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EXCLUSIVO: Hablamos con la hermana del Padre Pedro, candidato argentino al Nobel de la Paz

Pedro Opeka es un misionero argentino que trabaja para sacar a la gente de la miseria en Madagascar, al sur de Africa. Se lo ha nominado al Premio Nobel de la Paz. Su hermana Luba habló con orgullo de él.

Madagascar es un país insular situado en el océano Índico, frente a la costa sureste del continente africano, al este de Mozambique. La integran una isla -de nombre Madagascar- y pequeñas y numerosas islas periféricas.

En su interior, Akamasoa es una ciudad conocida en el mundo por haber sido creada gracias a Pedro Opeka (72 Años), un misionero argentino, integrante de la comunidad católica San Vicente de Paul, quien prometió a los habitantes más pobres y necesitados del país africano que les daría una vida digna.

Pedro Opeka empezó construyendo casas para las familias pobres que vivían en los basurales. Poco a poco levantó  la actual ciudad de Akamasoa, con sus propias manos y la ayuda de jóvenes de Madagascar con más de 20.000 habitantes.

Este año, como reconocimiento a su labor de décadas, ha sido nominado al premio Nobel de la Paz. ((La 97)) Radio Fueguina pudo hablar con su hermana Luba Opeka, quien lo describió con lógica admiración y orgullo, no exento de una loable humildad.

«El Padre Pedro Opeka –lo presentó Luba- es un misionero argentino que hace 50 años está trabajando con los pobres más pobres del mundo”.

En efecto, Madagascar está considerada una de las 5 regiones más pobres del mundo. “Es ahí –prosigue Luba- donde vive el Evangelio de Jesús al que él sigue día a día, sacando de la pobreza y llevándoles dignidad a cada uno de los que viven allí”.

Oriundo de la provincia de Buenos Aires y descendiente de eslovenos, Pedro Opeka fue primero albañil y luego se dedicó al sacerdocio. Pertenece a la congregación San Vicente de Paul, pero cursó estudios superiores junto a Pedro Bergoglio y se perfeccionó en Francia, donde forjó relaciones que hoy son su soporte económico para la gigantesca obra solidaria que realiza.

La obra misionera que encabeza el Padre Pedro ha beneficiado a unos 200 mil habitantes de la hoy ciudad de Akamasoa. “Los primeros años estuvo en el sur, en la selva, donde trabajaba con dignidad la gente en los arrozales, pero cuando lo trasladan a la capital, vio una pobreza que no es digna de los hombres. Entendió que tenía que actuar, se acercó y les dijo que él no tenía nada, pero les ofrecía su ayuda, que trabajando iban a salir de la pobreza”.

Contabiliza Luba Opeka que, en la actualidad, después de 50 años de lucha codo a codo “todos esos chicos son profesionales o son artistas, como cantantes o artesanos”. “Akamasoa en Madagascar es un oasis de esperanza, lo que pasa es que día a día hay más pobres”, lamenta la mujer.

La misión que convirtió un gigantesco basural en una ciudad de trabajadores y artistas comenzó en 1968. “Se hizo gracias a las donaciones que llegan de Francia, de Eslovenia, de España, pero principalmente por el esfuerzo de cada uno de los que habitan Akamasoa”, relató Luba.

¿Cómo es continuar la labor en tiempos de epidemia? “Con la pandemia se ha duplicado su trabajo, porque se dificulta viajar a buscar las donaciones, pero ha recibido del Papa Francisco una ayuda muy importante. También han construido una escuela de Gastronomía donde un chef venido de Francia está capacitando a los habitantes”, refiere la hermana de Pedro.

Luba Opeka abraza a su hermano, Pedro Opeka, postulante al premio Nobel de la Paz.

 

Palabras que duelen y motivan

Hay palabras que resuenan dolorosamente en los oídos del Padre Pedro día a día, encuentro tras encuentro con los habitantes de Madagascar: “Tengo hambre, necesito ayuda, estoy sola con mis hijos -retransmite Luba- pero siente que salen adelante con fe, con la Providencia, el trabajo de ellos y las donaciones”.

¿Qué se siente ser familiar de casi un santo? “Para mí, es un orgullo tener un hermano así, me dicen ‘es un santo’, pero tuve la dicha de ver su obra y me di cuenta de que no solamente mi hermano es un santo, sino todos los misioneros que dejan todo y trabajan por el bien común de las personas que los rodean”.

“Hay mucha gente que trabaja de esa manera y que también merecen el premio Nobel”, reconoce Luba, con altruismo.

