Personaje impostergable a la hora de realizar una antología sobre Tierra del Fuego, Juan José Degratti parece haber formado parte de cada momento decisivo en la historia de esta joven provincia. Desde la aparición del sindicalismo en el rubro petrolero hasta la propia fundación del Partido Justicialista. Cada hecho tiene sobre el escenario a este entrañable personaje local.
Sin embargo, este 19 de noviembre toca recordar un acontecimiento que lo tiene a él como principal protagonista y no como espectador, en una historia que igualmente necesitó de todos sus actores de reparto para concretarse.
Contaba apenas con 23 primaveras y un hambre de aventuras que no tardaría en saciar. Entre sus sueños, figuraba uno que a todas luces aparecía como imposible: unir Ushuaia con Alaska, con la billetera propia de un joven que apenas había logrado su independencia.
Fueron casi treinta mil kilómetros los que rodó a bordo de su motocicleta Alpine 175 cc sobre rutas que apenas pasaban de caminos pedregosos. Al finalizar la epopeya, el calendario habría dejado atrás más de 32 meses.
Una proeza que se agiganta con el tiempo
La épica aventura de Juan José Degratti cobra otra dimensión a medida que transcurren los años. Hoy son decenas los que, sin desmerecer su valía, se lanzan a cumplir el desafío que este abuelo bonachón concretó allá por la década del 60.
Sin ningún tipo de sistema que le permita conocer a qué distancia se encontraba ése distante pueblo que podría cobijarlo, la aventura de Degratti tuvo tanto de hazaña como de misterio.
Apenas un botón de muestra de esto es una de las páginas sueltas que guarda Juan José en una corpulenta carpeta que lleva su nombre. Una hoja amarillenta y un tanto desvencijada da cuenta de que este verdadero bohemio creó un “diccionario quechua casero”, como él lo define, con apenas algunos vocablos para poder comunicarse en los pueblos de la altura boliviana.
Un recorrido documentado
Por las propias características del viaje, cada arribo a una nueva ciudad se transformaba en un verdadero acontecimiento, que nos permite entender y comprender la hazaña realizada por este trotamundos.
“Proyecta trabajar como recogedor de ciruelas antes de seguir viaje a Alaska”, relataba un diario de los Estados Unidos, que lamentablemente confundía nuestros lejanos parajes con Chile.
“Voluntad y fe llevaba consigo al atravesar la nieve, la lluvia y los desiertos y a veces junglas infestadas de feroces aborígenes”, anunciaba otro periódico yanqui, cuando Degratti cumplía algo más de la mitad de su viaje.
Una mochila de anécdotas
Las relata como si el viaje hubiese sido ayer. Dueño de una memoria privilegiada (y una sonrisa cautivante), Juan José puede repasar el itinerario de su aventura casi de corrido.
¿Dónde está esa “Alpina»? Nadie lo sabe. Ni siquiera el propio Degratti, que junto a su amiga de tuercas ya se ganaron un lugar en ese museo de historias que todos esperamos.


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