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Cuando las ratas vuelven a la escuela

¿La Ley de Educación debería prever la presencia de un equipo desratizador en cada escuela? ¿O será mejor probar con los Cazafantasmas?

Las controversias y peleas entre el gobierno provincial y los diversos gremios que, a lo largo de los años se arrogaron la representación de los docentes en Tierra del Fuego, han sabido tener episodios por demás ridículos, vergonzantes o bizarros; vulgares comedias de enredos disfrazadas de conflicto sindical.

Sobran anécdotas, tan risibles como penosas en tal sentido, pero pocas o ninguna como las que han tenido muchas veces por actores de reparto a roedores (reales o supuestos) que según las iracundas denuncias han poblado aulas, pasillos y patios de los establecimientos escolares.

Faltos de argumentos, en ocasiones los activistas gremiales han requerido de situaciones anormales (cuya culpabilidad recae inevitablemente sobre el lomo del Gobierno) que justificaran alguna medida de fuerza. Y en su auxilio, han acudido puntualmente alguna ventana extrañamente rota, uno o varios baños inexplicablemente obstruidos, o hasta alguna caldera sospechosamente descuajeringada, capaz de provocar la suspensión de clases hasta nuevo aviso

El consabido misterio de las cosas inanimadas, que se confabulan como villanos para hacerles la actividad imposible a maestros y educandos.

Pero están también esos otros insoportables sujetos repugnantes, animados hasta el vértigo, veloces y curiosos, que de pronto pasan a ser acusados de habitantes intrusos de los inmaculados recintos escolares.

Un grupo de estos vándalos de larga cola se las ingeniaron allá por los años 90’s para sostener suspendidas las clases en la emblemática Escuela 2. Era una auténtica invasión de roedores atléticos y musculosos, cuya erradicación parecía una tarea épica. De inmediato sobrevendrían reuniones de padres, autoridades y hasta el ministro acurrucado en una sillita de primer grado escuchando los improperios de los denunciantes por su incapacidad para desratizar la querida escuela.

Finalmente, y en medio de una necesaria recorrida por el establecimiento se pudo descubrir que los ratones (por esta vez) no eran exiliados del supermercado cercano. Es que había un sótano en el que nadie (y mucho menos los encargados de la limpieza) había reparado.- Maderas, cartones, agua podrida, basura de todo tipo y hasta restos de comida llenaban la oscura habitación subterránea desde mucho tiempo atrás, lo que la convertía en un confortable caldo de cultivo para que roedores hicieran honor al mandato «creced y multiplicáos» y en sus ratos de ocio salieran de recorrida por la escuela.

No era un asunto gremial, sino de higiene y la principal responsable, precisamente la persona que más increpaba al ministro, la jefa de maestranzas.

Tiempo atrás otra Ministra y su Secretaria de Educación se convirtieron en el hazmerreír de la comunidad con sus corridas que duraron varios días detrás de un ignoto ratón de grandes proporciones que nadie vio pero que muchos juraron asolaba los pasillos de la Escuela 35 con su inmunda presencia. Nadie pudo dar fe de la existencia del vil intruso, pero al poco tiempo se anunció el fin de una discusión salarial que tenía a todos en vilo y la rata transitó tristemente el camino del olvido.

Y habrá que estar atentos, porque se viene una nueva zaga de la fábula del ratón okupa. Este miércoles otra vez una escuela en Río Grande suspendió sus actividades mientras las fuerzas vivas reclaman la presencia del desratizador. O quizás venga mejor una dotación de los Cazafantasmas. Es que, otra vez, nadie pudo fotografiar a la banda de roedores patoteros. Pero muchos juran que vieron su sombra, o al menos restos de sus deposiciones, o su mal olor. Algo. La cuestión es que las luces de la educación sigan apagadas para festejo de los que viven en penumbras.