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Historias de Río Grande en su 98vo. aniversario

Cerca de cumplir 100 años de vida legal pero muchos más de existencia real, Río Grande reúne una nutrida y rica historia de sacrificios y pasión por el progreso. Recogimos 3 de ellas como homenaje a los pioneros.

(I) – Rescatando la historia de Río Grande

El 11 de Julio es la fecha de fundación de la que fuera Colonia Agrícola de Río Grande. Pero la historia del pueblo se remonta muchos años más allá. Más un siglo de esfuerzos, pioneros y crecimiento que merece ser rescatado, más allá de los formalismos de la historia oficial.

Todos los 11 de Julio, la ciudad de Río Grande festeja su cumpleaños, basándose en el Decreto del Poder Ejecutivo Nacional del año 1921 por el cual se ordena la creación y fundación de la Colonia Agrícola de Río Grande, junto con otras ubicadas en los territorios nacionales de Chaco. Formosa, Misiones, Chubut y Santa Cruz.

La denominación de Colonia Agrícola no invalida la existencia de la población de Rio Grande a partir de la creación de la Misión de la Candelaria. Es a partir de este hecho fundacional que nace la comunidad multi-étnica de Río Grande y que tendría continuidad y crecimiento constante a través de los años. La fecha oficial de su establecimiento es el 11 de noviembre de 1893 (hace 120 años).

Para corroborar dicho argumento, vamos a mencionar algunos hechos históricos, como la creación del Destacamento de la Policía Territorial en Río Grande en 1895, bajo la dirección de Don José Pezoli.

En 1896 se da comienzo a los primeros emprendimientos ganaderos en la zona norte con la fundación de las estancias Primera Argentina (hoy José Menéndez) sobre la margen sur del río Grande y la estancia Cullen en el extremo norte de la Isla.

Antes de finalizar el siglo XIX, en 1897, empieza a funcionar el Juzgado de Paz.

En 1898 Javier Soldani inaugura el primer comercio, conocido como “El cañón”, que siete años más tarde le vendería a Don Francisco Bilbao, quien a su vez, en 1903, se hace cargo de la Estafeta Postal.

El 19 de marzo de 1904 el Presidente Roca y su ministro del Interior Joaquín V. González ponen en vigencia la Ley de Territorios Nacionales y nombran a Río Grande como Capital del departamento de San Sebastián. Este acto institucional es, sin lugar a dudas, el reconocimiento oficial de su existencia.

En 1905, el naturalista Eduardo Holmberg pasa por el pueblo y comenta que “se ha formado un importante centro poblacional”.

En 1907 se habilita el Registro Civil a cargo de Francisco Bilbao y el primer anotado fue su hijo Ruperto, recién nacido.

En 1914 el Censo arroja una población estable de 150 habitantes urbanos. El mismo año se abre la primera oficina de Correos.

En 1915 el ministerio de Marina instaló la Estación Radiográfica.

En 1916 se construye el puente colgante sobre el río Grande y se da comienzo a la instalación del frigorífico sobre la margen sur. Este emprendimiento de la Compañía Frigorífica Argentina produjo una mayor afluencia de obreros y técnicos que posibilitaron el crecimiento poblacional y el comercio.

En 1918 se inauguró el primer almacén de la Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia, sobre la margen sur.

En 1920 empezó a funcionar el comercio de ramos generales y el hotel de Federico Ibarra y Chapresto. El mismo año se inauguró el primer edificio de la Escuela Nro. 2.

También en 1920 se realizó un censo que registró una población de 350 habitantes, la población se había duplicado en 6 años, sin tener en cuenta a los pobladores temporarios que venían de Chile para efectuar la faena en el frigorífico durante seis meses, y que a su vez duplicaban esa cifra. Por ese entonces la población rural quintuplicaba a la urbana.

Si analizamos esta trayectoria histórica, no caben dudas de que a Río Grande le hemos sacado varios años de vida y sería justo reivindicar su edad a partir de la fecha en que fue nombrada Capital del Departamento de San Sebastián, el 19 de marzo de 1904, hace 109 años.

Debo aclarar que en su cumpleaños número 50, el 11 de julio de 1971, me correspondió hacer un discurso en representación de la generación joven de ese entonces. Confieso que en esa oportunidad desconocía toda la historia de Río Grande y creo que reconocer los errores es un acto que enaltece a quienes los cometen, pero también es un acto de justicia hacia los primeros pobladores que, por esas injusticias (quizás involuntarias) han sido borrados de la historia.

Colaboración: Carlos Pastoriza 
Convencional Provincial de Tierra del Fuego
Julio de 2013 – exclusivo para radiofueguina.com

 

(II) – PUNTA MARIA,  HOTEL  Y  RAMOS  GENERALES

Punta María, el bar, el parador, es parte de la historia casi centenaria de Río Grande. Historia de visionarios y de misterios. Punta María merece ser rescatada como parte de la epopeya que significó ver a Río Grande nacer, crecer y progresar.

