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El mensaje de Navidad de los obispos patagónicos

Trece obispos de Santa Cruz y Tierra del Fuego, Neuquén, Río Negro y otras provincias del sur firman el documento en el que hacen un pedido por la inclusión y la equidad y se refieren al aborto.

Los obispos de la Patagonia elevaron un mensaje de Navidad para la comunidad con un llamado a la inclusión, la equidad, por la justicia y la paz social.

En el documento, los referentes de la Iglesia Católica de la región señalan a los femicidios, el aborto, la trata de personas, la drogadicción, los robos como los males que «destruyen nuestras familias».

También indican que «la intolerancia y la impaciencia nos manejan el corazón».

Hacen un llamado al diálogo fraterno, a escuchar y un pedido puntual por el medio ambiente al señalar que la tierra está «devastada y destruida por proyectos que benefician a unos pocos» y acusan en este punto la falta de controles que generan «abusos irresponsables y traen daños irreversibles que atentan contra la vida de quienes allí habitan».

El mensaje lo firman Juan José Chaparro (obispo de San Carlos de Bariloche), Fernando Croxatto (obispo de Neuquén), Marcelo Cuenca (obispo de Alto Valle), Marcelo Melani (obispo emérito de Neuquén), Néstor Navarro (obispo emérito de Alto Valle), Esteban Laxague (obispo de Viedma).

Además Jorge García Cuerva (obispo de Río Gallegos), Joaquín Gimeno Lahoz (obispo de Comodoro Rivadavia), José Slaby (obispo de la Prelatura de Esquel), Roberto Álvarez y Alejandro Benna (obispos auxiliares de Comodoro Rivadavia), Fernando Bargalló (obispo emérito de Merlo-Moreno), Juan Carlos Romanín (obispo emérito de Río Gallegos).

 

El mensaje completo

El tiempo de Navidad siempre nos trae sentimientos contagiosos de paz, de amor, de fraternidad, de esperanza. Aunque estemos viviendo tiempos complejos y difíciles, en estos días nos animamos a creer que todo parece distinto. Es que hay una buena noticia! Dios se hizo hombre. Dios se hizo uno de nosotros. Dios es un recién nacido lleno de inocencia y sencillez. Vulnerable y frágil.

Por eso queremos celebrar y festejar Navidad, en inclusión y equidad. Todavía conviven con nosotros la exclusión y la pobreza. Todavía hay familias que buscan trabajo y no lo encuentran. Familias que comen una sola vez al día y que, tantas veces, no tienen acceso a una casa digna.

Familias cuyos hijos pasan meses sin tener clases. Jóvenes sin estudio ni trabajo. Migrantes angustiados y rechazados. Ancianos solos y desprotegidos. “Y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue”. (Lc. 2, 6-7). Una historia que vuelve a repetirse entre nosotros.

Queremos, entonces, celebrar y festejar Navidad buscando que se multipliquen nuestros esfuerzos solidarios, se programen proyectos de desarrollo, para que todos se sientan incluidos, tengan su tierra, su techo, su trabajo, acceso a la salud, educación de calidad.

Queremos celebrar y festejar Navidad, en escucha y diálogo fraterno. Todavía no somos capaces de escucharnos y de hablarnos sincera y cordialmente. No tenemos la voluntad ni la grandeza de buscar la verdad, de no lastimarnos ni herirnos con palabras o frases que nos dividen y distancian. Hay muchos gritos que no son escuchados. Hay muchas miserias que no somos capaces de ver. Se trata de festejar Navidad teniendo el mismo corazón de los pastores de Belén que “volvieron alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído.” (Lc. 2, 20). Vernos. Escucharnos. Perdonarnos. “A veces se requiere poco para devolver la esperanza: basta con detenerse, sonreír, escuchar.” (Francisco, 13 junio 2019) Navidad puede cambiar nuestros corazones, nuestros oídos y nuestros ojos.

Queremos celebrar y festejar Navidad, en tolerancia y dignidad. Se nos hace imposible erradicar tanta violencia y tantas agresiones. La intolerancia y la impaciencia nos manejan el corazón. Los femicidios, el aborto, la trata de personas, la drogadicción, los robos, destruyen nuestras familias.

“Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto… porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.” (Mt 2, 13) Queremos, entonces, celebrar y festejar Navidad siendo capaces de elegir siempre el camino del amor y la fraternidad, de alejarnos y rechazar todo tipo de muerte. De “recibir la vida como viene”. De aceptar el desafío de estrechar una mano o de dar un abrazo. De resolver nuestros problemas en amistad y en la verdad.

Queremos celebrar y festejar Navidad, en justicia y paz social. Todavía no logramos programas políticos que puedan asegurar la convivencia pacífica.

“El sistema social y económico es injusto en su raíz” (EG 59) y los conflictos políticos y sociales se dilatan por meses, sin respuestas dignas, justas y duraderas. Cuántas veces vivimos engañados “como si no supiéramos que las armas y la represión violenta más que aportar soluciones crean nuevos y peores conflictos.” (EG 60). El delito de la corrupción y la iniquidad provocan tanta injusticia. “… Y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor!” (Lc 2, 14). Queremos celebrar y festejar la Navidad aprendiendo a vivir “aborreciendo el odio y construyendo la paz”. Asumiendo que “la paz social no es nunca algo adquirido de una vez para siempre, sino que es preciso irla construyendo y edificando cada día.” (GS 78)

Queremos celebrar y festejar Navidad, siendo custodios de la madre tierra. Nuestra casa común es devastada y destruida por proyectos que benefician a unos pocos. La ausencia de controles serios lleva a abusos irresponsables y traen daños irreversibles que atentan contra la vida de quienes allí habitan. “… María conservaba todas las cosas, meditándolas en su corazón.” (Lc 2,19) Queremos celebrar y festejar la Navidad contemplando el sueño de Dios sobre nuestras tierras patagónicas, como “la casa” que no excluye a nadie. Necesitamos ser profetas de esperanza y cuidadores de nuestra tierra.

Queremos celebrar y festejar Navidad mirando la vida con los ojos del recién nacido. Necesitamos dejarnos invadir por la frescura de la presencia siempre nueva del “Dios que nace de lo alto”, por el Dios “que se hizo carne y habitó entre nosotros”. (Jn 1,14).

Sólo así podemos celebrar, festejar y decirnos son sinceridad: ¡Feliz Navidad!

 

(Fuente:diario Río Negro)

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