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CABA: «Contenedores inteligentes» para que los pobres no saquen basura

Son antivandálicos y funcionan con una tarjeta magnética que sólo tienen vecinos y comerciantes. Los acusan de ser “tapa-pobres

Son 18 contenedores de basura. Están de un lado y del otro de la avenida Corrientes, desde Libertad y hasta Callao. El Gobierno porteño los llama «inteligentes» porque se abren con una tarjeta magnética. Pero muchos otros, en especial en las redes sociales, les asignan otra denominación: «tachos tapa pobres«.

«Esto es para evitar que se metan, saquen basura…¿Ves? Bajás y ya quedó cerrado», dijo a un periodista de Cadena 3 el ministro de Ambiente y Espacio Público Eduardo Macchiavelli, durante una demostración de cómo se utiliza el contenedor. Sus palabras, grabadas ayer por celular, activaron la polémica.

Los contenedores fueron una de las últimas incorporaciones en las obras para reacondicionar la avenida y convertirla en peatonal. No estuvieron ni el jueves durante una presentación a la prensa de la que participaron el jefe de Gobierno y empresarios teatrales, ni el sábado durante la fiesta de apertura.

«Los pusieron el domingo y nos dieron la tarjeta la semana pasada», dijo a Clarín Blas, un encargado de un edificio sobre Corrientes al 1500. Era lunes a la noche. En una mano llevaba una inmensa bolsa negra de consorcio y en la otra, la tarjeta. Una especie de SUBE para acceder al contenedor.

Para abrir el tacho, primero, presionó un botón y luego apoyó la tarjeta sobre un lector. Así, el contenedor se destrabó y él pudo tirar los residuos. «Ahora, al bajar la tapa, vuelve a quedar bloqueado», explicó. Iguales al cesto gris que tenía enfrente, eran los restantes 17 colocados en la avenida y otros seis que el Gobierno porteño adquirió y todavía debe instalar. Cada uno costó más de $ 50.000.

En el mundo, se conocen a estos contenedores como «modelo easy»: un sistema de recolección asociado a camiones que pueden manipular los tachos de basura en los dos lados de la calle, circunstancia que tiempo atrás era imposible. Pero si bien son más fáciles de utilizar, en este caso y según indicaron fuentes del Gobierno, fueron adaptados para incorporarles un botón y el reconocimiento por tarjeta.

Su funcionamiento, tanto en Corrientes como en las redes sociales, generó indignación porque impide el cartoneo y la búsqueda de comida, dos prácticas habituales en una ciudad que, en el último año y según cifras oficiales, sumó 83.000 indigentes

«Pienso que les pusieron tarjeta para impedir que se metan adentro, revuelvan y desparramen las bolsas. Acá (por Corrientes) pasa mucho», agregó el encargado Blas. Al consultarle si creía que la medida pretendía ocultar la pobreza en un punto al que se quiere atraer turismo, dijo «no». Y siguió: «La pobreza se va a ver con o sin esto. Es imposible ocultarla. La gente va a seguir abriendo estos tachos, aún si tienen que romperlos».

A su lado, un empleado de Aesa -la empresa que tiene a su cargo la higiene y limpieza de la avenida- comentó: «Cuatro cartoneros se me acercaron. Al principio estaban agresivos y les expliqué que estaba trabajando. Me preguntaron si esto iba a ampliarse a toda la Ciudad. Eso les preocupaba mucho«. El empleado no pasaba de los 25 años y estaba solo. A lo largo de Corrientes, vestidos de verde, había uno por por contenedor.

No bien se difundió el video con la declaración del ministro, desde la oposición y en las redes sociales, las críticas empezaron a multiplicarse. Las argumentan en que, bajo una situación de crisis, muchas personas que viven en la calle buscan comida en los contenedores de basura.

«Los contenedores nuevos son un ataque al trabajo de los miles de cartoneros que buscan material para reciclar y es a la vez una medida totalmente discriminatoria que busca esconder el problema de la pobreza en lugar de resolverlo», difundieron en un comunicado las cooperativas El Álamo y El Ceibo. Esta tarde, mantenían una manifestación en el cruce de Callao y Corrientes.

Desde el Gobierno porteño, y frente a las críticas, respondieron que los materiales reciclables deberán ser entregados en mano a los recuperados formales e insistieron en que no se trató de un acto discriminatorio sino de una actualización y mejoramiento del sistema de recolección. «La Ciudad tiene programas para que cualquier persona pueda concurrir a un parador, tener un plato caliente, una cama o una ducha», agregaron.

Pero en la calle, cada noche, la desigualdad de derechos es notoria. Manuel Lozano, director de Fundación Sí, entidad que desde hace años coordina las campañas para dar abrigo y alimento a quienes viven en la calle, resumió todo así: «Me parece una decisión desacertada. A todos los argentinos debería dolernos cada persona que debe revisar la basura. Como si esto fuera poco, ahora les impedimos que puedan acceder a ella para extraer de ahí sus medios de supervivencia».

Clarín