de los agentes sanitarios

Daniela, de 41 años y con una hija de 16 años, hace 25 años vive en la ciudad rionegrina, donde está a cargo de la Secretaría municipal de Desarrollo Social.

«Hasta el momento tenemos tres personas infectadas, pero meses atrás tuvimos picos de hasta 30 personas infectadas con el virus», relata, y señala: «Pero nosotros somos privilegiados al vivir en esta región, comparándonos con otros lugares de la provincia, que están mucho más afectados en la cantidad de casos».

Pilcaniyeu recibió hasta ahora unas 700 vacunas, entre primera y segunda dosis.

«Y mandaron segundas dosis de Sputnik V que estamos llevando a la zona rural antes que empiecen las primeras nevadas que anualmente afectan esta región patagónica», precisa Graciela.

Consultada por la articulación en ese poblado, la coordinara detalla que en total son seis los agentes sanitarios en la localidad y otros tres en la zona rural. «Además de vacuna -dice-, mi tarea es cargar luego los datos al sistema», mientras que los agentes rurales programan las visitas al campo.

Como anécdota Graciela recuerda que «en una ocasión, cuando recién comenzamos a vacunar a mayores, un matrimonio, el de 70 y ella de 68, toda su vida en el campo, no querían ni que nos acerquemos y mucho menos recibir la vacuna».

«Entonces los abuelos se acercaron hasta el hospital para que un médico les diga que se tenían que vacunar, como que a nosotros no nos creían mucho», se lo toma hoy con humor Graciela.

«Pero en la actualidad se normalizó y las personas aceptan esperanzadas las vacunas, yo pienso que cada vez va a haber más vacunados», concluye.

Alegría Salas, otra vecina de la ciudad, recordó su experiencia en el primer llamado a vacunarse, al que fue con muchas dudas.

De 35 años, oriunda de Tucumán, Alegría es docente y directora del centro educativo para jóvenes y adultos de Pilcaniyeu y hace nueve años vive en la ciudad.

«Soy de la provincia de Tucumán, me forme en la Universidad de Catamarca, pero mi proyecto de vida desde niña fue vivir en el sur», relata, y agrega: «Cuando tenía 10 años estudiamos sobre la Patagonia y sus bellos paisajes, me enamoraron las fotos del Lago Nahuel Huapi».

De aquella convocatoria, relata que «en la primera etapa se hizo llamar a los directivos y en ese momento no estaba decidida y no me quise vacunar», confesó la docente.

«Decidí investigar el proceso de biología, luego de sacarme las dudas y también armando un trabajo en conjunto con los alumnos sobre las pandemias que azotaron a la humanidad durante toda la historia, y la mayoría fueron vencidas a través de la vacuna», detalla Alegría.

En el establecimiento educativo concurren unos 27 alumnos y sus edades van desde los 18 a los 57 años.

«Elijo la ruralidad porque creo que mi aporte como docente es más significativo en esta zona que en cualquier otro lugar», indica.

(Télam/Por Luis Díaz y Héctor Merlo / Fotorreportaje: Eugenia Neme)

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