No es la primera vez que Pedro Opeka es candidato al premio Nobel de la Paz. Miles, que admiran su labor silenciosa y épica, desean con fervor que sea la definitiva y que el tan merecido reconocimiento llegue de una vez.

AMIGOS FUEGUINOS: El Padre Pedro, junto a su entrañable amigo Raúl Lajara, reconocido empresario de Río Grande.

 

Semblanza de un hombre ejemplar

La candidatura al premio Nobel de la Paz del religioso argentino Pedro Opeka fue anunciada por Janez Janša, el primer ministro de Eslovenia, país de origen de sus padres. El mandatario esloveno destacó de Opeka su voluntad por «ayudar a las personas que viven en condiciones espantosas”.

El cura argentino, quien ya había sido candidateado en 2012, tendrá como oponentes para ganar al premio a la Organización Mundial de la Salud, la activista sueca Greta Thunberg, el opositor ruso Alexander Navalny y el movimiento Black Lives Matter.

El sacerdote nació en la localidad bonaerense de San Martín en 1948, cursó el seminario en San Miguel y estudió en Europa, antes de llegar a la isla africana de Magadascar, en el Océano Índico, en 1976.

Pedro Opeka, oficiando misa, junto al actual presidente de Madagascar, Andry Nirina Rajoelina.

 

Enseguida apuntó a la ayuda de las personas que vivían en condiciones precarias junto al vertedero de residuos de Antananarivo, capital de la antigua colonia francesa.

En 1989 impulsó la ONG Akamasoa o «Buen Amigo», por la que se crearon cuatro mil viviendas, un hospital y se educó a unos 13 mil jóvenes.  Opeka fue compañero en sus estudios de teología de Jorge Bergoglio, a quien reencontró ya convertido en el Papa Francisco, cuando éste visitó la isla, en 2019.

En 2003, en una entrevista de las muy pocas que ha brindado, Opeka contó que su obra se sostiene en «redes de amigos que juntan donaciones» desde Francia y México y señaló que también se recibe ayuda de «España y Eslovenia».

Hasta ese momento, la ayuda no venía de la Argentina, aunque contó que hubo un intento de familiares para armar una red local que se ahogó en medio de las profundidades del corralito bancario de fines de los ´90.

«Sé que lo importante para eso es difundir todo este trabajo. Yo al principio no estaba muy entusiasmado con los periodistas que venían a ver la obra. Una vez vinieron de Paris Match y yo dije, uh, Paris Match. Pero unos amigos de Médicos sin Frontera que me ayudaban me decían, tenés que contar por todos lados lo que estás haciendo», expresó a ese diario entonces.

“Mi congregación, de San Vicente de Paul, pidió misioneros para la isla de Madagascar, porque no había. Y en aquel momento en Argentina se vivía bien, había sólo 3% de pobres, yo no quería huir de Argentina e ir a África para decir que me voy para un país más exótico. No, no fue eso. Fue realmente por ideal y cuando salí de Argentina lloré, lloré porque dejé una tierra que quería, mis padres, mis hermanas, hermanos y amigos. Yo quería muchísimo a esta tierra porque lo que yo soy hoy me lo dio la Argentina”, contó Opeka en una entrevista con Infobae.

El sacerdote ya tiene 72 años, hace cinco décadas vive en Madagascar y hace treinta años fundó Akamasoa. Según la asociación humanitaria fundada por Opeka, por ejemplo, en 2017 fueron 30.000 las personas que recibieron asistencia temporaria, y más de 13.000 chicos se encontraban escolarizados, desde el nivel inicial hasta el terciario.

El sacerdote ya tiene 72 años, hace cinco décadas vive en Madagascar y hace treinta años fundó Akamasoa. Según la asociación humanitaria fundada por Opeka, por ejemplo, en 2017 fueron 30.000 las personas que recibieron asistencia temporaria, y más de 13.000 chicos se encontraban escolarizados, desde el nivel inicial hasta el terciario

“Aquí había un lugar de exclusión, sufrimiento, violencia y muerte. Después de treinta años, se ha creado un oasis de esperanza en el que los niños han recuperado su dignidad, los jóvenes han regresado a la escuela, los padres han comenzado a trabajar para preparar un futuro para sus hijos”, pronunció el sacerdote en noviembre del año pasado, en el marco de una visita del papa Francisco.

 

Imágenes: Gentileza Luba Opeka

(Producción: radiofueguina.com, con información adicional de Wikipedia, Infobae, El Doce TV)

Entrevista: Marita Romero

Redacción: Oscar D’Agostino

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