 

Por resolución de Gobierno Nº 50 del 2 de abril de l928, se concede a Manuel Anllo autorización para establecer en el paraje denominado Punta María, del Departamento de San Sebastián, un negocio de Hotel y Ramos Generales, con despacho de bebidas.  ¿Qué llamó a este comerciante español a poblar un lugar casi desierto, en una zona sin caminos, únicamente transitable a caballo o en carreta de bueyes… ?

Tal vez haya sido la visión que nacía en la seguridad de que los nuevos pobladores surgidos de la subdivisión de tierras de 1925, iban a necesitar toda clase de materiales y herramientas para su instalación en los nuevos establecimientos a fundar, como asimismo un lugar confortable donde disfrutar de una buena comida caliente y de una cama para descansar al abrigo de las inclemencias del tiempo.

Si eso era lo que había pensado el gallego Manuel Anllo,  acertó en todo, aunque nunca se hubiera imaginado que  con los años,  una ruta asfaltada pasaría por la puerta.  El gallego tenía  mucho oficio, según se cuenta. Vicisitudes de la vida lo habían llevado a recalar en Río Gallegos,  lugar donde fue cocinero, peón de patio, jornalero y hasta llegó a conseguir un puesto de mozo en el principal  hotel  de la Ciudad.  Solía  contar que cuando llegó a Gallegos ya se palpaba en el aire la agitación social que culminaría en actos de violencia insospechados.  Se venía el paro y Anllo decidió irse más al sur, y así fue como  se afincó en Río Grande.

Aquí descubre las posibilidades de la instalación del hotel en Punta María, iniciando de inmediato la tramitación de la autorización correspondiente ante la Gobernación del Territorio.  Obtenida ésta y luego de varias postergaciones, se inaugura el establecimiento asistiendo vecinos de Río Grande, personal del Frigorífico y de las estancias más cercanas.  Hubo asado, cazuelas, empanadas y mucha bebida.

Posteriormente y aprovechando la bajante de la marea, se iniciaron las carreras cuadreras sobre la arena de la playa, destacándose el caballo de Río Grande, el LISCRA,  del gallego Manuel Arias. Se dice que, en menor escala, también se jugaba a la taba.

El éxito del negocio superó los cálculos más optimistas, y Anllo, que tenía una sociedad de hecho con Don Agustín Vidal en la explotación del Hotel  Progreso de Río Grande,  vendió las mejoras del mismo y bajo el rubro de ANLLO Y VIDAL, se dedicaron exclusivamente al negocio de Punta María.  Obtienen  la representación de Caminos y Van Peborgh, consignatarios de frutos del país y aprovechando  la evolución de los estancieros chicos, continúa  su carrera de éxitos.  Ya en l939 la firma tiene la solvencia de una sucursal bancaria.

Así se llega a 1946, año en que fallece don Manuel Anllo. Aquí se suscita una historia de amor.  Fue un duro golpe, no sólo para la firma, sino para  doña Norma Ofelia Lartigau, quien al  no poder sobreponerse a la muerte de su esposo,  ocho meses después decidió quitarse la vida internándose en el mar, tal como lo hiciera Alfonsina en Mar del Plata.  Le cupo a don Agustín Vidal continuar con la empresa. En  diciembre de 1949 la región fue sacudida por un fuerte terremoto,  y los efectos en Punta María se tradujeron en la rotura de toda la cristalería del negocio, aunque sin desgracias personales.

El 13 de junio de l952 quedará signado como el día fatal para Punta María, ya que naufraga  en las proximidades de Santa Cruz el LUCHO IV, con un cargamento de madera que Vidal fletaba hacia Buenos Aires y que perdió totalmente.  Ese mismo día un incendio redujo a cenizas el Hotel Punta María,  exactamente al cumplir los 24 años  de su fundación.  Fue reconstruido casi de inmediato,  manteniéndose por razones sentimentales, las estructuras y fisonomías anteriores.

Punta María, Hotel y Ramos Generales continuó así hasta 1970, año en que falleció Vidal, recayendo en su hijo Agustín la continuación de la razón comercial,  pero éste también falleció en 1978 en plena juventud. Su velatorio se realizó en el Club Social, concesionado por entonces por Nasif Chedrese y su familia. Al año siguiente la sucesión cierra definitivamente el Hotel.

 Esta historia ya tiene más de medio siglo y no está mal que usted la conozca.  Punta María fue reabierta después de estar muchos años cerrado, aunque luego se había transformado en un club de campo. Carlos Brea lo explotó allá por los años 1958 y pasó en ese tiempo a ser lugar de reuniones del MID.  De este relato se desprende una cosa por demás curiosa. Jorge Silva, el último que lo había explotado, falleció luego, y todo hacía aparentar que continuaba esperando a los viajeros tal como lo hacía  el  gallego Manuel  Anllo. En años posteriores hubieron otros intentos, pero casi todos fallidos.

