Decir que la inseguridad crece en la ciudad o hacer uso de la ya gastada frase «Río Grande no es lo que era» es casi una perogrullada. Sin embargo, la situación no deja de indignar y preocupar: semana a semana se denuncian decenas de robos, hurtos, irrupciones a la propiedad y arrebatos en la vía pública.
El caso más paradigmático es el de la Comisaría Quinta, que supo llegar al súmmum de la seguridad: hace dos años, se hacía famosa a nivel nacional por haber logrado, a través de la utilización de herramientas tecnológicas novedosas, reducir el delito prácticamente a cero. Hoy, la situación es otra.
El propio comisario Marcelo Guerrero, titular entonces y hoy de dicha dependencia policial, confirmó a Radio Fueguina esta tarde que la jurisdicción se ve completamente sobrepasada, teniendo que controlar los once barrios que conforman la zona con menos de cincuenta efectivos policiales.
«Los que ingresan no alcanzan a cubrir a los que se jubilan», manifestó Guerrero, quien admitió también que ni siquiera cuenta con el personal suficiente para asistir dos accidentes de tránsito simultáneos.
A todo lo relatado se suma otra triste costumbre fueguina: prácticamente todas las personas involucradas en los ilícitos que a diario salen a la luz cuentan con antecedentes penales y poseen un amplio prontuario policial.
Cortocircuitos entre las fuerzas
Por si fuera poco, hay que agregar que la provincia en general y la ciudad en particular se ven expuestas a una situación sin precedentes: no hay Juez Federal en Río Grande, y por momentos no lo hubo tampoco en Tierra del Fuego.
Marcelo Guerrero se refiere a esto y señala que «es difícil» trabajar así. A modo de ejemplo señala lo que ocurrió hace meses, cuando su personal realizó un exitoso operativo, aplicando por primera vez en la provincia el nuevo código de Flagrancia. Sin embargo, un Juez de Esquel (el subrogante Dr. Calvete estaba de vacaciones) los liberaría horas más tarde.
Este caso no está aislado, sino todo lo contrario. Hace semanas, un rimbombante operativo policial quedó también en la nada, luego de que, otra vez Calvete, denunciara que la Policía provincial halló drogas en un allanamiento y no advirtió a la Justicia Federal.
Sin policías y con fuerzas del orden que parecen estar en distintas sintonías. Mientras tanto, los robos se suceden, los narcotraficantes quedan libres y la población es víctima hoy de una situación de la que mucho escuchó y poco vivió: la inseguridad.
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