(Narrado en los largos y grises días de la Semana Santa de 1998.  Por cierto, hay más…)

Carlos M. Ratier

Ex director del Centro Histórico Documental de Río Grande

 

 (III) – EL DIA EN QUE LA CONVENCION CONSTITUYENTE PROVINCIAL SESIONO EN RIO GRANDE

Entre el 7 y el 9 de marzo de 1991, por única vez,  la Convención Constituyente fueguina se trasladaba a Río Grande. En esa ocasión el Convencional del Movimiento Popular Fueguino Néstor Nogar rendía un justo homenaje a la Ciudad que por entonces transitaba hacia sus jóvenes 70 años.  Y recordaba a los pioneros, en la persona de dos de quienes fueron sus amigos y protagonistas fundamentales del período fundacional. El registro de las palabras del ex Intendente de Río Grande en el seno de la Convención quedaron para los tiempos en el registro documental de la rica historia de la ciudad.

Señora Presidenta, qué difícil resulta en ciertas ocasiones expresar ante cada ciudadano, ante cada habitante, ante cada fueguino, el sentir profundo y humilde que me embarga el ser partícipe directo de un nuevo pedazo de historia y que hoy agregamos al Libro Histórico de nuestro Río Grande.

Como Usted sabe, señora Presidenta, por consenso unánime de los Convencionales Constituyentes electos para la redacción de la Constitución de nuestra novel Provincia, hemos querido sesionar aquí junto a todos los presentes y por qué no, junto a todos aquellos que nos han dejado y que sin duda duermen en las regiones del espacio, más allá de la luz y de la sombra, y que hoy, desde el infinito, ven que aquella semilla que esparcieron con su siembra por los campos desiertos y ventosos de la Isla, y a través del trabajo meduloso realizado por quienes amaron y aman las raíces de esta tierra, fueron los tiempos, fueron los años, los bisnietos, los nietos, los hijos y los inmigrantes los encargados de cosechar y reproducir esos frutos; y aquí estamos, hasta aquí nos hemos llegado y entonces, aprovechando este importante acontecimiento, rendimos el merecido homenaje a todos aquellos que antes y después del 11 de julio de 1921, con indomable voluntad echaron manos a la obra, ofreciendo todo sin pedir nada a cambio -repito- ofreciendo todo sin pedir nada a cambio, comenzando esto que hoy disfrutamos.

Señora Presidenta, señores Convencionales quiero detenerme aunque más no sea por un instante a evocar a esos pioneros que forjaron el pasado, los Salesianos, ganaderos, maestros, policías, médicos, marinos, ciudadanos. Llegue a ellos mi recuerdo, nuestro recuerdo de aquella labor emprendida en pro del engrandecimiento de este terruño que hoy gracias a ellos, nuestro calendario marca un hito trascendental en la historia fueguina. Y pasan los años, y un día un hijo nativo de este suelo, testigo del nacimiento y engrandecimiento de este pueblo, hoy ciudad, empedernido defensor de lo que amara, es designado en el año 1963 Gobernador del Territorio Nacional de la Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur don Ruperto Bilbao, Gobernador hasta el 26 de junio de 1966, «primer Gobernador fueguino», el único Gobernador fueguino al día de hoy. Cuántos recuerdos, cuántas imágenes, cuántas anécdotas pasarán por nuestras mentes, para los que fuimos testigos de su labor desarrollada. Persona que se caracterizó por su trato fuerte pero bondadoso, capaz de comprender y de alentar, nos dejó el ejemplo de su honestidad, la fuerza estimulante de su conducta limpia, la luz de su optimismo, la sinceridad de su saludo.

En el año 1957 llega a Río Grande Ramón Trejo Noél, quién evidenció acendrado cariño por la tierra que lo cobijó y a la que se volcó plenamente. Un gran amigo, su generoso aporte, su palabra de aliento o de consuelo llegaba siempre al que la necesitaba. Hizo de la amistad una insuperable práctica de nobleza, un amigo de verdad, su historia es más reciente, fue ayer nomás. Su actuación como Gobernador del Territorio fue efímera, había asumido en diciembre de 1983 y por ese qué-sé-yo del destino, en luctuoso accidente aéreo no llega a terminar su objetivo.

Hoy, por tratarse de un acto político y enlazando a todos los pioneros, se han mencionado con nombres y apellidos sólo a dos, a esos dos que, precisamente en lo político y saliendo desde Río Grande, llegaron al sitial más alto del Territorio, Ramón Alberto Trejo Noel y Ruperto Bilbao, dos personalidades evocadas en tiempo y distancia que me honraron con su amistad valiosa y sincera, sumados a los viejos pobladores, es así que la ciudad de hoy no nació por azar, que hubo manos laboriosas y voluntades impulsadas por la esperanza, los valores humanos de los fundadores aparecen revestidos de grandiosidad y nos mueven en el sincero agradecimiento, sin palabras, por la vibración de nuestros nervios.

Hoy he querido expresar la gratitud que me invade el recuerdo de pioneros que no se olvidan y teniendo presente hoy más que nunca «Que la historia se estudia para proyectarnos hacia el mañana, para aplicar el ejemplo de ayer a las tareas que nos manda el presente y trabajar intensamente para fortalecer el impulso vigoroso de nuestra isla y, por consiguiente, de nuestra Patria toda.»

Nada más y muchas gracias.

7 de marzo de 1991
Convención Constituyente de la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Libro de Sesiones tomo I, pág. 725